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Viva la Fórmula 1, y el karma

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Artículo que define en unos pocos párrafos la locura de temporada 2021 de Fórmula 1.

Lo puedo decir con total orgullo: estoy completamente feliz por utilizar la Fórmula 1 como musa de inspiración. Mi piloto favorito puede ser Carlos Sainz por su constancia, humildad, resiliencia y estilo suave al volante como mi equipo por el que más estima siento es Alpine por su capacidad histórica de ganar desde la nada. Pero el vello asciende hacia un carácter empinado cuando suena la música de Bryan Tyler en homenaje a la competición.

Sonó por 22º vez dicho himno en el extraño año 2021 para la Humanidad. La batalla había comenzado entre Lewis Hamilton y Max Vestappen una semana antes en el famoso «brake» de la discordia. Solamente fue aperitivo ante el Gran Premio de Abu Dhabi inédito para sufrir un infarto, independientemente de tus gustos favorables a Lewis Hamilton, Max Verstappen o, simplemente, hacia la Fórmula 1.

La polémica salida que dio a Hamilton la cabeza de carrera, la defensa heroica de Sergio Pérez sobre el británico con tal de realizar labor de equipo, el intento de remontada de Vestappen con el neumático medio, el coche de seguridad y la última vuelta al sprint que brindó el mundial al holandés son Historia. Todos los medios de comunicación contaron tal película asemejada a los guiones de Steven Spielberg.

Cabe recordar que un humilde escritor no siempre necesita ceñirse exclusivamente a los apartados informativos, ya que las emociones también entran en la ecuación. Michael Masi ejemplifica tal afrenta, ya que la razón conocía su modus operandi en función de la emoción del Campeonato. Puede gustar o no, pero mi corazón se engrandeció de placer al encontrar una última vuelta frenética en el que se rompió una hegemonía.

Tramas secundarias llenas de honor, y de justicia

Una vez finalizada la trama primaria, no podemos olvidar las historias subyacentes, entregadas con enormes dosis de justicia cósmica. Carlos Sainz tenía predestinado un rol de piloto secundario en un guion que parecía perjudicarle por malas paradas, cesión de posición en últimas vueltas o voces que lo catalogaban como «mediocre». Pero batió a Charles demostrando que se podía batir a la principal apuesta de la casa sin alterar la relación personal.

Más sorprendente fue la vuelta de un Fernando Alonso que sembró dudas al principio de la campaña, se le tomó por acabado e incluso paupérrimo compañero de Esteban Ocon, pero aunque parezca un cuento Disney, «ganaron los buenos». El asturiano demostró que el DNI no jubila, sino el cronómetro y que el instinto competitivo puede convivir con el compañerismo. Se ayudaron en la primera victoria de Esteban y en la vuelta al podio del español.

Sin duda, fue el reflejo de una parrilla que comenzó a anteponer el amor a la Fórmula 1 que el propio ego. Al fin y al cabo, nos encontramos en el deporte que más se asemejan a las batallas entre fraternidades medievales en el que el honor se demuestra apostando por la vida misma. Si los caballeros rezaban por los muertos, los pilotos respetaron al contrincante de turno. Dicha maravilla supera a cualquiera de las 22 carreras apasionantes de la temporada 2021.

 

Imagen principal vía: @F1

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