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Lo prometido es deuda

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Ensayo sobre el cumplimiento del objetivo inicial de Fernando Alonso en su vuelta a la Fórmula 1.

La vuelta de Fernando Alonso a la Fórmula 1 no pasó inadvertida en la mayor parte de los integrantes del paddock, ya que la figura del deporte español no ha dejado indiferente a nadie. El enorme impacto mediático generado en un abrir y cerrar de ojos allá por el año 2005 acabó generando un antes y un después en su vida profesional.

Cualquier movimiento comenzó a ser observado con lupa en un país caracterizado por realizar argumentos de trinchera y, por supuesto, tener opiniones cambiantes en función del resultado causado. El asturiano fue testigo de ello cuando pasó de ganarlo todo en Renault, incluyendo a la leyenda Michael Schumacher, a no conseguir la gloria en equipos laureados como McLaren y Ferrari. Además, contó con una vorágine de personas caracterizadas en aislar al propio piloto de cualquier responsabilidad en las decepciones cosechadas.

Por si fuera poco, los problemas aumentaron en el retorno del asturiano a la competición. El percance sufrido antes de la pretemporada, el abandono inicial en Baréin por un misterioso envoltorio de sandwich, haber dicho que está mejor que nunca allá por marzo junto a carreras decepcionantes en su retorno como Mónaco, Imola o España aumentaron sus profecías pesimistas hacia su persona.

Pasado no satisfactorio para todos

Haciendo hincapié en el rendimiento desesperanzador para sus valedores en determinadas pruebas, la edad y el tiempo que estuvo fuera de la competición se convirtieron en dos factores tremendamente negativos para soñar. Tampoco podemos olvidar cómo las promesas pueden acabar siendo derrumbadas como si de una casa de papel se tratase. ¿Cuántas veces el entorno de McLaren rompió el corazón a sus aficionados cada vez que prometían mejoras en la segunda etapa de Wooking de Alonso? Las palabras acabaron siendo solamente palabras.

No obstante, fieles a la honestidad de lo escrito anteriormente, la actitud de Fernando Alonso con el equipo británico no dejó satisfechos a muchos miembros. Jenson Button confesó que se le quería como compañero y Honda no dudó en vetarle continuamente. Incluso uno de los responsables de comunicación más emblemáticos de Ferrari, Luca Colajanni, confesó su insatisfacción por las quejas abusivas de Fernando en casa de Honda al son del GP2 Engine.

Las dudas de la viabilidad del proyecto tomaron mayor cuerpo con la marcha de Cyril Abiteboul, una de las personas que estuvo desde el principio en el regreso de Renault a la Fórmula 1. Además, el inicio de año fue desesperanzador para un equipo, bautizado en Alpine, ya que pasó a conseguir tres podios en 2020 a luchar a duras penas por los puntos.

Resulta duro ver como el rendimiento del equipo te lleva a plantearte objetivos menos ambiciosos, pero que te permiten dar pasos para llegar a luchar por las deseadas victorias. Por mucho que le duela a un anticolchonero, se gana yendo partido a partido, tal y cómo comenzó a hacer McLaren desde 2019, hasta el punto de coger cuerpo como el tercer equipo más potente de la parrilla a inicios de 2021.

Luchando contra su sino

Fernando Alonso pareció hacer lo mismo, pero tenía puesto la etiqueta de perro ladrador, poco mordedor, o mejor dicho, volviendo a incumplir promesas. Repitió hasta la saciedad que volvería a ser el de antes en Francia, concretamente en casa de Alpine. Aunque había dado destellos de su experiencia y de su inteligencia en la pista como algunas salidas, haber metido al monoplaza en Q3 o estar despierto cuando las carreras sufrían vaivenes, su ritmo despertaba dudas sobre si el retorno había sido la decisión adecuada.

Pero tocaba demostrar que no todo ladrón eran de su misma condición, o de pilotos que tuvieron fracasados retornos. Alain Prost ya recordó que él mismo sintió dificultades de adaptación al volver a la Fórmula 1 tras un único año de ausencia. Pero la cultura del esfuerzo, que tanto desprestigio sufre al ser catalogada como de «manuales de autoayuda Happyflower», acabó dando sus frutos, concretamente en una semana que Antonio Lobato comenzó a revelar sus lesiones sufridas tras su percance de febrero. ¿No era extraño haberlo contado cuando más cuestionado estaba el asturiano?

De un modo o de otro, Fernando dejó de tener brotes verdes a un fin de semana impoluto. Además de haber entrado en Q3, adelantó al Ferrari de Charles Leclerc y mantuvo a raya a los McLaren en los primeros compases de la prueba. Posteriormente, las gomas medias comenzaron a degradarse, lo que le llevó a ir perdiendo posiciones paulatinamente.

Puntos que supieron a oro

Parecía otro día más lleno de decepciones para la gente afín al asturiano y más pólvora para sus detractores. Personalmente, empecé a percibir otro fracaso más, pero muchas veces olvidamos que las sensaciones solamente las conocen los propios pilotos y el equipo de ingenieros pendiente de del devenir de las pruebas. Dicho desconocimiento acabó generando en sorpresa cuando el asturiano dejó la sensación de haber cuidado meticulosamente los neumáticos duros hasta el final para adjudicarse una octava plaza que pudo ser séptima al haber percibido como se acercaba a Pierre Gasly en las últimas vueltas.

Su octava plaza supo tan bien como aquella remontada realizada en Bakú a principios de la temporada 2018 tras haber conducido a tres ruedas. Guste o no, es la Fórmula 1 que le ha tocado vivir, la de ganar pequeñas batallas para sentirte ganador, pero que te permita disfrutar de un proceso hasta que llegues a ganar. Él cumplió su promesa, y no fue el único.

Honda, el espejo del asturiano

Paradójicamente, el día que vimos a un Fernando Alonso consistente y feliz tras una «simple» octava plaza, el compañero de calamidades en su anterior destino, Honda, vio acercarse su sueño de ser campeón. Red Bull-Honda fue testigo de una doble victoria en duelo directo con Mercedes. La estrategia escogida le permitió llegar in extremis a la altura de los Mercedes para que Max derrotara a Lewis en última vuelta y Sergio Pérez hiciera lo propio con Valtteri Bottas para arrebatarle el tercer puesto.

Los nipones vieron como pasaron en cuatro años a estar casi desahuciados a pelearle el título a las flechas de plata. Cumplieron su promesa de ganar a base de trabajo duro y Fernando también percibió el placer de haber actuado con unos hechos alineados con sus palabras. Quizás el destino del español en forma de tricampeonato quedó antojado como más complicado desde la confirmación de su vuelta, pero bueno, ¿por qué no aportar su granito de arena para que la marca del rombo volviese a ganar como equipo propio?

 

Imagen principal vía: @alo_oficial

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