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Todo final tiene lugar en el punto de partida

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Artículo de opinión sobre la situación de Valentino Rossi en el ocaso de su carrera deportiva.

La pandemia ha permitido que el amor hacia el deporte se haya visto incrementado, ya que el confinamiento impulsó el aburrimiento y la ausencia de las competiciones deseadas, y una de las más destacas ha sido la del deporte motor. No solamente fuimos testigos sobre cómo los certámenes de MotoGP y Fórmula 1 fueron suspendidos «in extremis». Tuvo lugar justo antes de haberse declarado el estado de alarma, también nos encontramos con la oportunidad de ser más empáticos hacia estos pilotos.

Al fin y al cabo, el hecho de contraer el COVID-19 suponía poner en jaque tu vida, ya que el bicho podía apagarla en un abrir y cerrar. Es precisamente esa sensación la que experimentan los pilotos en cada milésima de segundo. El terrible accidente de Romain Grosjean en Baréin que dejó el coche en llamas dejó entrever cómo la Fórmula 1 sigue siendo un deporte de riesgo a pesar de las innumerables medidas de seguridad.

Testigo de tu propio renacimiento

Esta tendencia se acentúa en mayor medida en el Mundial de Motociclismo. La seguridad es sensiblemente menor a la de la Fórmula 1. Una caída «aparentemente inocente» puede acabar con tu vida, tal y cómo sucedió con Daijiro Kato, Shoya Tomizawa, Marco Simoncelli o Luis Salom, entre otros.

Justamente pudo haber sucedido lo mismo en Austria con Franco Morbidelli y Johann Zarco. Ambas motos pusieron los pelos como escarpias a los aficionados y, sobre todo a Valentino Rossi. No solamente pudo haber fallecido uno de sus alumnos de la VR 46 Riders Academy, si no que ambas monturas pasaron a centrímetros de su sien. Pudo haber fallecido en aquel acto.

Pilotar es su gran título

Tenía 41 años de edad, nueve títulos Mundiales y cinco subcampeonatos en la clase reina. Por si fuera poco, su cabeza solo escuchaba ruidos que le acusaban de ser un  alma supuestamente caducada en la competición. Por si fuera poco, 2020 ha sido su peor temporada que le ha llevado a la 15º plaza final. Esta posición ha surgido a consecuencia de caídas cuando luchaba por podios y victorias  y a perderse otras por haber dado positivo en COVID-19.

Aunque uno se plantea si debe seguir con la vida prácticamente hecha, no es capaz de salir de su droga, que es la moto. Porque aunque se le siga catalogando como acabado tras haberse visto superado con claridad por Maverick Viñales durante los últimos años y por Fabio Quartararo, encuentra motivos para seguir. Es cierto que el Mundial parece utopía ante el paso de los años y una cantidad de pilotos en el cisma de sus carreras.

Pero mientras haya posibilidad, hay esperanza, pero sabiendo que los años no pasan y hay más competidores de lo habitual, todos los sueños pasan por disfrutar de la competición. Fue precisamente lo que hizo en el año 2000 cuando pilotó para la Honda Nastro Azurro «satélite» mientras daba sus primeros pasos entre los gigantes. Ahora cabalga acumulando kilómetros de goce con una Yamaha Petronas satélite, es decir, en el punto de partida, pero hacia el retiro ya dorado.

 

Fuente de la imagen: @FAlex79.

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