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La Segunda B mata al talento

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En la Segunda división B, el talento se desarrolla y se forma en un contexto en el cual lo normal es que no lo encuentre más en su carrera.

El eterno debate de si los filiales deben o no competir en Segunda B es más que comprensible. Lo que no es comprensible es que aún nadie haya dado un paso adelante en apostar firmemente por la creación de la liga de filiales. Una competición que proporcionaría muchos más beneficiados que perjudicados. Los más beneficiados serían los talentos de las canteras, es decir, el futuro y quienes sostendrán nuestro fútbol y a nuestra Selección entre los mejores. La creación de la liga de filiales fomentaría el talento nacional y protegería a los clubes modestos, quienes de verdad se juegan el pan con un ascenso o permanencia que le puede quitar un filial.

Para un canterano, su primer año en categoría senior seguramente es de los más importantes y decisivos en la formación de un futbolista. Porque sí, un chico que recién finaliza la etapa juvenil y comienza en la Segunda B, aún está desarrollándose en un proceso de formación inadecuada. En Segunda B, el talento se desarrolla en un contexto que lo normal es que no lo encuentre más en su carrera. Me refiero al nivel y biotipo de los jugadores rivales, a campos pequeños y de césped artificial, y a los planteamientos de los rivales.

En el día de mañana y durante 20 años, la mayoría de los futbolistas del Castilla, Atlético de Madrid B o Barcelona B no van a jugar habitualmente en campos pequeños ni ante equipos tan físicos y que prioricen, por encima del fútbol dentro del fútbol, el balón parado, el juego aéreo o las segundas jugadas.

La mayoría de canteranos que llegan y se asientan en el primer equipo son aquellos que no pisan o pasan de puntillas por Segunda B. En Segunda B, los talentos de las mejores canteras se estancan y los estancan. Acaba siendo necesario que, para crecer, estos proyectos salgan del cobijo del club para irse cedido a un Segunda, con todo lo negativo que ello puede contribuir en la formación deportiva y personal de un importante valor del club.

Ya de por sí, la formación es mala desde el principio. En general, las grandes canteras priorizan el resultado antes que el proceso y la correcta formación del talento. Se preocupan más por un fin inadecuado, que es el de ganar, que por el proceso de cumplir con los objetivos adecuados, que no son otros que formar buenas personas, hacer crecer al futbolista y llevar al talento al primer equipo o al fútbol profesional.

Los proyectos de futbolistas ya vienen con un déficit de exigencia competitiva que no le permite crecer de manera individual como futbolista. Años de formación ganando fácil, compitiendo ante rivales con planteamientos muy defensivos y jugando acorde a un rival muy inferior porque al entrenador sólo le interesa ganar para salir pronto del fútbol base.

En edad juvenil, por ejemplo, los talentos del Real Madrid o Atlético sólo ponen alta la vara de medir en dos jornadas de Liga, en los derbis. Y también en la Copa de Campeones y Copa del Rey, donde a las primeras de cambio te puedes quedar fuera. Los demás partidos de la temporada sirven de poco o nada en el desarrollo de un proyecto de futbolista de Primera División. En Segunda B pasa más de lo mismo.

Manteniéndose en Segunda B, clubes como el Real Madrid, FC Barcelona o Atlético de Madrid acaban pensando y trabajando para que un talento juegue toda su vida en Segunda B, cuando en esas canteras debe ser obligatorio tener la mirada siempre fija en aportar al primer equipo y dejarlos formados adecuadamente para el fútbol profesional. Los clubes acaban fichando para sus filiales a futbolistas que no tienen edad para estar en un filial, y que no llegaran al primer equipo, para que el equipo pueda competir en la categoría.

Muchos casos de esos fichajes son para luchar por ascender, y no para ponerlo al lado del proyecto del club para que éste crezca. Y el problema es que son los propios clubes quienes quieren fichar jugadores mayores de 23 años o mantener bastantes años a un canterano en el filial, evidenciando de esa manera que priorizan el resultados antes que la formación. Hay más gasto en conseguir la categoría que inversión en la formación de futbolistas.  

En Segunda B, el talento puede que gane más ‘físico’ que el que pueda ganar en una hipotética liga de filiales. Pero pierden todo el fútbol, toma de decisión y calidad diferencial que necesitan para jugar en Primera División. Al talento hay que exigirle fútbol y creatividad, y no físico para rendir en el juego aéreo, porque esto último sólo es necesario para jugar en Segunda B, mientras que lo primero es imprescindible para hacer carrera en el máximo nivel.

Los beneficiados de la creación de la liga de filiales no sólo son los talentos, sino también los clubes de Segunda B y la RFEF. Dos preguntas: ¿Los filiales ayudan a los clubes modestos a llevar más gente al estadio? Sinceramente creo que no. ¿Los filiales, con un potencial económico superior, aumentan las posibilidades de que un club modesto no cumpla sus objetivos de ‘supervivencia’? Sinceramente creo que si. Y RFEF.

Actualmente, en la Segunda B participan 21 filiales. Es decir, el 20% de la competición está conformado por segundos equipos. Con la creación de la liga de filiales, la cual puede causar atracción en el espectador, la categoría se descongestionaría de una manera importante. Esto, más que un problema más, sería un alivio para la Federación.

Ahora, mañana o pasado, liga de filiales. Por todos.

Imagen destacada vía: Atlético de Madrid.

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