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Ucrania-Rusia: ¿cómo afecta la tensión política al fútbol?

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Ucrania y Rusia están sumergidas en un clima de tensión desde 2014. ¿Cómo está afectando la amenaza de guerra al fútbol?

El tema de moda en la política internacional es la creciente tensión entre Ucrania y Rusia. El escenario se halla en su punto álgido de tirantez desde 2014 y el temor bélico empieza a asomar por el horizonte. Pese a que no se presenciaba una atmósfera tan poco hostil desde hace más de siete años, el conflicto entre ucranianos y rusos siempre ha permanecido ahí. En la retaguardia. Esperando su momento de gloria. De hecho, muchas de las medidas que se tomaron tras el estallido inicial han seguido vigentes todo este tiempo. Incluidas las futbolísticas.

Fueron los organismos internacionales, en este caso la UEFA, quienes tomaron las riendas de la situación e intentaron alejar el ambiente bélico de los estadios de fútbol. Se aprobaron medidas extraordinarias como la de imposibilitar el enfrentamiento entre equipos rusos y ucranianos en competiciones continentales (Champions League, Europa League y ahora la Conference League).

Lo mismo ocurre con las selecciones nacionales. Aunque, en este caso, en vez de una medida extraordinaria, es una reglamentación oficial. Además de Ucrania y Rusia, no pueden enfrentarse, por ejemplo, España y Gibraltar, Serbia y Kosovo o Armenia y Azerbaiyán.

La tensión política y la atmósfera bélica se ubican, sobre todo, en la zona este del país. Hay dos territorios concretos, limítrofes con Rusia, donde los prorrusos (rivales del gobierno ucraniano) tienen su mayor representación: Donetsk y Lugansk. De hecho, autoproclamaron las Repúblicas independientes de ambos lares, aunque sin reconocimiento internacional alguno. Precisamente en estos territorios nacieron dos clubes con una importancia absoluta en el fútbol del país. Ambos debieron abandonar sus respectivos estadios y cambiar de sede.

El Shakhtar Donetsk, club con amplio reconocimiento internacional y múltiples participaciones en Champions League, tuvo que despedirse de su recién construido Donbass Arena para trasladarse a más de 1.200 km, en Leópolis. Una decisión algo polémica, pues probablemente sea la ciudad más patriota y menos prorrusa de toda Ucrania, justo al contrario que Donetsk. Además, en primera instancia, ubicaron su sede administrativa y su centro de entrenamientos en Kiev, a 500 kilómetros de Leópolis. En 2017, trasladaron su sede a Járkov.

El caso del Zorya Lugansk, más habitual en los últimos años en Europa League, es parecido. El conjunto apodado como Muzhyky, que solía jugar en el Avanhard Stadium, ha tenido que ‘mudarse’ a Zaporizhia, a más de 400 kilómetros.

En este sentido, Shkahtar y Donetsk, así como Zorya y Lugansk, son conceptos cada vez más insolubles. Y, pese a que se aprobó como una medida provisional, la vuelta a la normalidad parece realmente lejana.

Tras este último estallido de tensión no ha habido ningún cambio relevante. Las organizaciones competentes -Asociación Ucraniana de fútbol a nivel interno y la UEFA en competiciones continentales- no han aprobado nuevas medidas, de momento.

Ucrania es la única afectada en el marco futbolístico, pues los rusos no han padecido ninguna medida extraordinaria, más allá de la de no poder enfrentarse a equipos ucranianos.

 

Imagen principal vía: Depositphotos

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