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¿Punto y final a una era de gloria en Estados Unidos?

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El fútbol femenino lleva años bajo el mando de la hegemonía de Estados Unidos, no obstante, algo parece estar cambiando.

Estados Unidos es por excelencia el país del fútbol femenino, lo que le ha llevado a unos últimos años repletos de gloria y con una de sus mejores generaciones a lo largo de la historia. ¿Por qué no decirlo? la mejor o al menos la que mayor número de títulos ha logrado y la que mejores estadísticas tiene a su espalda.

Igual que pasa en todos los deportes, por extraño que parezca en el momento, esa gloria no es eterna, y no siempre las victorias van a sonreír al mismo equipo. Puesto que estas terminan dejando el fútbol o simplemente bajando el nivel que mostraban años atrás. Es el caso de una selección estadounidense que últimamente no tiene muy contenta a su afición y que viene dejando bastante que desear en grandes torneos.

Cuando hablamos de grandes torneos, nos devolvemos a este mismo verano donde hemos vivido una gran decepción en los Juegos Olímpicos. Decepción a nivel de resultados pero mucho más, a nivel de juego. Las olimpiadas eran una de las grandes tareas pendientes por parte de esta magnífica generación, llegaban a Tokyo tratando de quitarse una espina que ha terminado convirtiéndose en un cuchillo.

Posiblemente si esperamos cuatro años para los próximo Juegos, gran parte de las futbolistas que forman la plantilla estadounidense a día de hoy, no estarán en ella. Por lo que es importante empezar asumir el cambio de ciclo. Un cambio que cada vez está más cerca pero que genera muchas dudas dentro del país.

Las dudas llegaron directamente con el cambio de entrenador, con Jill Ellis en el mando, vimos una selección impecable. Un equipo que era capaz de lo mejor y que llegó a encadenar prácticamente dos años sin conocer la derrota. Levantando así dos de sus cuatro mundiales de manera consecutiva.

Ser seleccionador nacional te expone a todo tipo de críticas y Vlatko Andonovski no es una excepción. La afición no parece estar muy contenta y reclama cambios en las convocatorias y en los onces. Pero no es fácil lograr la confianza de una grada que ha levantado dos veces la copa del mundo con el que es tu antecesor. La tarea de Vlatko es doblemente exigente, tanto a nivel futbolístico como a nivel mental.

Cuando Jill Ellis entró al equipo en 2012, venía con la obligación de superar o por lo menos igualar el nivel que había mostrado esa misma selección en 2011 cuando llegaron a la final de un Mundial a pesar de acabar cayendo en esta por penaltis ante Japón. En su debut en una gran competición, consiguió la que ha sido hasta ahora la última medalla de oro para la selección yankee. El oro de 2012 en Londres.

El fútbol femenino en Estados Unidos estaba en auge, la NWSL y las ligas universitarias no paraban de sacar nuevos talentos, que hoy en día son ya viejas glorias. Se avecinaba el Mundial de Canadá 2015 y cada día que pasaba, Estados Unidos era más favorita. El equipo no defraudó y se hizo con su tercera copa del mundo, su tercera estrella. En plena lucidez de las Carli Lloyd, Hoppe Solo o incluso en el que fue el último año de Abby Wambach.

Eso no era problema porque para la Copa del Mundo de 2019, ya se postulaban jugadoras de todo tipo como Julie Ertz, Megan Rapinoe o Alex Morgan, que decir de ellas y su mágnifica generación las cuales contaban ya con experiencia y bastante rodaje previo al día que tuvieron que tomar las riendas por completo del combinado nacional. Por lo que hacer ese cambio no fue tan complicado. Todo lo contrario que ocurre a día de hoy, las futbolistas que dentro de un año deberán tomar las riendas del equipo, apenas tienen rodaje.

Por ponernos en situación de todo lo que ha significado esta última generación de fútbol femenino estadounidense. Son 11 los títulos que se han levantado en Estados Unidos entre 2010 y 2020, una década dorada y unos números de mucho mérito si además tenemos en cuenta el juego con el que estas futbolistas nos dejaban con la boca abierta día sí y día también.

El equipo no se adaptaba al rival, sino que el rival trataba de adaptarse a lo que las pupilas de Jill Ellis jugaban. Aunque en pocas ocasiones lograba obtener resultados. Había días que el equipo estaba más por mantener la posesión y otros donde se optaba por llevar el juego a la velocidad y el poderío físico de las jugadoras de banda para que estas acabaran en campo rival lo antes posibles. En pocas palabras, ser seleccionador de aquella generación era como tener barra libre de las mejores jugadoras del mundo.

Los primeros indicios del final de era

Como ya hemos mencionado varias veces todo se acaba y por suerte o por desgracia, la generación que tantos logros ha dado a Estados Unidos está ahora llegando a su final. Hay varios motivos que nos hablan sobre lo cerca que está el final de era en Estados Unidos. Tanto a nivel deportivo como extradeportivo.

Empezando por volver a este mismo verano y ver el desastroso juego que nos dejó Estados Unidos. Al nivel de llegarse a plantear los directivos la destitución de su técnico, Vlatko Andonosvki. El equipo es el mejor cuando se trata de medirse a un rival de carácter débil pero cuando toca un contrincante medianamente competidor… las goleadas a los equipos débiles quedan en nada.

La frase por excelencia dentro del círculo de gente que estuvo siguiendo los Juegos Olímpicos acerca de Estados Unidos fue “no juegan a nada”. El equipo había perdido toda su identidad, cuando tocaba mostrar creatividad en ataque, no veíamos más que once almas congeladas incapaces de dar ideas nuevas. Para luego en defensa, cometer errores que se terminan pagando a precio de oro, nunca mejor dicho tratándose de unas olimpiadas.

Es cierto que en ocasiones nos centramos demasiado en todo lo que ha logrado Estados Unidos y nos imaginamos que son robots. Pero son personas humanas igual que todos y que en momentos pueden tener un mal partido, incluso un mal torneo o una mala temporada. Pero hay algo que no se puede evitar y es el desgaste físico a medida que pasan los años otro de los aspectos que más caro está pagando el conjunto de ‘las barras y estrellas’. ¿Es quizás en la decadencia donde se esconde el secreto para volver a subir a lo más alto? Quizás la próxima generación tenga un ‘as’ bajo la manga ¿por qué no confiar?

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