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Yuki Tsunoda, el asiático más latino

@yukitsunoda07
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Artículo de opinión sobre las sensaciones que dejó Yuki Tsunoda en su primera carrera como piloto de Fórmula 1.

A lo largo de la historia, la Fórmula 1 ha sido un deporte rodeado en gran medida de sangre anglosajona, germana, italiana y, en los próximos años, latina. En menos proporción el sello asiático ha ido adquiriendo relevancia en diferentes términos, tanto en presencia de circuitos llenos de vida como Suzuka -Japón-, Marina Bay -Singapur- o Shanghai -China o la capacidad del éxito experimentado por Honda.

Aunque el éxito como motorista y sede de trazados, la presencia de pilotos ha sido escasa y sin el éxito que tanto desea un país extremadamente competitivo en el sector tecnológico. Aguri Suzuki, Takuma Sato y Kamui Kobayashi saborearon el podio para el país del Sol Naciente durante sus fugaces trayectorias en Fórmula 1, porque los dos últimos consiguieron realizar grandes papeles en la IndyCar y el WEC respectivamente.

Japón necesita samuráis 

Cabe destacar que muchos países tienen a su talismán en «el Gran Circo». Michael Schumacher lo es para Alemania, como Enzo Ferrari es para Italia, Fernando Alonso para España, Lewis Hamilton para Gran Bretaña, Ayrton Senna para Brasil o Alain Prost para Francia. No obstante, Japón no ha encontrado a su emperador con alma de samurái.

Puede resultar contradictorio querer que la Fórmula 1 se convierta en un producto accesible para todos los rincones del público mediante el uso del patriotismo chovinista, tal y cómo ocurrió en España con Fernando Alonso o en México con Sergio Pérez. Pero hay ocasiones en los que el lema de Nicolás de Maquiavelo: «el fin justifica los medios» exige su uso ante la búsqueda de un objetivo hermoso como es la búsqueda de la mejor película gracias a la presencia de un guión extraordinario con artistas galácticos.

Yuki Tsunoda, nueva promesa nipona

Al fin y al cabo, la genialidad del piloto con un bólido acaban siendo el principal veneno que atrapa al espectador en una vorágine de sentimientos liderada por el de la emoción. Sea cuál sea el año, siempre ha habido locos capaces de hacer arte, sea cuál sea la generación a la que pertenecen. Y el japonés Yuki Tsunoda mostró su capacidad de querer hacerlo tras haber sido tercero de la Fórmula 2 en 2020 y campeón de la Fórmula 4 japonesa en 2018.

Pero la hora de la verdad llega en la Fórmula 1. Puedes tener una gran cantidad de títulos en categorías inferiores, pero tu supervivencia en la máxima categoría del Motorsport depende de los resultados cosechados en una parrilla llena de egos, talentos y diferencias de rendimiento entre monoplazas. De este modo, la paciencia y conseguir moral con rapidez gracias a la victoria de pequeñas batallas se convierten en un factor diferenciador. Al fin y al cabo, Mercedes y Red Bull representan el monopolio de títulos en la era híbrida.

Por tanto, cada punto vale oro y más si lo realizas de forma extraordinaria. Yuki Tsunoda lo hizo en la carrera de su debut tras haberse quedado fuera de la Q3 clasificatoria en la búsqueda del top 10 con gomas más duras como si tuviese un coche dominador. Aunque la estrategia no provocó que el viento soplase a su favor, realizó una carrera que dejó grandes gotas de calidad en forma de noveno puesto.

Idolatrar no es sinónimo de amedrentarse

Cabe destacar que Alpha Tauri gozaba de un motor Honda para la primera cita de la temporada 2021 que le permitiera sumar puntos, pero la clave en valorar su talento está en el como. Además de haber mantenido un ritmo paulatino y eficiente, mostró su gran habilidad para los adelantamientos, rebasando a Lance Stroll al final de la prueba y a tres Campeones del Mundo como Sebastian Vettel, Kimi Räikkönen y Fernando Alonso.

Precisamente este último es considerado como su ídolo de infancia y referente en la Fórmula 1, lo que llevó a perseguirle durante un par de vueltas para estudiar su estilo de pilotaje para arrancarle las pegatinas. A pesar de los tacos que puede soltar por la radio en un contexto que favorece una pragmática más espontánea, mantuvo la compostura sumergida en el arte del trabajo tan característico del continente asiático tras haber hecho una gran exhibición.

Su exhibición dejó retratado la proporcionalidad de las agallas de otros pilotos que debutan en una nueva escudería con pocos kilómetros de pretemporada. ¿Cómo es posible que Tsunoda, un debutante en Fórmula 1 llegara sin prisa, pero sin pausa a la yugular de Lance Stroll y Fernando Alonso y les adelantase sin despeinarse, y por otra parte, un Carlos Sainz con un Ferrari superior y con más de cinco años en la competición estuviese rezagado más de media carrera a rueda del español y del canadiense? La respuesta se encuentra en la conciencia de cada uno, pero la comparación entre la carrera del nipón y del madrileño no son ajenas a la duda por parte del espectador.

A pesar del potencial…cuidado con el entorno

Pero lo que quedó claro es que Tsunoda se convirtió en un nuevo acierto por parte del programa de jóvenes pilotos de Red Bull. En Baréin puso la primera piedra de su energía en el todo que no es otra cosa que el «Universo Fórmula 1», siendo su primera gran victoria «imaginaria» en la competición.

Aunque la evidencia de su éxito inicial no dejó margen de duda, la persistencia del triunfo permanente siempre queda sujeta a factores externos, sobre todo en el de la influencia externa y la de los equipos en optar por ceder ante los caprichos de una estrella. Y el clan Verstappen ha conseguido tener una gran voz en Red Bull…

 

Imagen vía: @yukitsunoda07

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