Cultura

María Casares y su amor con su única patria: el teatro

La actriz gallega de nacimiento, pero francesa de adopción fue homenajeada en la última entrega de Imprescindibles de este 2019.

Imprescindibles ha vuelto a emocionarnos al son de su melodía lenta, pero que emociona en forma de dosis de nostalgia y pura cultura patrimonial. Si ya nos sentimos cautivados por la innovación que adquirió la vida pública de la mano de Sara Montiel, María Casares ha dejado vigente la capacidad de convertirse en una estrella en el codicioso mundo del Arte sin la necesidad de buscar concienzudamente los focos mediáticos.

No es para menos, esta gallega hija de un político trascendental para la II República española como es Santiago Casares Quiroga vivió en sus carnes el hecho de triunfar en el exilio. El ascenso político de su padre a consecuencia de la abolición de la Monarquía le impulsó a abandonar su Galicia natal por la cosmopolita, pero siempre agobiante capital española, Madrid.

Años más tarde estalló la Guerra Civil y se vio obligada a exiliarse a París (Francia). En aquel momento, la propia María se percató de que su única patria era la cultura y más concretamente, el teatro, estilo de vida al que se entrometió gracias a la legendaria pluma de William Shakespeare.

Sin duda, su vocación por la dramaturgia le venía como anillo al dedo. Su carácter soñador nunca le apartó en la lucha pos sus metas. Ni siquiera  la desoladora situación mundial destruyó sus delirios de grandeza. Como buena gallega, mostraba dos conceptos contrapuestos en sus pisadas. Dureza y pasión eran los ingredientes principales para cocinar a las mil maravillas un Rattatouille francés.

¿Qué importaba venir de uno de los países que más enemistad ha cosechado con el pueblo galo? Su patria importante era el escenario y el público. Su técnica exquisita dotada de una pasión gallega silenciosa, pero chillona en el umbral metafísico conquistó el corazón de Francia mientras que «la Nueve» liberaba París del yugo nazi.

Una vez más, España conquistó su país vecino. Y no se engañen, esta pieza no es un documento nacionalista que hace apología al imperialismo quijotesco. Ni Nadal ganando Rolang Garros, ni los Tercios Españoles poniendo la pica definitiva en Flandes. Tampoco la prosa bohemia de Machado o Unamuno que tanto cautivó la intelectualidad parisina se comparan con la verdadera hazaña de la pequeña gigante Casares.

La verdadera conquista la llevó a cabo María y al corazón de una de las leyendas filosóficas, literarias y periodísticas que se recuerdan: Albert Camus. El vigoréxico de las letras nunca pudo levantar su arrolladora pasión hacia su trabajo, su sabiduría y su sensibilidad libre de azúcar envenenado.

Ambos eran tan distintos, pero tan idénticos en su modo de afrontar la vida. No eran media naranja, eran dos frutos igualados en sabor, pero diferentes en condición. De este modo, el amor y el teatro empezaron a conformar el escudo del particular país de María Casares.

Sin embargo, una vez más, la crueldad del destino seguía empeñaba en poner a prueba. Un accidente de tráfico acabó con la vida de Camus. Tocaba exiliarse hacia la soledad. Ya la había probado durante las dos emigraciones, pero esta era anterior. Era el turno de vivir en un terreno solitario que había perdido su encanto después de haberse emborrachado del cáliz de Cupido.

María Casares. Imagen vía: @Impres_TVE

No quería vivir en soledad y huyó de ella arropándose en el teatro. Paradójicamente, estaba en un enorme error. El arte no es un medio de huida, si no una planta que necesita alegría, pasión y formación. Por tanto, tocaba buscar nuevos retos que le permitiera enfrentarse a la nostalgia y al dolor

Tras años y años de perfeccionamiento en su profesión y persona, encontró uno de los grandes desafíos. Volvería a España allá por septiembre de 1976 para representar uno de los mayores sellos teatrales de Rafael Alberti, El Adefesio. Llegó a Madrid de la mano del director José Luis Mares. Se trató de un acontecimiento político que al mismo tiempo permitió que el público nacional conociera las apttitudes de María.

La capital fue testigo de una excelente versión de Casares. No es para menos puesto que había combinado la elegancia y precisión del Arte Dramático francés junto a la rectitud de las obras de autores de la Generación del 27. Esta última faceta la había desarrollado durante su periplo en Buenos Aires entrometiéndose en los personajes que han dado colorido al paraíso literario de Federico García Lorca.

Ya hace 43 años de aquel acto que representaba el aperturismo social que comenzaba a experimentar España desde la transición. Ella puso la piedra en un proceso de recontrucción patriótico en el que la cultura jugó, juega y jugará un papel fundamental, no solamente para entretener, si no para abrir mentes y concebir sueños.

De este modo, queda vigente que la cultura es la patria que une a personas de diferentes razas, condición social y económica. Gracias María y a Imprescindibles por hacernos valorar un poquito más el arte como estilo de vida.

Imagen vía: Twitter principal de Imprescindibles

Sígueme en @victor9715 y sigan toda la información y actualidad cultural en @VIP_Cultural, en nuestro Facebook: VIP Cultural o en nuestro Instagram: @vipcultural

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba
A %d blogueros les gusta esto:

Bloqueador de anuncios detectado

Por favor, considere ayudarnos desactivando su bloqueador de anuncios