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Se llama Dembélé, y es un futbolista

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El fútbol de élite es cada vez más previsible por la ausencia de futbolistas que sepan manejar ambas piernas, como es el caso de Dembélé.

Con el fútbol sin aficionados podemos escuchar a los futbolistas. En un partido de Primera División, una frase se repetía una y otra vez: “¡Es zurdo!”. El grito provenía de los jugadores del equipo que defendía, y sí, el dominador del balón era zurdo, zurdo cerrado. Un futbolista que partía desde banda derecha, y siempre hacia dentro, casi nunca hacia afuera. Y cuando se le ocurría irse hacia afuera, hacia el lado que te invita atacar el defensor, volvía a meterse hacia dentro con un recorte con la zurda. Nada de centrar con la diestra. Lo mismo ocurre con los diestros cerrados a pierna cambiada, siempre hacia dentro, y cuando salen hacia afuera, vuelven a meterse hacia dentro con un recorte con la diestra. Un recorte en el que pierden un segundo, un segundo que gana el rival. Y en el fútbol, un segundo ganado o perdido es la vida.

Dándole vueltas a como el fútbol se está convirtiendo en un deporte previsible, y en el cual cada vez se generan menos ocasiones de gol, llegue a la conclusión de que esta es una de las pequeñas, pero a su vez importantísimas causas de esta tendencia negativa. Cada vez salen menos futbolistas que sepan manejar ambas piernas. Y el problema es que estoy hablando de fútbol profesional, de fútbol de élite, de Barcelona y Real Madrid. Y los pocos que saben manejar ambas piernas, son los más imprevisibles de este deporte, por tanto, los mejores.

Si la jugada te pide salir por fuera, sales por fuera. Y si te pide entrar por dentro, entras por dentro. Si el pase te pide controlar con la zurda, porque es el pie más alejado, controlas con la zurda. Y si eres zurdo y el pase te pide que lo ataques con la diestra, pues lo atacas con la diestra. Si un centro lo tienes que rematar con la diestra, lo rematas con la diestra. Y si un centro lo tienes que rematar con la zurda, lo rematas con la zurda. Parece simple, pero esto no ocurre en Primera División. Vamos a llegar al punto que un zurdo o diestro cerrado se encuentre delante del portero, sólo, y no remate porque el balón le viene a su pierna mala.

Un futbolista profesional no debe tener una pierna mala. Claro que todos tienen su pierna buena, la cual utilizan más porque evidentemente es la que más confianza les causa, pero la “pierna mala” no sólo debe servir para apoyarse. Para ganar ese segundo que debe perder el rival, hay que controlar, pasar o rematar con la pierna que te pide la jugada, y no con la que te cause mayor comodidad. Es un problema de base, por lo que hay empezar a solucionarlo desde la base, desde la cantera. Y si a los futbolistas de Primera División hay que ponerlos en los entrenamientos a controlar con ambas piernas, pues se hace. Saber controlar es lo más importante en el fútbol. Saber controlar el balón con la pierna y orientado hacia donde te pide la jugada, y no hacia donde desea el rival.

Pasa lo mismo en política actual. Si somos de derechas, siempre nos vamos hacia la derecha. Si somos de izquierdas, siempre nos vamos hacia la izquierda. Y a todo esto, el rival al que estamos atacando, sabe cómo quitarnos la pelota porque conoce nuestras intenciones. Quizás no estamos superando al COVID-19 por no saber manejar ambas piernas, por no controlar el balón con la pierna que nos pide la situación. En el fútbol, cada vez superamos menos al rival por no saber manejar ambas piernas, por encarar siempre hacia el mismo lado. Somos previsibles, y el defensa, el virus, lo sabe. ¡Es zurdo! ¡Es diestro! Y mientras controlamos y tiramos con la pierna mala de la jugada, nosotros perdemos un segundo que gana el rival. A todo esto, se me olvidó mencionar al protagonista del artículo. Se llama Dembélé, no sabe si es diestro o zurdo, y es un futbolista.

 

Imagen destacada vía: FC Barcelona.

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