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Reportaje sobre el modus operandi de un Kimi Räikkönen que es pura historia de la Fórmula 1.

Una amiga muy sabia me dijo que la victoria de Kimi Räikkönen con Ferrari cosechada en el Gran Premio de Estados Unidos de la temporada 2018 fue un ejemplo de la elegancia a su conducción que tantas veces se ha deseado ver. Cabe recordar que el bólido rojo bailó un vals mientras amansaba los rugidos de un Lewis Hamilton que ansiaba con certificar un nuevo título mundial y de un Max Verstappen en celo por degustar el olor a cava.

La celebración del equipo y del propio finlandés dejaron entrever que sería su último éxito con la marca italiana. A pesar de la pena por ser la última victoria, había motivos para sonreír porque Il Predestinato Charles Leclerc cogería su asiento y, se seguiría disfrutando de Räikkönen en Fórmula 1 a los mandos de un Alfa Romeo.

El piloto nórdico volvió a lo que era Sauber, equipo que le vio debutar en Fórmula 1 allá por el año 2001, a coronar todo lo recorrido en dos décadas a los mandos de monoplazas. Bien es cierto que la estructura trasalpina no se ha caracterizado por comandar en la parrilla, le otorgó la oportunidad a Kimi de disfrutar de unos últimos plácidos años en el «Gran Circo».

Dicho y hecho, no solamente se ha visto como la nobleza y el amor que denota Antonio Giovinazzi hacia la competición no fue suficiente para batir en 2019 a un Räikkönen que fue 12º con 43 puntos. Frecuentó la zona de puntos e incluso estuvo cerca de rascar podio en Brasil si no se hubiera interpuesto la bravura de Carlos Sainz.

Aunque 2020 supuso un varapalo para todo monoplaza que copara el motor Ferrari, siempre estuvo abierto para mostrar su talento. Bien es cierto que solamente puntuó en Mugello e Imola, pero siempre quedará en la retina la primera vuelta de Portimao en la que pasó de estar en las últimas plazas a situarse en el top 5.

Precisamente el trazado portugués le ofreció la otra cara de la moneda en 2021 cuando un despiste en plena recta le llevó a tener un accidente que le dio material de burla por parte de su hijo Robin. Pero precisamente ese calificativo de «Iceman» que le lleva a ganarse prejuicios que lo catalogan de insensible, sacó su lado más resiliente.

Debes tener un férreo amor por la competición para pasar de luchar por los podios a verte en la mitad de la tabla. Unos lo llaman pasión, pero bien es cierto que hay voces que han considerado que ha sido un piloto que ha podido mostrar mayor ambición.

No obstante, no todo es oro lo que reluce, pero todo lado oscuro tiene brisas por las que sonreír. Porque cuando no ha tenido nada que perder, sus garras aparecieron, tanto en 2012 cuando volvió a la Fórmula 1 que llegó a disputar el título y, en un inicio de temporada 2021 en la que encandila su ritmo de carrera.

La veteranía y los gemidos de las entrañas mientras pilotas se perciben cuando la constancia se hace vigente en la hora y media larga que puede durar una carrera. Al fin y al cabo, mientras que no han cesado las críticas porque las estrategias han podido fallar, las manos de Kimi posibilitaron que funcionase la estrategia a una parada.

Arrancó 17º y consiguió estirar al máximo sus dos juegos de neumáticos para llegar con fuerza al último tramo de carrera con posibilidades de puntos; codeándose con los Aston Martin, el Alpine de Fernando Alonso y el Alpha Tauri de Pierre Gasly.

Fue la muestra de una persona que transforma la supuesta impasibilidad en gasolina para dejar helado al público. También lo hizo en 2012, también en un 2007 que arrebató el Mundial a McLaren y, sobre todo, tras haber recibido comentarios infames.

«Errores de novato», «pierda o gane se irá de fiesta», «nada parece inmutarle», «su currículum de escándalos es inmenso, borracheras, multas, infidelidades» o «eterno aspirante» son algunos de los modos en los que se ha tratado de ensuciar su imagen.

Posiblemente el dinero, la fama y los triunfos puedan alterar el ciclo natural de una persona, pero, ¿por qué solamente se va a por Kimi? ¿Seguro que ha sido la única persona que no tiene su contador de pecados a cero a lo largo de la Historia de la Fórmula 1?

Lo que sí es seguro que su lealtad al equipo y, para más inri, a Ferrari, ha estado vigente en todas las etapas que ha pilotado. No obstante, más de un tiffosi quiso que su rendimiento fuese mayor en cada una de ellas.

Siempre mantuvo la educación en momentos críticos, siempre y cuando no se le molestase en la pista. Porque es muy fácil ensuciar su imagen diciendo que le molestó ser batido claramente en 2014 al decir que le quitasen un McLaren del medio. ¿Pero acaso comenzó a señalar con el dedo y a llamar idiota públicamente al piloto que chocó severamente contra él en Austria 2015 y casi acaba con su vida? 

El hecho de sufrir accidentes por el error de un contrincante provoca irá y verte conseguir tus objetivos te sube la moral hasta las nubes. Somos personas que alienamos nuestros sentimientos a la racionalidad, pero precisamente el hecho de ser una res cogitans lleva a ver que el amor por pilotar te hace ver el sentido de tu vida. O por lo menos el de Kimi Räikkönen. 

Imagen principal vía: @alfaromeoracing

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