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Propósitos de Año Nuevo

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Los cambios de año traen consigo promesas que las personas nos hacemos a nosotros mismos para cambiar algo, ¿pero sirven realmente?

Siempre he oído que los propósitos de Año Nuevo no sirven para nada, porque no solemos cumplirlos. Que el que quiere cambiar algo en su vida, no tiene por qué esperar a que el calendario se vista de otro color. Que los años, son simplemente números que representan una forma de organizar el tiempo. Nuestro tiempo. Una forma de poder clasificar nuestra historia. Por eso, prometerse algo como que, a partir de cierto día, vamos a mejorar en esto o aquello, es inútil. Es otra manera de procrastinar. El ya lo haré mañana no resulta muy diferente del ya lo haré el año que viene.

Pero sí que hay otros sectores en los que sí que se cambia de un año a otro. Cambiar de año no tiene por qué significar que sigues existiendo otro año más. Que has sobrevivido lo suficiente como para pasar otra página más del calendario. También tiene que ver con la evolución y con el progreso, esa palabra tan increíblemente prostituida en la actualidad. Cambiar de año, también significa dejar atrás un año repleto de avances en muchos campos. A veces hay retrocesos, pero eso es otra historia.

Vayamos al año 2000. El cambio de milenio, trajo consigo el mayor avance en la historia de la Humanidad desde la invención de la rueda, la extensión casi absolutamente mundial del uso de los ordenadores y de Internet. Poco tiempo después, la aparición de las redes sociales o el teléfono móvil, que volvió a revolucionar el sector. El desarrollo tecnológico comenzó a crecer exponencialmente de forma bestial cada año. Las grandes empresas del momento vivieron una vez más la clásica y primitiva situación de adaptarse o morir. Y eso es lo que hicieron.

Ahora, más concretamente, hablo de un hombre que se adaptó, comprendió perfectamente lo que venía, y además fue más allá, varios pasos por delante. Entendió al instante lo que había que hacer para ser puntero. Hablo de Florentino Pérez Rodríguez.

Hacía un calor abrasante en Madrid, en julio del año 2000. Un calor que tampoco afectaba mucho si eras madridista. El motivo, era que el Real Madrid acababa de fichar a la máxima estrella del equipo rival, Luis Figo. Después de que Florentino firmara un contrato vinculante con el agente de Figo, que aseguraba su llegada al club merengue si salía elegido presidente.

Cambio de milenio, cambio de presidente, cambio de iconos. Se acabó el Real Madrid tradicional formado por jugadores de la cantera, buscando otra generación como la Quinta del Buitre. Ahora había un cartel con luces de neón en el Bernabéu que rezaba Se buscan estrellas. Cuanto más brillen, mejor. Comenzaba la era de Los Galácticos. Los mejores jugadores del mundo reunidos bajo una misma camiseta blanca e impoluta. Los patrocinadores no podían dejar de subir la puja por aparecer en esa camiseta. Los espectadores no podían dejar escapar la oportunidad de comprar una entrada para ver jugar a esa galaxia de estrellas.

El cambio de milenio, había traído al Real Madrid un enorme cambio de imagen de marca, y con ello, un cambio de modelo de negocio. Un club moderno, con jugadores atractivos, una marca global y económicamente autosostenible. Gente con la camiseta del Madrid hasta en aldeas perdidas de provincias tailandesas.

Pasaron los años, con tiempos oscuros en el club de por medio, y vino el cambio de década. Florentino Pérez volvió a salir elegido presidente del Real Madrid, y con la candidatura, trajo la mejor summeriana (término acuñado en la comunidad twittera madridista referido al mercado de fichajes veraniego) que se recuerda. Cristiano Ronaldo, Kaká, Karim Benzema, Xabi Alonso o Arbeloa fueron algunos de los refuerzos blancos que llegaron en el verano de 2009.

Una década después, con José Mourinho, Carlo Ancelotti, Zinedine Zidane, y cuatro campeonatos europeos en el camino, volvemos a estar delante de un nuevo cambio de era. Si en el año 2000, se producía un cambio radical en el modelo de negocio a base de fichajes y patrocinios, esta nueva década está marcada por dos factores externos que ha trucado el tablero de juego por completo: la aparición de los clubes-estado (clubes respaldados por países inmensamente ricos que los usan como lavado de imagen), y la pandemia mundial del COVID-19.

Y para la temporada 2022-2023, el Real Madrid apunta a tener un estadio nuevo, con la tecnología más puntera del mundo, pensado para estar activo y generar ingresos los 365 días del año, y a cometer el siguiente cambio generacional del club, arrebatando de los clubes-estado a Kylian Mbappé, y apuntando con la mira telescópica al noruego Erling Haaland. Concretamente, con este último, parece que Florentino seguirá el mismo método que con Figo. En las redes, los merengues lo llaman vinculantismo, término acuñado por el gran @santicalvicidad, y que hemos estado a punto de quemar por usarlo en las tertulias del @CHIRlNGO.

Me imagino ese no tan caluroso día 1 de abril, cuando Mino Raiola (el agente) y Alf-Inge Haaland (el padre) se dejaron ver en Valdebebas, al propio Raiola con la misma expresión en la cara que el agente de Figo, antes de firmar el contrato vinculante que más tarde le haría a firmar por el Real Madrid. Todo convenientemente planeado para suceder el día de las elecciones, cuando Florentino dimite como Presidente y figura como candidato.

Siempre he oído que los propósitos de Año Nuevo no solemos cumplirlos, pero añado, salvo que tengamos firmado un contrato vinculante.

¡Feliz 2022 a todos, os deseo lo mejor!

 

Imagen principal vía: Real Madrid.

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