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Una concepción errónea

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Estamos en pleno inicio de la temporada 2019/20 y la planificación del Barça está inacabada. El papel de Dembélé es una de las carpetas aún abiertas de la secretaría técnica, algo mosqueada con la actitud del crack francés. Su situación, a falta de diez días para que cierre el mercado, es una gran incógnita. 

El fichaje del joven (sí, aún tiene tan solo 22 años) francés por el FC Barcelona ha sido cuestionado constantemente durante los dos últimos años. Sus detractores han tenido argumentos algo camuflados con posverdad para atacar al futbolista sin miramientos. Parte de la culpa la tiene Dembélé, indiscutiblemente, pero se tiende a hacer un análisis muy superficial de la situación.

Lo más grave que se le puede reprochar a Dembélé es la nula consciencia que tiene sobre el funcionamiento de su cuerpo. Su juventud e inexperiencia en la élite le ha hecho pasar por un calvario de lesiones que han truncado, de momento, su carrera. Un jugador incapaz de entender sus limitaciones físicas está condenado al fracaso. Eso sí… ¿Es realmente este un problema exclusivo del jugador?

Dembélé
Ousmané Dembélé en un partido de la presente temporada – Imagen vía: Barca Blaugranes

Aquí el mayor perjudicado es el Barcelona, gastó 105 millones (más 40 en variables) en un jugador llamado a ser el nuevo Neymar del conjunto culé y el rendimiento que ha dado hasta ahora ha sido tremendamente decepcionante. Si uno ve esta situación sin profundizar, la sentencia está clara: Dembélé es un pésimo profesional. Afortunadamente, el fútbol es mucho más complejo que una afirmación catastrofista.

La gran responsabilidad del estrepitoso fracaso de Dembélé en el Barcelona está en el banquillo. Ernesto Valverde y su cuerpo técnico han puesto innumerables piedras en el camino de Dembélé para truncarle la carrera en este club. La incapacidad de Valverde para juntar en el mismo once a Coutinho y Dembélé ha provocado que ambos hayan fracasado (en el caso de Coutinho, definitivamente).

La temporada pasada, el Barcelona empezó jugando con un 4-3-3 en el que Coutinho era interior y Dembélé era extremo. Era lo correcto y normal, pero no cuajó tan bien como se esperaba en las primeras jornadas, por lo que Valverde, en un acto de amarrateguismo extremo, decidió mandar en cada partido a uno de los dos al banquillo para reforzar el medio campo con más «músculo» (el trivote sigue rondando en la cabeza de los culés). Esta decisión se puede entender si Dembélé, que dio mejor rendimiento que Coutinho en la posición de extremo izquierdo, hubiera sido titular, pero Valverde, de forma incuestionada, le puso la cruz a Dembélé.

Valverde
Ernesto Valverde en el banquillo del Barcelona – Imagen vía: Pasión Fútbol

Además de esto (que ya de por sí es bastante grave), el cuerpo técnico ha sido incapaz de optimizar la condición física de Dembélé. Un jugador tan explosivo como el francés debe conocer su cuerpo y no descuidarlo, tal y como hizo Messi en la 2008/09 cuando llegó Guardiola, quien resolvió todos los problemas físicos que arrastraba el astro argentino. Es imposible que un futbolista (irresponsable ya de por sí) se cuide si ve como el cuerpo técnico no se preocupa por él. Y sí, entiendo que un futbolista de 22 años no es un niño, pero si ves que no está centrado y que el que está perdiendo eres tú, ¿qué menos que estar encima del jugador?

La carrera de Dembélé en Barcelona vive sus peores horas (y ha tenido horas muy oscuras). El probable fichaje de Neymar y la continuidad de Valverde no invitan al optimismo. Su fichaje puede convertirse en el más ruinoso de la historia del Barcelona junto al de Coutinho. Esta situación puede resolverse si Dembélé se centra y madura, pero eso es más responsabilidad del club que del propio jugador.

Imagen principal: Bavarian Football Works

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