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Lo injusticia de ser portero

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Se hizo el protagonista, del modo menos deseable, ayer en la final de la Champions Loris Karius, guardameta del Liverpool, hecho que demuestra lo terriblemente injusta que es la posición de guardameta, que ni perdona ni olvida ni un solo error.

El gran sueño, se tornó en pesadilla. Era el de ayer, en principio, un día especial. La ciudad de Liverpool, cuyo equipo es un clásico del fútbol europeo, se preparaba para enfrentarse al equipo que en las últimas temporadas ha monopolizado la UEFA Champions League. En territorio ucraniano, los sueños de dos aficiones y veintidós guerreros se enfrentaban. Y en una cita de tal magnitud, donde todo el mundo está pendiente de ti, todos quieren ser el protagonista. Y Karius, lo consiguió, aunque no como él esperaba hacerlo.

Cometió dos graves errores, justo por dos goles de ventaja que tuvo el Real Madrid cuando sonó el pitido final. Primero, un error producido por el nerviosismo y las prisas. Karius quiso hacer que su equipo saliera con rapidez, y lo que hizo fue dejar el balón en bandeja a Benzema, que solo tuvo que empujarla. Luego, ya estando frustrado y casi hundido, un trallazo de Gareth Bale se le escurrió para acabar en el fondo de la portería.

Dos errores por los que ahora mismo, medio continente se está riendo de él. La portería es así, caprichosa, injusta. Nadie se acordará del par de intervenciones meritorias que realizó, sino de los dos errores que hizo. Y posiblemente, será un fantasma que le seguirá durante toda su carrera. Sin embargo, tras el encuentro, pasó algo simplemente magnífico.

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Gareth Bale y un preparador del Liverpool consolando a Karius. Fuente: Goal.com.

Lo único que le quedaba a Karius eran sus lágrimas, que dejó escapar mientras se tapaba el rostro, tirado en su propia portería. Fueron Nacho Fernández y Asensio a consolarle. También fue Gareth Bale, así como fueron sus compañeros y su preparador de porteros. Pero aquello era una causa perdida. Él sabía que había errado, y sus compañeros también, así como los aficionados. Y sin embargo, nadie le echó nada en cara.

Lo primero que hizo, fue dirigirse hacia la zona donde estaba su afición, a pedir disculpas. “He sido yo, ha sido culpa mía” decía mientras juntaba las manos en señal de disculpa, bajo el aplauso de un público agradecido. Lo mismo pasó con sus compañeros. Y es que en el mundo del fútbol, una cosa está clara. Cuando falla el delantero, hay un centrocampista para arreglarlo. Cuando falla el centrocampista, aparece un zaguero. Cuando falla el defensa, le toca al portero. Pero cuando falla el portero… Irremediablemente en el 99% de los casos, es gol. No hay jugador más indefenso que un guardameta.

Y lamentablemente, es frecuente que a los porteros se les recuerde más los errores, que los méritos. Y normalmente, hay más de los segundos, que de los primeros. Sin embargo, ayer la afición del Liverpool dio una valiosa lección al mundo del fútbol. El portero es el primero en saber que ha fallado, sin embargo, antes de ese fallo, hay todo un trabajo, hay una temporada. Sin portero, a la final de la Champions no se puede llegar, y Karius será un portero irregular, pero ha ayudado al Liverpool a llegar adonde ha llegado.

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Karius pidiendo disculpas a la afición del Liverpool. Fuente: aol.co.uk

Cuando un portero falla, no se le debe echar en cara. Como se ha dicho, él no necesita que le digan que ha fallado, ya lo sabe y seguro que se está matando a sí mismo por dentro. Y es que, hay que acordarse de que por cada vez que falla, un portero te salva unas cuantas veces. Sin embargo, la portería es injusta, y nadie se acuerda de las tres, o cuatro paradas que pudieron ser decisivas, sino del error que desafortunadamente, acabará marcando historia. Así de caprichosa es la portería.

Redactado por Gerard Escribano (gerardeg11)

Imagen destacada propiedad de VI Images/imago.

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