✨ Una década del plante por la dignidad #NoSeJuega https://t.co/VYPEQvAOVs pic.twitter.com/AkLPU4e7si
— Real Racing Club (@realracingclub) January 30, 2024
Constantes problemas con la directiva
Dos descensos seguidos. Esa era la cruda realidad que se vivía en Santander. Jugar en el máximo nivel del fútbol español en la temporada 11/12. Descender a la segunda categoría en la 12/13. Y volver al barro y al fútbol no profesional en la 13/14. Dos duros golpes que se llevaron a media plantilla por delante. Y los pocos que se quedaron con dudas y en conflicto con la directiva.
La gota que colmó el vaso fueron los impagos. Tres meses consecutivos de sueldos que no llegaban que se sumaron a otros alternos que se venían arrastrando de temporadas anteriores. Ángel Lavín, entonces presidente, y su consejo de administración estaban ya en el punto de mira de jugadores, cuerpo técnico y aficionados.
Ante toda esta problemática, apareció la figura de Mario Fernández, portero, capitán y racinguista de corazón. El cántabro fue una de las piezas clave a la hora de plantear ante el cuerpo técnico y los abogados cómo se iba a solucionar aquel embrollo. Al final, se decidió que su única opción era plantarse y no quedaba otra opción que hacerlo en la Copa del Rey.
La copa de las sorpresas
Tras los descensos, ya solo se esperaba una copa decepcionante. Las victorias ante L’Hospitalet (3-4) y Leganés (1-1 y 4-5 en penaltis) parecían ser las últimas que conseguiría el Racing aquel año. Y todo parecía seguir un desarrollo dentro de lo normal con la derrota ante el Sevilla (0-1) en El Sardinero. Pero en el Pizjuán, las dos rojas que recibió el equipo andaluz y los goles de Miguélez y Koné hicieron que aquel equipo en aparente decadencia matara a su primer gigante.
El segundo les esperaba en los octavos de final. Tras un empate en el Sardinero ante el Almería (1-1) los santanderinos se lo volvían a jugar todo fuera de casa. Esta vez fueron Mariano y Rubén Durán los héroes de aquel encuentro (0-2) que hacían que el Racing se clasificara a unos, ya históricos, cuartos de final.
Allí les esperaba la Real Sociedad de Carlos Vela, que no les iba a poner las cosas fáciles.
El acto que cambió el club
Aún con impagos, acumulación de gastos de gestión, mentiras institucionales y la constante asfixia económica, el Racing se preparaba para asaltar Anoeta. Pero las cosas no salieron como la plantilla esperaba. La dura derrota (3-1) dejó al equipo sin fuerzas ni ganas y ya no quedaba otra opción que actuar en contra de Ángel Lavín y su equipo.
Aquel 27 de enero de 2014 se emitió en el Telediario de la 1 un ultimátum comunicado por Mario Fernández de parte de toda la plantilla del Racing.
La plantilla ha tomado la decisión de que, si de aquí al jueves no se produce la dimisión del presidente y de todo el Consejo de Administración, la plantilla no va a disputar el partido de Copa de Rey.
Pasaron los días y tanto presidente como equipo administrativo se mantenían solidos en el club. Los nervios y la tensión llegaban ante un encuentro que no se disputaría. Hubo dudas, amenazas y una incertidumbre que inundaba toda Cantabria. Nadie sabía lo que iba a pasar, ni mucho menos si esto iba a cambiar algo.
El 30 de enero Racing de Santander y Real Sociedad salían a los Campos de Sport del Sardinero para protagonizar uno de los actos mas valientes de la historia del fútbol. Gil Manzano era el encargado de arbitrar en aquel encuentro y ya habían llegado a sus oídos las intenciones de los racinguistas.
El saque le tenía la Real. Los cánticos de «No se juega» retumbaban en las paredes del sardinero. Los racinguistas se colocaron en el campo como si fuera un partido más. Pero no lo era. El pitido inicial irrumpió en el Sardinero. Y entonces, la promesa se cumplió. Los jugadores de campo se juntaron en el medio del campo, abrazados y mirando todos hacia el equipo rival. Desde su portería, Mario Fernández trotaba para unirse al resto de sus compañeros. En el banquillo, el resto de la plantilla y el cuerpo técnico también se quedaron de pie.
Entonces, Gil Manzano se acercó al portero racinguista para que este le confirmara que no se iba a jugar aquel partido.
La vida después del plante
El día tras el plante Ángel Lavín dimitió y fue «Tuto» Sañudo quien tomaría las riendas del club. Este iniciaría una larga etapa de reconstrucción económica de la entidad que ayudó a convertirlo en lo que es hoy en día. Aquel año se logró el ansiado ascenso, aunque nadie dijo que las siguientes temporadas fueran a ser fáciles.
A día de hoy, el Plante de Honor es un capítulo imborrable en la historia del racinguismo y en él se plasman los valores de su afición. Los años pasan, pero todavía nadie ha olvidado el honor, la valentía y el amor al club de aquellos hombres.
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Imagen principal vía: Getty Images
Por: Ángel Ceballos Abascal; Pueden seguirme en X @ceballos22angel, Instagram @angelceballosfutSigan
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