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ODA A PLATKO

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Rafael Alberti fue uno de los más importantes poetas de nuestra literatura. Uno de sus poemas más rememorados, quien lo fuera a decir, se trata de Oda a Platko, un legendario guardameta azulgrana de los años veinte. Aquí está su historia, para que no caiga en el olvido del tiempo, tal y como quiso el propio Alberti.

Franz Platko, o Ferenc Plattkó Kopiletz según su lengua natal, fue un guardameta nacido en Budapest, Hungría en 1898 y fallecido en Santiago de Chile en 1983. Ha sido, sin duda alguna, uno de los arqueros más destacados de la historia culé.

El húngaro defendió los colores del club con una energía y aguante más que memorables, hasta el punto de llegar a jugarse la vida entre los años 1923 y 1932, disputando un total de 189 partidos. Su llegada tuvo lugar tras un partido amistoso de su antiguo club, el MTK en Les Corts, después de ser elegido como reemplazo natural ante la inminente retirada de otra leyenda de la entidad, Ricardo Zamora.

Entrando ya en materia, la heroica actuación del Oso Húngaro con el Barcelona que impresionó de sobremanera a Alberti se produjo el domingo 20 de mayo de 1928. El lugar, Santander, Barcelona enfrentándose cara a cara contra la Real Sociedad por el campeonato de Copa, siendo este el partido más importante del año para ambos conjuntos.

El partido tuvo una gran expectación por parte de la sociedad de la época. Las gradas de El Sardinero estaban todas repletas, albergando alrededor de 45.000 espectadores. Según los diarios catalanes de la época, se calcula cerca de tres mil aficionados blaugranas se desplazaron hasta la capital cántabra.

El FC Barcelona salía al césped con la siguiente alineación: Platko; Walter, Mas; Guzmán, Castillo, Carulla; Piera, Sastre, Samitier, Arocha y Parera. Un verdadero equipazo. Sin embargo, su esperada dominancia fue frenada inesperadamente por el pésimo estado del campo, puesto que había llovido durante toda la semana, y por el duro juego defensivo donostiarra.

Poco antes del final de la primera mitad, Platko resultó seriamente lesionado en un encontronazo con un rival, de nombre Cholín. El Oso Húngaro se lanzó a despejar el balón directamente a los pies del donostiarra, para así evitar una acción deliberada de gol. Ante esta peligrosa acción, el guardameta blaugrana recibió una contundente patada en la cabeza , lo cual le provocó una herida. Sangraba sin cesar, manchando el verde césped de rojo sangre. Por ello, para que le tratasen la herida, se vio obligado a retirarse.

Por aquel entonces, los cambios no estaban permitidos, por lo que el atacante Arocha tuvo que ponerse bajo los palos para suplir la falta de su compañero. Poco después, y con empate a cero en el marcador llegó la lesión de Samitier, que fue retirado tras sufrir una conmoción tras un choque. Tan sólo quedaban nueve blaugrana contra los once jugadores de la Real Sociedad en El Sardinero.

El propio Platko, entonces, tomó una decisión que cambiaría el transcurso del partido, así como su historia personal también. Luego de haber sido tendido en la cama, y de haber recibido unos puntos de sutura, le vendaron la cabeza mientras reposaba. Al rato, por la puerta de la enfermería entró Samitier, gravemente mencionado. Ahí se dio cuenta el húngaro que debía hacer algo rápido para ayudar al equipo.

Silenciosamente, y sin permiso de los médicos, cogió sus botas, se calzó y saltó de nuevo al césped. Listo para volver a ocupar su puesto en la portería.De vuelta al campo, el herido Samitier consiguió avanzar al Barcelona en el marcador, en el minuto 62. No obstante, la Real, por medio de Mariscal colocó el empate en el marcador en el minuto 83. El encuentro, muy bonito debido a su gran cantidad de ocasiones, estuvo muy igualado en todo momento. Tras la prórroga, finalizó en empate a uno.

Al no haber penaltis ni ganador, se fija la fecha para el desempate para dos días más tarde. En este encuentro, el suplente Llorens sustituye al fenomenal Platko. Desgraciadamente, tras los 90 minutos, la igualada continúa en el marcador. Como los Juegos Olímpicos de ese año, celebrados en Amsterdam, estaban a la vuelta de la esquina, el segundo desempate tuvo lugar 5 semanas después.

Aquel día, pese a la nueva ausencia de Platko, aún sin recuperar, y con el campo seco y en un mejor estado, el Barcelona vence por tres goles a uno. De esta forma, el conjunto catalán vence en una de las batallas más sufridas jamás recordadas en la Copa. Un mar embravecido, tal como Alberti lo describió, de fútbol feroz, donde el oso húngaro, ensangrentado, con numerosas fracturas y embarrado, freno a las once camisetas azules y blancas de la Real Sociedad, en un actuación personal que pasó a los anales de la historia literaria y balompédica.

Realizado por: Rafael Carpacho Pérez

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