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Una España esforzada en destruir y otra en conquistar

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Artículo sobre el valor de la marca España a través del deporte.

Dijo Antonio Machado hay una España que muere y otra que bosteza. Sin duda, es el retrato de las dos Españas dispuestas a pelear hasta el fin de nuestros días, pero con un objetivo común, escribir la historia de este maravilloso país. Una parte la realiza con el tesón del esfuerzo ante un objetivo común , amor a la diversidad y adicción al pensamiento coherente. Desafortunadamente, las dos son necesarias para entender la esencia de nuestro país, pero irremediablemente, toca aliarse con una de las dos.

Alguien con sentido común elige aquella dispuesta a valorar la romántica lucha por un objetivo lleno de nobleza y honor. Al mismo tiempo, pide el destierro de aquella España que desea verla destruida cuando la diversidad es entendida como una xenofobia divisoria, excepto la de ellos mismos. Al fin y al cabo, una mitad española asquerosamente ególatra pretende ganar la batalla del chovinismo más ruin.

La política ha sido invadida por aquella España dispuesta a engrandecer el odio y el egoísmo. Afortunadamente, desde que tengo uso de conciencia, el deporte siempre me permitió ver aquella España dispuesta a conquistar el mundo con cabeza, corazón y coraje. Dos de ellos son Carlos Sainz y la selección española de fútbol comandada por Luis Enrique.

El primero demostró rapidez, resiliencia y espíritu de equipo a lo largo de cada carrera, pero todo pinta que su equipo no opina igual. Así lo dejaron entrever en las paradas tan chapuceras realizadas en las dos últimas carreras disputadas en Rusia y Turquía, al igual que el sorprendente deslizamiento del coche de Carlos en Holanda, muy diferente al de clasificación.

El cinismo de la España oscura

Peor digestión tuvo un Luis Enrique dispuesto a abrazar a la meritocracia, sin quitarle mérito al increíble nivel de cantera de la Liga española, pero que acabó encontrándose a personas que anteponen al Real Madrid a España. Mejor dicho, anteponen al Real Madrid al sentido común, o en el caso de Sainz, parecen anteponer Ferrari a la coherencia.

Afortunadamente, Leclerc optó por esperar en Rusia y dejar que Sainz entrase y se adjudicase su podio. Lástima que no sea español, porque el sino de ganar con los pies en el suelo y el honor por bandera lo demostró. También se dejó pasar en Austria para que el español buscase la quinta plaza tras haber realizado una gran remontada.

Dichas batallas ganadas fueron la muestra de la inspiración ofrecida en una España sin miedo a superar límites insospechados. Sin duda, el primero a superar fue la toxicómana etiqueta de ignorante disfrazada de ignorancia dotada de fatalismos. Rafa Nadal recordó que Pau Gasol fue capaz de ser un deportista capaz de llegar a lo más alto sin perder la esencia humana.

Por tanto, que una España no se sienta ignorante si pone los ojos en los Gasol, Ricky Rubio, Sainz, Márquez, Joan Mir, Alonso, Gavi, Pedri, Pablo Carreño, Sandra Sánchez, Ana Peleteiro, Alejandro Valverde, Miki Soler, Raúl Entrerríos o Miki Oca. Todos ellos son precisamente modelos para buscar la excelencia disfrutando del amor hacia tu propia tierra, generando un proceso de aprendizaje majestuoso.

Lástima que la otra España tome por ignorantes a aquellos que vemos en el deporte un halo de esperanza en la mejora de la sociedad. Total, ellos entienden la conquista todo aquello que conforme un pensamiento único dispuesto a degradar todo lo que les rodea. Menudo orgullo el mío el de pertenecer a esa España encantada de verse representada en competiciones para «ignorantes». Lo que no saben esos «sofisticados de la otra mitad» es que nuestros mejores deportistas tienen el mismo espíritu de brillo que nuestros pensadores del siglo de Plata de las letras y las ciencias.

 

Imagen principal vía: @Carlossainz55

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