El Real Madrid está sufriendo el no haber resuelto problemas estructurales de la plantilla, cegados por el triunfo de la temporada anterior.
Algunas veces la victoria es más dañina que la derrota, ésta obliga a tomar decisiones, a veces equivocadas por la premura y la presión, pero se toman; sin embargo la victoria esconde un peligro mucho más importante, que no es otro que el de la complacencia, creer que todo está hecho y que no hay que retocar nada o tomar decisiones, aunque algunas suenen impopulares, y se evita analizar los problemas que la victoria esconde, aunque lo hace mal, ya que la realidad siempre se impone.
La complacencia, un factor implícito este verano
El Real Madrid cayó este verano en el pecado de la complacencia, los triunfos en Liga y Champions taparon problemas que arrastraba el equipo ya en la última temporada de Zidane, el envejecimiento de la plantilla en puestos clave, la falta de un delantero goleador, y el bajo nivel de los laterales como los más urgentes. Se fió todo a la llegada de Mbappe, que como bálsamo de fierabrás tenía que solucionar todos los problemas, algo que no hubiera ocurrido con la llegada del astro francés. Una vez consumada su no llegada inanición en cuanto a intentar solucionar los problemas, que hoy se intentan disimular con errores arbitrales muy graves.
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Unas temporadas irregulares
La temporada pasada se jugó bien el primer tramo de la Liga, no así la segunda parte, sin contar que no hubo rival con un Barcelona hundido y un At. Madrid en crisis permanente, y en la Champions la gran mayoría de equipos le dieron un baño al conjunto blanco en la mayor parte de los partidos, superadas luego por remontadas heroicas. Nada de esto se analizó y hoy se pagan las consecuencias. Un entrenador, que llegó de rebote, es incapaz de encontrar soluciones, si bien es cierto que pidió refuerzos que no llegaron, por no mirar a la cantera, y lo más probable es que salga a final de temporada.
La base del equipo son jugadores que dieron todo por el equipo, pero que hoy dan poco o nada, tampoco culpa de ellos porque no se han fichado sustitutos, y una dirección deportiva que sin culpa por la no llegada de Mbappe va dando palos de ciego. La renovación de Carvajal hasta 2025 suena a chiste malo, o a guión de los Hermanos Marx, mientras se espera si Bellingham da el sí a venir y si Mbappe se vuelve a poner a tiro, sin mirar más allá, que esperar la solución en una Superliga que nació muerta y no va a ningún sitio.
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¿Un futuro mejor?
Esperanza en un futuro mejor es lo único que parece ofrecerse a estas alturas, pero de la esperanza a la decepción hay una línea muy corta y de ésta a la melancolía de mejores tiempos aún más corta. La llegada de un nuevo entrenador poco mejora si no se produce un cambio radical en la plantilla, si se hace la esperanza será real, de lo contrario el fantasma de ser un Milan o Inter amenaza de forma impertérrita un horizonte que cada día se oscurece un poco más.
Imagen Principal Vía: Photo by Angel Martinez/Getty Images.
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