La Mejor Información Deportiva

Libertad, igualdad y fraternidad húngara

@OconEsteban
0

Ensayo sobre el apasionante Gran Premio de Hungría de la temporada 2021.

Dicen las masas que 2021 puede considerarse el año de Italia, ya que en un solo año fueron testigos de una victoria trasalpina en Eurovisión, el triunfo del combinado nacional en la Eurocopa de fútbol, la muerte de la legendaria cantante Raffaella Carrà y el oro olímpico de Jacobs en los 100 metros lisos como digno sucesor de Usain Bolt.

De todos estos ingredientes, faltó el picante puesto por Ferrari en la historia del país trasalpino. Otros dicen que estamos en decadencia, e incluso se tiran de los pelos por haber visto a un piloto líder de la casa como Charles Leclerc dejando pasar a su compañero Carlos Sainz en el Gran Premio de Estiria  para que terminara consiguiendo un meritorio quinto puesto labrado a base de ritmo y majestuosos adelantamientos.

Hubo personas que se lo tomaron como una gozada por haber dado un golpe sobre la mesa hacia ideas predestinadas en el que el monegasco podría ganar con supuesta facilidad sobre el español. Otros directamente les costó entender como dichas predicciones en las que el 16 no apretaría para defender su posición con uñas y dientes sobre el español, aunque tuviese peor ritmo.

Qué bien sientan los 40

Guste o no guste, Leclerc decidió apostar por el camino correcto, o mejor dicho, conveniente para la marca de sus amores, Ferrari. Del mismo modo, Fernando Alonso hizo lo propio en el Gran Premio de Hungría para celebrar su 40º cumpleaños de una de las formas más sorprendentes para el público, con un cuarto puesto y sosteniendo durante más de una docena de vueltas al todopoderoso Mercedes de Lewis Hamilton.

No seré yo quién me ponga a la altura de la voz de la Fórmula 1, Antonio Lobato, eufórico de la felicidad por haber presenciado cómo el español se beneficiaba del aire sucio para que el adelantamiento en Hungría se hubiera perfilado como una misión casi imposible. Pero la garra del asturiano permaneció viva en su cuerpo de cuarentón defendiéndose de Hamilton como gato panza arriba y, sobre todo, ofreciendo un sólido ritmo de carrera para adjudicarse una meritoria cuarta plaza.

Precisamente  la garra era la habilidad que muchos aficionados veteranos de la Fórmula 1 no encontraban en Carlos Sainz. Sus primeras carreras titubeantes en términos de resultados, no de ritmo porque la mini décima era la unidad de tiempo que le separaba de Charles Leclerc en cada una de las sesiones oficiales, no dejaron de generar opiniones nefastas hacia su profesionalidad.

¿Quién dijo cobarde?

Consideraron que sería un piloto mediocre que pasaría por Ferrari con más pena que gloria, sobre todo ante la vuelta de Fernando Alonso debido a su mirada y gestos imponentes de autoridad en una afición española aparentemente monógama de amor hacia el bicampeón. Al fin y al cabo, cada movimiento de mercado sobre Sainz venía precedido por una jugada de ajedrez de su ídolo, conllevando a ideas preconcebidas basadas en que el madrileño se haría pequeño sobre el principal valedor de la Fórmula 1 en habitantes hispanos.

Nada más lejos de la realidad, el madrileño del Cavallino Rampante hizo el coche más ancho de lo habitual con la idea de compensar sus maltrechas gomas, evitando el adelantamiento de Alonso. Por fin volvimos a tener un duelo de españoles jugándose una plaza de podio por la repentina descalificación del Aston Martin de Sebastian Vettel.

Otra vez la magia de Hungría

Efectivamente, volvimos porque quince años atrás tuvimos el primero. También estaba el mismo Alonso, en lluvia y con el mismo equipo, Renault, pero luchando ante Pedro Martínez De la Rosa dispuesto a no dejar pasar su oportunidad de obtener un podio. Tampoco la quería dejar pasar el 55 en una temporada tan competida hasta el punto de convertir cada podio en platino.

A pesar del precio de los puntos, la libertad de competir sin tapujos en la pista se percibió entre ellos. Sin duda, toda una gozada para los amantes del deporte porque la prueba se alineó con las opiniones libres de prejuicios o posibles clientelismos económicos y/o tartufos.

Afortunadamente, también imperó la fraternidad representada en la bandera de Francia, país triunfador del día. Sonó el himno de La Marseillaise por la victoria del francés Esteban Ocon con Alpine-Renault, toda una institución del país galo. Consiguió la primera a sus 24 años, regalo anticipado a su cumplimiento de cuarto de siglo en septiembre de 2021.

Evolución francesa

Sin ánimo de ser chovinista, Fernando Alonso tuvo parte de responsabilidad del premio de Esteban, ya que Hamilton volaba con neumáticos medios, le retuvo durante diez vueltas vitales y, de este modo, alejar las posibilidades de victoria del británico. El agradecimiento fue mutuo y la rotura de otro muro se hizo realidad. No era otro que colocar la teórica arrogancia de Fernando Alonso como el detonante de la carrera deportiva de Ocon.

Nada más lejos de la realidad, Esteban siempre apretó los dientes, incluso cuando el ecuador de la carrera supuso el despertar definitivo del astro español en detrimento de la progresión del francés. Dicha pérdida de prestaciones ante Fernando supuso un canto al Misterio de la Maldición de los compañeros del bicampeón, pero una palmada para celebrar la victoria terminó por despertar muchos cuerpos de pesadillas autogestionadas y, en consecuencia, dar paso al brillo del Sol como metáfora de la fraternidad.

Sin duda, resulta curioso como la fraternidad y la libertad asentaron su vuelo en una parrilla llena de gladiadores en el mismo equipo, lo idóneo para que salten chispas. Todo lo contrario, el respeto imperó en cada declaración y en la mayor parte de las maniobras, habiendo cumplido aquel dicho que obliga a limpiar los trapos sucios en casa.

Retratando la belleza de la Fórmula 1

Solucionados, o mejor dicho, apartados los problemas dentro de casa, la jungla ofreció un espectáculo idóneo reflejado en el Gran Premio de Hungría, tanto en la clase media como en la disputa por el título entre Max Verstappen y Lewis Hamilton. De hecho, el mismo británico terminó exhausto después de haber tenido que realizar una heroica remontada desde la última plaza, ya que hizo cambió tardíamente el cambio de neumáticos de lluvia a otros de seco.

En definitiva, dio gusto encontrar el simbolismo perfecto entre la carrera ideal de Fórmula 1 con los valores de una Francia embajadora de la ruptura del clasismo arcaico. Además, el destino quiso que esta coincidencia se diera en una Hungría cuestionada ante su reticencia a los diferentes valores del colectivo LGTB. ¿Casualidad? ¿Quién sabe?

Imagen principal vía: @OconEsteban.

Síganme en @victor9715 toda la información y actualidad deportiva en @VIP_Deportivo, en nuestro Facebook: VIP Deportivo e Instagram: @vp_deportivo.

Deja un comentario