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La migración forzosa del Cruyffismo

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Núñez, Rosell y Bartomeu echaron a Cruyff, Guardiola y Messi con el objetivo de que en Barcelona el Cruyffismo sólo sea un mensaje populista

La migración forzosa es la realizada por cualquier persona que emigra para escapar de la persecución, el conflicto, la represión, los desastres naturales y provocados por el hombre, la degradación ecológica u otras situaciones que ponen en peligro su existencia, su libertad o su forma de vida. El Cruyffismo no es una persona, pero sí está en muchas personas. El Cruyffismo no es una religión, pero casi, pues su legado en forma de ideas se expandieron mundialmente. Pero el Cruyffismo, a pesar de que le ha dado los 30 mejores años de su historia, se ha ido marchando poco a poco de Barcelona por culpa del hombre. El mayor enemigo del hombre es el mismo hombre. El Cruyffismo emigra forzadamente para escapar del conflicto provocado por el hombre, vestido de presidente, que pone en peligro su libertad. El Cruyffismo empezó en Barcelona con Cruyff, y se va con Messi.

¿Cuándo empezó todo?

En la Recopa 1989 empezó todo, antes el Barcelona no ganaba tanto. Aquella final que ganó el Barcelona de Cruyff ante la Sampdoria representó el fútbol del pasado frente al fútbol del futuro. La presión alta y el control en el medio contra el marcaje individual. Tres años después, el Cruyffismo evolucionó y puso nuevamente al Barcelona en la vanguardia del fútbol mundial. Esa defensa de tres ante el antiguo 4-4-2. Un año después llegaría el mejor partido del Barcelona de Cruyff. Una remontada en Europa ante el Dinamo de Kiev. Presión muy alta tras perdida, el Dinamo sin poder salir de su campo, y mucha verticalidad y velocidad en el juego culé. Cruyff era un entrenador tan adelantado a su época que ya mostraba lo que iba a ocurrir 27 años después. Pero, 27 años después, el Bayern es aquel Barcelona, y el Barcelona es aquel Dinamo.

Cuando las cosas van bien, poco o nada hay que tocar, pero siempre aparece el hombre y su afán de obtener el mayor protagonismo. En 1996, el por aquel entonces presidente del Barcelona, Josep Lluís Núñez, empezó a filtrar informaciones a la prensa con la intención de perjudicar a Cruyff. Vaya, parece que se trata del año 2012 con Rosell y Guardiola, y más aún reciente con Bartomeu y Messi. Cada vez le escondían más información, los acuerdos se incumplían. Una situación de locos y relación presidente – emblema del club rota. Vaya, parece que Bartomeu es Núñez y Messi es Cruyff. Un día de ese año, 1996, Cruyff se entera por el periódico de que había sido cesado como entrenador del Barcelona. Así se entera Messi de las respuesta y decisiones de Bartomeu, y por el periódico Messi se enterara de lo que finalmente vaya a hacer Bartomeu.

El presidente Núñez empujó a Cruyff fuera del Barcelona, pero el Cruyffismo siguió en Barcelona ramificándose en múltiples versiones. Claro, Núñez no estaba de acuerdo con el Cruyffismo, pero como era lo que hacia ganar al equipo y sobre todo le gustaba al aficionado, pues adelante. Un presidente que prefiere ser populista antes que implementar sus ideas y creencias que cree que son lo mejor para el club. El Cruyffismo, sin Cruyff en ningún puesto del club, sigue latente en el Barcelona, desde el primer equipo, con entrenadores holandeses como Van Gaal y Rijkaard, hasta La Masía. Pero ya no era un Cruyffismo total, sino un Cruyffismo nuñista. Hasta que milagrosamente apareció Pep Guardiola, quien casi es más cruyffista que el propio Cruyff.

Con Guardiola, las ideas del Cruyffismo se fueron expandiendo mundialmente, y el Barcelona volvía a ganar mediante el mejor fútbol. Dos finales de Champions ante el United, el fútbol del pasado frente al fútbol del futuro. El Cruyffismo evolucionó y puso nuevamente al Barcelona en la vanguardia del fútbol. Se repite la misma historia Cruyff-Núñez pero con Guardiola-Rosell. Las cosas van bien y aparece el mayor enemigo del hombre, el hombre. Rosell, vicepresidente en 2004, quiere echar a Rikjaard y fichar a Scolari. Un entrenador y estilo de juego diferente. Rosell, presidente en 2010, obliga a Cruyff a renunciar a la presidencia de honor. Ante las cámaras, cruyffista, con los hechos, anticruyffista. Rosell, en 2012, empieza a filtrar a la prensa conflictos entre Messi y Guardiola. Con el equipo ganando, Rosell y Guardiola se reúnen, y la oferta de renovación es de broma. Guardiola se marcha empujado por Rosell.

Se fue Guardiola, y poco a poco emigraba el Cruyffismo del Camp Nou. Las formas de cruyffismo mutaron con nuevos matices, pero solamente con Luis Enrique, precisamente el único que ganó la Champions después de Guardiola, pues los demás fueron tapaderas. Valverde no es un cruyffista práctica, eso es lo que te quería hacer ver el presidente Bartomeu. Quique Setién, a pesar de sus ideales encaminados, no es el nuevo Cruyff, eso es lo que te quería hacer ver el presidente Bartomeu. Bartomeu utiliza el Cruyffismo para atraer y mantener a los fieles, pero en realidad no predica lo que dice predicar. El Mini Estadi lo convierte en el Estadio Johan Cruyff, cuando en la actual cantera queda muy poco de Cruyffismo. Cuantos más discursos sobre el Cruyffismo, mejor para Bartomeu, cuantos menos hechos a favor del Cruyffismo, mejor para Bartomeu.

Hace 24 años, Núñez echo a Cruyff. Hace 8 años, Rosell echó a Guardiola. Hoy, Bartomeu echa a Messi. Leo emigra para escapar del conflicto provocado por el hombre que pone en peligro su forma de vida. Bartomeu lleva años invitando a Messi a salir, y este conflicto lo ha creado Bartomeu, no Messi. El argentino quiere irse a un lugar donde sea feliz y forme parte de un proyecto ganador. Quiere seguir manteniendo contacto con el Cruyffismo. Este se ira y dirán que el Barcelona es puro cruyffismo, pero nada lejos de la realidad.

En Barcelona el Cruyffismo solo existirá en las palabras populistas del presidente, pues este, de manera forzada, ha emigrado a lugares como Manchester, esa ciudad que el Barcelona del Cruyffismo convirtió en el fútbol antiguo, y que ahora es el fútbol del presente y del futuro gracias a lo que quisieron perder Núñez, Rosell y Bartomeu: el Cruyffismo.

Imagen principal vía: FC Barcelona

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