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La penúltima gota del fútbol de la calle

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El fútbol y el futbolista de la calle desaparece, pero a su vez el mejor fútbol y los mejores futbolistas son los de la calle.

Cuando los campeones de la Champions dedican más tiempo a animar a un rival que a celebrar el título, significa que se están saliendo del guion. Los jugadores del Bayern se saltaron la organización y el orden, eso que abunda en el fútbol actual, para reconocer lo imprevisible de Neymar, eso que están extinguiendo. Neymar tiene personalidad para jugar, y eso lo valoran sus compañeros de profesión. Neymar es imaginativo, osado, valiente y atrevido, es impredecible, es la penúltima gota del fútbol de la calle. Es el penúltimo jugador de la calle, y penúltimo porque me resisto a que sea el último, pues no quiero que el fútbol se muera. Cuanta menos calle, menos fútbol impredecible. Cuanto menos fútbol impredecible, menos fútbol como deporte universal.

Los mejores jugadores del mundo han nacido de la escuela de la calle, la mejor universidad del fútbol y de la vida. Messi y Maradona nacieron en la calle argentina, bendita calle argentina, y cuando Messi y Maradona coge y cogía el balón, se empieza y se empezaba a ver el fútbol que todos deseamos ver y jugar. Messi y Maradona eran a los que había que pasarles el balón pues ellos, sin tácticas y normas absurdas del entrenador, se regateaban a todo el equipo contrario y marcaban esos goles de patio de colegio. Y no pedían perdón por ser diferentes y tener ese talento. Ahora, un futbolista regatea a tres jugadores y marca un gol, y el entrenador parece que le obliga a pedirle perdón por no haber sido predecible y hacer un simple control y pase de seguridad.

Cristiano Ronaldo es otro jugador nacido de la calle. Ese niño que se queda en el área y mete todos los goles de todas las maneras más impredecibles, y de la manera más impredecible te marca un gol desde la otra punta de la calle. Y el entrenador de ahora le obligaría a pedir perdón por marcar un gol desde 40 metros y no haber realizado la estrategia preparada. Cuando David Silva coge el balón, nunca se sabe que va a pasar porque es impredecible, y por eso es uno de los mejores jugadores. Y siempre toma la mejor decisión posible, porque depende de su talento, porque es muy bueno, porque nadie lo limita ni condiciona. Silva es quién es en el mundo del fútbol por jugar como en la calle.

La mayoría de los futbolistas de hoy en día parecen militares, jugadores ordenados, discretos, que no pierden su sitio y su función. Futbolistas predecibles y artificiales creados por la tablet del entrenador. Jugadores de ordenador que son controlados desde una tablet y hoja de estadísticas. Y son así porque si no son así, que es como les pide que sean el entrenador, el domingo no juegan. El entrenador, que cuando fue jugador se divirtió jugando al fútbol porque su entrenador le dejaba divertirse jugando fútbol, ahora no deja divertirse al futbolista. Siempre mirando las estadísticas, pero después aplauden a los jugadores que no aparecen en las estadísticas de mejor porcentaje de acierto de pase. Todos los jugadores bien colocados en el campo, con los movimientos mecanizados. Futbolistas que se ciñen al guion, a lo que se espera de ellos en ese preciso momento. ¿Son futbolistas o robots?

Y entre tanta perfección, los mejores jugadores fueron, son y serán los que mamaron el fútbol de la calle. Los están extinguiendo, son pocos, pero son los que llenan los estadios. Son estrellas porque hacen cosas diferentes al resto, son creativos e impredecibles, se saltan el guion. La táctica no les quema porque su talento es superior. El fútbol es el mejor deporte gracias a futbolistas como Neymar. Y también ‘niños’ como Ferran Torres, que desde que nacieron se encontraron en su calle con el cartel de ‘Prohibido jugar al balón’, pero que se fijaron en los jugadores nacidos en la calle porque desean jugar como ellos. Chicos que tienen sus cosas. Cosas de Neymar o Ferran habrá toda la vida, pero su fútbol solo lo veremos 15 años. Hay que disminuir esas cosas pero no ‘matarlos’ por ello, pues ellos son los que mantienen vivo al fútbol.

Los entrenadores están empeñados en un fútbol sin paredes, 1vs1 y creatividad, pero siempre aparece un futbolista de la calle para mantener vivo al fútbol. Neymar, el penúltimo futbolista de la calle, llora porque perdió la final. Perdió el partido de la calle después del colegio, pero todos fueron a animarlo porque sin él y sin jugadores como él, el fútbol ya no sería fútbol. El campo debe ser la calle, donde los jugadores se diviertan y hagan divertir jugando al fútbol. Ese es el fútbol de verdad, el de Neymar, el que se aprende en la calle, el que muestra el talento, el que obliga a buscar salidas creativas, el que obliga a tomar decisiones impredecibles continuamente, el que se juega sin estadísticas, el que se juega varios partidos a la vez, el de la creatividad y el espectáculo. El fútbol que todos amamos y deseamos ver y jugar.

 

Imagen principal vía: Paris Saint Germain.

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