La Mejor Información Deportiva

Mi vida a través del fútbol

0

Os resumo mis 23 años de vida relacionandolo con el fútbol, que para bien o para mal, siempre ha estado, está y estara en la mesa de mi casa.

Se que a la mayoría no os interesa, pero aprovecho que vosotros estáis en casa y que a mi no se me ocurría otra cosa que escribir, para contaros mi vida a través del fútbol. Hoy es mi cumpleaños, cumplo 23 años y, aunque los focos de los estadios siguen apagados, mi vida sigue girando alrededor del fútbol, como ocurre desde el 14 de mayo de 1997. El pan sigue llegando a la mesa de mi casa gracias al fútbol, a quien en los últimos años he ido conociendo más a fondo, y por tanto he conocido su lado oscuro, pero que en las ultimas semanas me he confirmado que, de una u otra manera, no se vivir el día a día sin fútbol. Simplemente porque no se hacer otra cosa. Futbolista frustrado=Periodista de fútbol.

Mi vida comenzó en la recta final de la temporada 1996/1997, la del inicio de la liga de las estrellas. Con ese sobrenombre se empezó a conocer a la liga española a partir de esa campaña, la cual supuso la explosión definitiva del fútbol español. Un nuevo escenario marcado por el derroche de dinero en fichajes excelsos como Mijatovic, Suker, Roberto Carlos, Seedorf, Stoitchkov, Rivaldo, Romario, el ‘Piojo’ López, Mostovoi y sobre todo el ‘fenómeno’ Ronaldo, y la explosión de talentos nacionales como Raúl, Luis Enrique, Alfonso u Oli. Esa liga la gano el Real Madrid de Capello, un equipo que sin desarrollar un gran fútbol funcionaba como un reloj. El Barca de Robson, liderado por Ronaldo y Figo, gano la Recopa de Europa, la Copa del Rey y la Supercopa de España. El Atlético de Antic, vigente de campeón de Liga, cayo en la prorroga de los cuartos de final de la Champions League ante el Ajax de Van Gaal. Evidentemente, no me entere de nada.

Exactamente recuerdo poco o nada de mis primeros siete años de vida. Una foto confirma que pose en el césped de El Molinón con Yago Alonso, ex futbolista que fue central del Sporting, Celta, Levante y Cádiz, entre otros equipos de la Liga. En mi cabeza no hay instantáneas del Mundial 98, ni del robo a la Selección en Corea 2002, ni del cochinillo que le lanzaron a Figo en el Camp Nou y tampoco del SuperDepor. Las primeras imágenes de mi vida son de nuestra llegada a Gran Canaria. Instalados en el paseo marítimo de Arinaga, íbamos los domingos a ver la desaparecida UD Vecindario, un equipo que militaba en Segunda B y que posteriormente acabaría subiendo a Segunda División. Santi Lampón en portería, Atxabal en la retaguardia, Pollo y Yeray dirigiendo el juego y Raúl Borrero marcando los goles. Comer quicos durante el partido como adicción, jugar después del partido con el Roteiro (Balón Eurocopa 2004) y llenarme de caucho como diversión. Ver victorias ante Las Palmas, el Real Madrid Castilla de Arbeloa, Filipe Luis, Granero, Borja Valero, Jurado, Soldado, Negredo…

Llego el Mundial 2006 y me dijeron que nunca pasamos de cuartos. En ese momento prefería pasarme el día entero en la calle, jugando al fútbol con una pared blanca como portería que ahora sigue siendo blanca pero con muchos borrones circulares y escapando del vecino del primero. En la calle me sentía como pez en el agua, todos mis centros eran medidos a la cabeza de Juanjo, mientras que en el campo me sentía ‘atado’ por el entrenador. Yo realmente quería jugar con el equipo del colegio, pero al final acabe en el Arinaga (Segunda Alevín). El entrenador me pregunto el primer día de que quería jugar, y le conteste que de delantero. Ya sabia como era la vaina, y eso que el mister me trataba de convencer para jugar de central, pues en un amistoso me puso en esa posición y estuve bastante correcto. Al final solo marque dos goles en la segunda vuelta de competición que dispute, y eso que en aquel equipo había buenos peloteros. Creo que el debut fue una señal. Últimos 10 minutos, salgo tras sólo realizar un entrenamiento con el grupo, me hacen un penalti cuando en boca de gol iba a rematar un córner, tiro el penalti y lo falle. Sigo recordando ese penalti…

El Arinaga me ofreció renovar pero mi agente, mi madre, rompió las negociaciones por unas regulares notas en el colegio. Esa fue otra señal. Lo mío era ver fútbol y jugando con los amigos en la calle, y no correr durante media hora alrededor del campo y «jugar fácil». Entonces me toco ver el fútbol de la UD Las Palmas. El primer contacto visual se produjo en la final del play-off de ascenso a Segunda División ante el Linares Deportivo. Viví los goles de Marcos Márquez y el regreso de la Unión Deportiva Las Palmas al fútbol profesional desde un palco bien chulo, parecía un piso con su televisión, sofás, armarios, cocina y ‘terraza’ con vistas a un pedazo de estadio como es el Gran Canaria. En los aficionados amarillos vi reflejado que es mas satisfactorio un ascenso que un título, y que salir del pozo de la Segunda B es muy duro llames como te llames y tengas la historia que tengas.

En esa primera temporada, la 2007-2008, pase más tiempo en los despachos del club que en el propio campo. No sabéis lo interesante que es escuchar en vivo una reunión entre presidente, secretario técnico y entrenador, no por las noticias que se pueda sacar de ahí, sino por la naturalidad con la que debate y resuelven los problemas. La gente de mas alto nivel dentro del fútbol parece que pertenecen a otro planeta, pero en realidad son personas corrientes. En esas reuniones salieron nombres como Salomón Rondón, Saúl Berjón o Adrián Colunga, este último a quien mi padre me mando buscarlo por el paseo marítimo para que encontrara mi casa. Menos mal que por aquel entonces no había móviles ni Twitter porque si no…La gente conocía a Colunga, y sabían donde vivía Vidales. El crack del equipo va a la casa del director deportivo. Hoy en día eso abriría cualquier telediario.

La siguiente campaña cambio algo muy importante. Mi padre paso de estar mas tiempo en un avión y en la península que en casa a ‘solo’ viajar a la península cada 15 días. Que tu padre se dedique al fútbol tiene muchas cosas buenas, pero también tiene otras no tan buenas. No estar con tu padre el tiempo que pasa cualquier niño con su padre es una de ellas. Cuando entras a la profesión del fútbol tienes que saber que vas pasar mas tiempo con personas con la que quizás no quieras estar pero que debas estar, que con tu familia. Claro que hay profesiones mas duras, bastantes y las cuales no son reconocidas como se debiera, pero hay pocas en la que tengas que dedicarte a ella las 24 horas de los 365 días del año. Por lo menos en el lado del fútbol que no sale en la televisión.

En el primer partido de mi padre como entrenador de Las Palmas, que acabo con victoria por 2-0 ante el Celta de Vigo, me perdí el primer gol porque me había ido al servicio con mi amigo Pepe. Que pena, pero que bonito es escuchar un gol desde lo más profundo de un estadio. El equipo firmo un inmaculado mes de diciembre al también ganarle al Alcoyano y Albacete, y empatar en Vallecas pero, siendo uno de los presupuestos mas bajos de la categoría, la realidad del equipo no era soñar con el ascenso sino conseguir la permanencia. El equipo dejo de ganar tanto y el hombre que tenia en el asiento de atrás, que lo recuerdo por el humo de su tabaco, paso de cantar «Ole, ole» a exclamar «Vidales vete ya». Con 11 años escuchaba como miles de personas pedían que mi padre dejara su trabajo.

Me fui dando cuenta que el entrenador de fútbol se juega su puesto de trabajo cada siete días, que vive en un constante examen de alta exigencia y muy poca paciencia. «Javier Vidales podría ser destituido si se confirma esta derrota». Esto fue dicho por el comentarista de la Televisión Canaria que retransmitía un Girona – Las Palmas. Lo dijo al descanso, perdiendo el equipo por 2-0 y cayendo una buena tromba de agua sobre Montilivi. Se pueden imaginar como estaban mis ánimos en aquel momento. Tienes 11 años y no poseía esa frialdad necesaria, estaba rabioso. El equipo remonto en la segunda parte y empato 2-2 el partido, si no recuerdo mal con un doblete de Saúl Berjón, y le dedique varios «Toma, toma y toma» a aquel comentarista. Ese sábado me fui a la cama gritando en mi interior «toma, toma y toma».

También dije «toma» cuando, mientras celebraba mi cumpleaños en el McDonald del Centro Comercial Atlántico de Vecindario, me entere que el equipo le había ganado 0-1 al Celta de Vigo en Balaidos. Muchas veces, cuando luchas por no descender celebras mas las victorias que cuando luchas por ascender. Por aquellos días, mayo del 2009, llego la inolvidable victoria del Barcelona por 2-6 ante el Real Madrid. También el gol de Iniesta en Stamfrod Bridge. Si, lo reconozco, era muy del Barca. Ahora, tras leer y observas muchas cosas con una mejor perspectiva, no soy del Barca, sólo soy de Messi. Le guardo cariño a varios clubes, pero realmente mis únicos equipos son el fútbol y VIP Deportivo.

Llego la salida de Gran Canaria y el regreso a Gijón. Seis meses de poco contacto con el fútbol, mas allá de ver por la televisión el dominio del Barcelona de Guardiola y la hecatombe del Real Madrid de Pellegrini en Alcorcón. El 5 de enero del 2010, como regalo de Reyes, apareció el Sporting B. El comienzo fue un empate 1-1 en Mareo con gol de Cristian Portilla, el campo estaba medio helado, y el final fue una victoria por 0-2 frente al Tenerife B, pilándome en Barcelona para ver el Gran Premio de Formula 1 y casi presenciando la celebración de los culés en Canaletas por el título de Liga que finalmente acabarían ganando el siguiente fin de semana. Entre medias el mayor orgullo para un formador: ver a esos sueños con piernas cumplir sus sueños de debutar en el primer equipo, a los que ayudastes y te lo siguen agradeciendo. Nacho Cases, Hércules, gol en El Molinón…

Después saben que llego nuestro primer Mundial. Como en todos los veranos, a mi me pillo en Valencia de Don Juan. Nuestra generación es tan critica con la Selección de los últimos 6 años porque nos tenían mal acostumbrados. Con la Roja, Nadal, Gasol, Alonso, Contador…Era todo ganar y poco perder. Éramos unos afortunados que vivíamos nuestro deporte por encima de la realidad, que no es otra que ganar muchas veces pero también perder muchas veces. Fue muy duro para nosotros el caernos en el Mundial 2014, pero nuestros mayores nos enseñaron y ayudaron a levantarnos después de caernos. Debemos escuchar mas a nuestros mayores y menos a estúpidos influencers que realmente están consiguiendo su cometido, que no es otro que construir una sociedad estúpida donde ellos, los estúpidos, puedan brillar.

Antes de empezar a conocer la derrota a través de nuestros equipos y deportistas españoles, sentí en El Molinón lo que era la impotencia. Querer pero no poder. Era un partido entre el Sporting B, que luchaba por no descender a Tercera, y el Caudal Deportivo, que esa temporada la acabaría disputando el play-off de ascenso a Segunda División. El filial rojiblanco era un equipo muy joven, seguramente el mas joven de las tres principales categorías del fútbol nacional, y ese encuentro trascendental lo perdió 0-2 porque quería pero no podía. Yo estaba en la grada con Chema, con quien iba a los partidos del primer equipo en su moto, pues hasta mi padre, que lleva 35 años en el mundo del fútbol, a veces se cansa del fútbol pero sobre todo de su lado oscuro.

De ese lado oscuro del fútbol me he ido empapando en los últimos años, por eso quizás no soy de ningún equipo, sólo del fútbol, pero también he tenido la suerte de ir a Mareo todos los fines de semana y ver el nacimiento de futbolistas de elite como Manu García, Jorge Meré, Dani Martin, Pablo Pérez, Nacho Méndez, Carlos Castro…Y de llegar a Sudamérica y conocer una nueva manera de jugar y vivir el fútbol. Y de ver que las ‘broncas’ que le echaba mi padre a Nacho Fernández, un entrenador que muy pronto va a desarrollar todas sus grandes capacidades en Primera División, era para que creciera y se convirtiera en el entrenador que es a día de hoy, y no, como pensaba yo en aquel momento, porque hiciera algo malo. Después llegarían ‘broncas’ a Jorge Meré…

Fútbol de élite, profesional y Tercera División, un mundo que descubrí yendo con mi perro Yako a los partidos del Gijón Industrial, que jugaba al lado de mi casa. Ese fútbol de barro, el de toda la vida, el de todos. El fútbol ya estaba impuesto en mi vida desde que llegue a este mundo, pero si no hubiera sido así, me lo habría impuesto a mi mismo. Gracias al trabajo de mi padre tengo las camisetas de futbolistas como David Villa, Andrés Iniesta, Dani Alves, Jorge Meré, Salomón Rondón, Nacho Cases, Borja López y muchos mas, lo cual es mi mayor orgullo, no las camisetas en si, sino lo que significa: Agradecimiento por el trabajo, sacrificio y valores de mi padre. Felicidades por haber llegado hasta aquí, seguramente se te haya hecho menos pesado este relato de mi vida a través del fútbol sabiendo que ya vuelve nuestro equipo: el Fútbol.

 

Imagen destacada vía: Marca

Síganme en Twitter como @franyako, y sigan toda la información y actualidad deportiva en @VIP_Deportivo, en nuestro Facebook: VIP Deportivo o en nuestro Instagram: @vp_deportivo

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: