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¿Volverá el fútbol a ser lo que era?

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Tras todo lo que pasa en pleno s XXI, ¿podrá el fútbol recuperarse alguna vez de los raticidas que están asolando y ahogando sus campos?

El fútbol ha sido una de las grandes invenciones de la época moderna. El hecho de que un simple deporte, compuesto por un esférico y veintidós jugadores en un terreno de juego, haya crecido hasta convertirse en lo que conocemos hoy es casi esperpéntico. Reglas poco complicadas de aprender y una mecánica sencilla. Mayor número de goles, igual a victoria.

Durante los años 60 y 70, el fútbol respiraba un aire diferente. La atmósfera era diferente y renovada. No era raro que futbolistas que habían crecido amando unos colores desde niño, pasasen toda su carrera profesional defendiendo dichos colores. No existían los megacontratos con marcas internacionales ni los grandes revuelos periodísticos en redes sociales detrás de cada rumor o nueva noticia.

De hecho, Las modificaciones que ha sufrido este deporte desde su creación a finales del siglo XIX son espectaculares. No por ello, se ha perdido o retocado endemasía los efectos teóricos del juego, sino la esencia. Esa esencia, esa fragancia de sensaciones, con el paso de los años, se ha ido perdiendo.

Bien por los aspectos tecnológicos, bien por los avances en las diferentes áreas (bien médica, estratégica, de marketing o gestión), el deporte rey ha adquirido unas dimensiones tales casi inimaginables en épocas pasadas. Ha pegado un avance enorme en los últimos 20 años, erigiéndose así como uno de los entretenimientos más mundialmente reconocidos de la historia.

Pero, ¿Cuáles han sido las modificaciones más drásticas? ¿Qué innovaciones se convirtieron en los verdaderos cambios de paradigma del fútbol?

La tecnología: El mundo de hoy en día gira en torno al enclave telemático. Inevitablemente, nuestra sociedad ya es más digital que analógica. Pese a que este hecho también conlleva sus consecuencias negativas, las ventajas que esto acarrea en el mundo de la ciencia deportiva son muy amplias. En la alta competición, se dispone ya de múltiplos dispositivos electrónicos que permiten vislumbrar los valores, a tiempo real, de los jugadores. Para más Inri, los técnicos y staff de los diferentes clubes cuentan con grabaciones y tomas que les permiten monitorizar todos los movimientos de su plantilla. Por si fuera poco, estas nuevas actualizaciones en cuanto al “coaching”, han permitido ahondar con más esmero en las jugadas más específicas del fútbol, aumentando considerablemente los resultados en los días de partido.

El marketing: La consecuencia más inevitable de la fama que ha conllevado el auge del deporte rey. En una mundo, como ya se comentó, mucho más modernizado, nada se hace por mero altruismo. Es por esto que cada partido, cada publicidad, cada competición o cada presentación futbolística tiene detrás un objetivo. Una meta muy clara. El dinero. Consecuentemente, el fútbol se ha convertido en un lacayo fiel del dinero, un amo y señor de todo cuanto nos rodea. Millones y millones invertidos, temporada a temporada, en este viejo arte del fútbol, nacido, hace siglos, como simple divertimiento para las masas.

Los jugadores: Si bien es cierto que las reglas no se han apenas modificado (salvo excepciones como los cambios permitidos), los jugadores han alcanzado el estrellato. En los años 40 o 50, los jugadores de fútbol no gozaban de tanto reconocimiento como el de ahora. Ni fama, ni anuncios, ni noticias. Por el contrario, en la actualidad su figura es notablemente más grande, hasta cotas casi inimaginables por aquel entonces. La cantidad ingente de dinero que estos producen también ayuda, no solo a que ganen más, sino a que su entorno se cuide con la finalidad de ser exprimido hasta la saciedad para sacar beneficios. Los más beneficiados, lejos del propio futbolista, los agentes y el club del fútbol al que pertenezca.

En fin, ¿Qué más se puede decir del fútbol, nuestro deporte ? Un entramado de egos, ansias de éxito y luces de neón. Un cambio drástico desde finales de siglo. Como todo, se ha convertido en un negocio. Puede que la esencia de antaño se haya perdido. Puede que aún no, puede que para siempre. Lo que sí es innegable es que es un deporte hermosamente imperfecto, y que su magia jamás se acabará hasta que la pelota deje de rodar.

 

Imagen Principal: Liverpool FC

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