La voz que aprendió a quedarse

Ser periodista deportiva en un territorio que no estaba pensado para nosotras: memoria, conquista y presente.

No hubo pancartas ni titulares el día que empezamos a cambiarlo todo. Solo trabajo. Horas de estadio, de redacción, de carretera y de silencio. Ser periodista deportiva en España ha sido, durante décadas, un ejercicio de resistencia elegante: demostrar cada día que sabíamos, que podíamos y que merecíamos estar. Hoy no hablamos de una moda ni de una cuota. Hablamos de una transformación profunda en la forma de contar el deporte.

Cuando la credibilidad era un examen diario

Hubo una generación que tuvo que responder dos veces: primero a la actualidad y después al prejuicio. En un ecosistema donde la autoridad parecía tener género, referentes como María Escario se convirtieron en sinónimo de rigor y serenidad. Su presencia en grandes eventos no fue solo profesional; fue simbólica. Naturalizó algo que nunca debió resultar extraordinario.

También Olga Viza ayudó a consolidar una imagen de solvencia en televisión, en una época en la que la visibilidad femenina en deporte era escasa y, muchas veces, cuestionada. No levantaron la voz más de lo necesario; la sostuvieron con datos, preparación y constancia. Y eso cambió el relato desde dentro.

Del micrófono en zona mixta a la construcción de agenda

El salto cualitativo no fue solo estar, sino influir. Pasar de cubrir a interpretar. De preguntar a marcar el enfoque. Periodistas como Susana Guasch han representado esa firmeza en contextos de máxima exigencia, donde la pregunta adecuada es tan importante como el silencio oportuno.

Y profesionales como Mónica Marchante han elevado el análisis televisivo con profundidad, contexto y criterio, alejándose del ruido fácil.

En una generación más reciente, voces como Danae Boronat simbolizan una etapa en la que la periodista deportiva ya no necesita justificar su presencia. Analiza economía, gestión, táctica o industria con la misma autoridad que cualquiera. Y lo hace desde una identidad propia, no reactiva.

Ese es el verdadero cambio: dejar de adaptarse al molde para empezar a definirlo.

Una mirada que amplía el campo

La aportación femenina al periodismo deportivo no es una cuestión de sensibilidad superficial, sino de perspectiva. Se ha ampliado el foco hacia historias que antes no tenían espacio: el desarrollo del deporte femenino, las estructuras invisibles que sostienen a los clubes, la dimensión social del fútbol, la precariedad en categorías menores, el impacto emocional del alto rendimiento.

Cambiar la narrativa también transforma la industria. Cuando se cuenta con profundidad, el público exige más. Cuando se da visibilidad, se genera inversión. Cuando se profesionaliza el relato, se profesionaliza el entorno.

No se trata de contar “diferente” por ser mujer, sino de contar mejor porque hay más miradas.

Voces que ya están transformando el relato deportivo

En los últimos años, el periodismo deportivo femenino ha dejado de ser una presencia residual para convertirse en una referencia informativa y analítica en el ecosistema mediático. Además de las figuras consagradas, hay profesionales que hoy están consolidando una voz propia, con criterios sólidos y reconocimiento público.

Una de ellas es Noemí de Miguel, conocida por su versatilidad y profesionalismo en la cobertura de deportes de élite y, más recientemente, de eventos como la Fórmula 1, donde ha llevado el análisis y la narrativa con claridad y dominio de la materia.

Otra voz destacada es María Tikas, cuya presencia en la prensa diaria y en el seguimiento de clubes como el FC Barcelona Femení representa una mirada especializada y comprometida con el crecimiento del fútbol femenino y la visibilización de sus protagonistas.

Permanecer

Hoy las periodistas deportivas dirigen programas, lideran equipos digitales, firman columnas de opinión y ocupan espacios de máxima audiencia. Pero el logro no es la foto actual; es la permanencia. Haber pasado de la excepción a la normalidad.

La emotividad de este camino no está en la épica exagerada, sino en la constancia silenciosa. En cada cobertura bajo la lluvia. En cada madrugada de cierre y cada entrevista preparada con la misma minuciosidad que cualquiera.

Ser periodista deportiva ya no es resistir un territorio ajeno. Es ejercer una profesión con la misma exigencia, pasión y responsabilidad que define al buen periodismo.

Y eso —sin grandilocuencias— es una conquista profunda.

Imagen principal: X @maria_escario.

Por Lourdes Serra; pueden seguirme en Instagram @lourdeserra.

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