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La metamorfosis rossoneri

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El reciente intercambio entre Arthur y Pjanic por el FC Barcelona y la Juventus está dando mucho de qué hablar, y es inevitable que, viendo la gestión del club culé, se produzcan algunos flashbacks.

Era el 12 de marzo de 2013. Vuelta de octavos de Champions. La ciudad de Barcelona vibraba por la emoción. El FC Barcelona se jugaba la temporada en Europa a todo o nada después de haber perdido en la ida por 2 a 0 contra el AC Milán. Tito Vilanova, entrenador del Barça, asoma por el túnel de vestuarios del Camp Nou para admirar las gradas repletas, y vuelve al vestuario para dar la última charla a sus chicos. Massimiliano Allegri, entrenador del Milán, asoma por el túnel de vestuarios del Camp Nou para admirar las gradas repletas, y vuelve al vestuario para repasar una última vez la estrategia con su equipo.

Ambos equipos saltan al campo bajo el solemne himno de la Champions League. De parte de los azulgranas salen Valdés, Dani Alves, Piqué, Mascherano, Busquets, Xavi e Iniesta, y el tridente Pedrito, Messi y Villa. De parte de los rossoneri salen Abbiati, Abate, Mexès, Zapata, Constant, Ambrosini, Montolivo, Flamini, Niang, Boateng, y su estrella El Shaarawy. Tito Vilanova se saluda con Massimiliano Allegri. Mientras se estrechan la mano, Vilanova le susurra “che vinca il migliore”. Allegri le mira a los ojos y sonríe. Pero al volver a su banca, nota cómo se le eriza el vello del cuello. Sabe que algo no está bien. Y entonces sonó el pitido inicial.

Y sonó el pitido final. El FC Barcelona ha destrozado al conjunto al conjunto italiano por un estruendoso 4 a 0, remontando la eliminatoria. Un joven Leo Messi de 25 años, en la flor de la vida del futbolista, se comió al equipo milanés marcando dos goles antes del descanso, igualando la eliminatoria para los 45 minutos restantes, y luego Villa y Jordi Alba dieron los golpes de gracia. Al fin y al cabo, ese argentino bajito era el mejor del mundo, y ya iba camino de ser de los mejores de la historia, imparable. Y Massimiliano Allegri y su plantilla, se volvieron a Milán entre fiestas culés, y abucheos de la hinchada rossoneri.

Después de esa temporada y una primera vuelta nefasta de la siguiente temporada, Massimiliano Allegri sería destituido como entrenador del AC Milán el 13 de enero de 2014. Pese a que lo intentó, no supo hacer renacer a la institución milanista, que terminó de perder todo lo que había construido en la anterior década.

Si el principio del fin del club se dió con la venta de Kaká al Real Madrid en 2009, esta remontada fue la confirmación del fracaso desastroso del que antaño había sido considerado el gigante más temido de Europa, y al que ahora veían como un cementerio a donde estrellas como Robinho, Beckham, Ronaldinho o el mismo Kaká iban a terminar de apagarse, como un proyecto que, tras varios bailes en la presidencia, como Berlusconi, Galliani o la actual comisión presidencial, nunca terminaría de cuajar.

Era el 7 de mayo de 2019, Ernesto Valverde, entrenador del FC Barcelona, se bajaba del autobús del equipo para adentrarse en el estadio, aunque se tomó un pequeño tiempo para admirar Anfield. Se notaba algo más nervioso que de costumbre. Salió del vestuario junto a sus chicos un rato después, y saltó al campo. La grada cantaba el famoso You’ll Never Walk Alone. Sabía que los noventa minutos en Anfield serían muy largos, pese a haber ganado la ida de esas semifinales de Champions 3 a 0. El fantasma de la remontada el año anterior de la Roma pasó de forma fugaz por su mente.

En el banquillo de al lado, Jürgen Klopp tarareaba la canción mientras miraba a la grada. Había hecho de un club legendario en decadencia, uno de los equipos más temidos de Europa, y en solo unos pocos años. El año anterior llegó a la final de la Champions, y perdió contra el Real Madrid, que ganaría su tercera copa seguida. Durante tres años habían sido invencibles en Europa. Pero este año ya no estaban. Este año no les pararía nadie, se dijo, y sonrió bajo las gafas y la gorra del Liverpool. Si remontaban el 3 a 0, y él confiaba plenamente en sus chicos, volverían a la final de Champions. Tendría la oportunidad de arrancarse la espina del año anterior. Y entonces sonó el pitido inicial.

Y sonó el pitido final. Valverde vió cómo sus jugadores abandonaban el campo cabizbajos, desolados, destruidos. Lionel Messi, el mejor jugador de la historia, no había sido suficiente a sus 31 años para evitar la remontada de un atronador Liverpool. Otra vez había ocurrido. El fantasma del gol de Manolas el año pasado había sobrevolado el campo cuando Alexander-Arnold sacó ese córner rápido, con la defensa del Barça confundida y distraída, que aprovechó Origi para clavar el cuarto gol al fondo de la red. El que significaba su pase a la final una vez más. El FC Barcelona ya no es lo que era.

Después de esa temporada, una primera vuelta mediocre y la derrota en la Supercopa que acabaría ganando un Real Madrid venido a mucho menos, que no se había terminado de recuperar tras la salida de Cristiano Ronaldo, Ernesto Valverde sería destituido como entrenador del FC Barcelona. Las críticas de los propios jugadores, como el capitán Leo Messi o Gerard Piqué, hacia la directiva a través de las redes sociales, hacían hervir el vestuario y habían sacudido los cimientos de la organización al completo. La mala gestión económica, la horrible planificación de plantilla, y la destitución de Valverde habían detonado una bomba que llevaba colocada hace tiempo en el corazón del club.

Y ahora Josep María Bartomeu, presidente del Barça, en un último intento desesperado de mantener el sillón, va a intercambiar a uno de los mejores proyectos de centrocampistas del mundo (el brasileño Arthur Melo, de 23 años) por uno de los mejores centrocampistas de la última década (el bosnio Miralem Pjanic, de 30 años) que parece que ha iniciado su decadencia esta temporada. Leo Messi ya tiene 34 años. El resto del núcleo de la plantilla supera los 30 años con creces, y no hay un relevo joven generacional claro como sí tienen otros equipos, como el Real Madrid. Se cree que Bartomeu quiere hacer un all in y jugárselo todo a una última carta: aprovechar los últimos dos o tres años de Messi para levantar una última vez el trofeo de la Champions League.

Pero no existe un plan claro casi ni a corto plazo, y no hablemos de medio o largo plazo, para dar continuidad a la estancia en la élite de este club legendario. La mitad de la directiva dimitió del club después del despido de Valverde. No hay ni siquiera un plan para suplir a Messi cuando se retire. La plantilla del primer equipo tiene una media de edad cercana a los 28 años (contando con Pjanic y no con Arthur). Las únicas luces que aparecen al final del túnel son De Jong, Ansu Fati y Riqui Puig. El club, además, pasa por una debacle económica sin precedentes, agravada además por la pandemia del coronavirus, por la que han tenido que recurrir a hacer ERTEs a sus jugadores y a su personal.

El Barcelona también arrastra el lastre de numerosos y sonados escándalos de la anterior directiva, presidida por Sandro Rosell, como la gestión del fichaje y posterior venta de Neymar (con denuncia del jugador incluida), o el famoso trasplante de hígado de Eric Abidal; aparte de sanciones por incumplimiento del Fair Play financiero.

Sin dinero para fichar, se intenta sobrevalorar a una Masía (que parece en decadencia), de la que ya salió una generación espectacular, para justificar la no inversión de dinero en atraer talento extranjero. Incluso este verano, uno de los mayores talentos de la generación que saldría ahora de la Masía, el japonés Takefusa Kubo, fichó por el máximo rival, el Real Madrid, en verano tras la incompetencia de la directiva para proponerle un plan de futuro que convenciera al jugador. Y luego está la operación de Arthur y Pjanic, que tiene toda la pinta de servir al club para maquillar cuentas de cara a la economía del club y el Fair Play financiero, que por temas deportivos.

Es inevitable ver a este Barça y recordar esa decadencia del AC Milán, de la cual, a día de hoy, no ha salido. Ver que sigue por el mismo camino cuesta abajo sin frenos. Sin nadie al mando. La caída del Milán tuvo una repercusión enorme en el fútbol italiano, pasando de ser una de las ligas más competitivas (si no la que más) a ser considerada una de las ligas más flojas y poco competitivas de entre las «grandes» de Europa.

En temas deportivos, lo marcó el fin de esa generación dorada rossoneri con Maldini, Seedorf, Kaká, Pirlo, Gatusso, Nesta, Cafú y compañía, y la desbandada posterior de talento a otros países, como Zlatan Ibrahimovic o Thiago Silva junto a la incapacidad de aprovechar el talento joven del club con jugadores como Alexandre Pato o Hachim Mastour. También se añadieron los fichajes de exestrellas en sus etapas finales de la carrera, ya habiendo sido desechados por otros clubes, como Ronaldinho, Beckham, Robinho e incluso Kaká después de cuatro temporadas a un nivel extremadamente bajo del Real Madrid (en comparación con el que tuvo en su anterior etapa en el propio Milán).

En temas económicos, este fue uno de los motivos, del bajón de status y valor de todo el fútbol italiano. La retirada y la huida del talento revalorizó toda la liga a la baja. Sólo se mantuvo en pie la Juventus, ya que el Inter de Milán también pasó por una reestructuración durísima después de la etapa de Mourinho. Aunque parece que se está recuperando ahora bajo las órdenes del técnico Antonio Conte.

También puede guardar similitud con la salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid hacia la Juventus, que hundió a un Madrid que venía de gobernar Europa con mano de hierro ganando cuatro de las últimas cinco Champions, y al que siguió una temporada desastrosa en cuanto a nivel y títulos. Su salida se notó en la revalorización del resto de los equipos de La Liga, e incluso el mero rumor de su traspaso a la Juventus realzó las acciones en bolsa del club turinés y de la Serie A como entidad.

Aun así, el Real Madrid ya había empezado a invertir en cantera, fichando a todo el talento joven extranjero posible, como el noruego Martin Ødegaard, el español Marco Asensio, el uruguayo Fede Valverde, o el brasileño Vinícius Jr. Y actualmente siguen atrayendo y formando unos cimientos sólidos para cuando se necesite dar el relevo generacional, con jugadores como Mendy, Militao, Rodrygo, Jović y muchos más. No podemos ni imaginar lo que pasará cuando se retire Messi, icono de La Liga, dentro de un par o tres años, y será aún peor si el FC Barcelona no tiene preparado un buen relevo generacional para ese momento.

La caída de un auténtico gigante del fútbol mundial como el FC Barcelona, y la marcha de los dos mejores jugadores de la historia, con una rivalidad legendaria, que han estado al nivel más alto durante diez años, regalándonos encuentros intensísimos entre los dos equipos con la enemistad más icónica de la historia del fútbol, puede significar algo más y ser más grave que una mera mala etapa, o un cambio de ciclo histórico para el fútbol español.

 

Imagen principal vía: Juventus FC.

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