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La lucha en Cádiz no se negocia

Cervera, el arquitecto de un Cádiz de primera
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El Cádiz de Álvaro Cervera es un equipo que vive, crece y prospera en los extremos más radicales. Una anomalía que se está convirtiendo en norma.

A pesar de que muchos tildarán a este Cádiz de adjetivos como: «anti-fútbol», «cagones», «aburridos» y de más calificativos absurdos. La realidad es muy diferente. Álvaro Cervera ha conseguido formar un bloque con unos automatismos tan sumamente marcados, que han pasado de ser consignas futbolísticas a un estilo de vida. Han interiorizado tantísimo su manera de jugar que es inconcebible pensar en cualquier alternativa. No solo creen ciegamente en su modelo de juego, o en su entrenador -que es de los muy muy buenos-, sino que se retroalimentan los unos del sufrimiento de los otros y viceversa. Cuanto más esfuerzo y más sacrificio deban sufrir, más luchan. Es la sensación de cada vez que miras a un compañero, verle dispuesto a dar su última gota de sudor por, no solo su equipo, sino por ti. Y es que la lucha, en Cádiz, no se negocia.

Fase Defensiva

Su juego nace, crece y muere a partir de su fase defensiva. Una fase defensiva peculiar hoy en día. En los tiempos que vivimos, donde la presión y ansia por robar lo antes y más arriba posible predomina el mundo del fútbol. El Cádiz es un oasis para aquellos amantes de la disciplina y rigor táctico. Cerrando en un bloque bajo, acostumbra a un 4-4-2 bastante marcado, con las líneas muy juntas, anulando cualquier opción por carril central. La consigna que más llama la atención es su pasividad, para bien. No es un equipo que te vaya a acosar la recepción, a menos que sea entre ambas líneas de 4. No tienen prisa. Te frustran. Jamás van a cometer un salto precipitado o una «salida de tono» individual. Su paciencia es infinita en este sentido. Saben que la fuerza del individuo nace del bloque, y este, por tanto, se debe conservar a toda costa. 

Transición Defensa-Ataque

El Cádiz lo tiene clarísimo, cuanto más tiempo pase defendiendo, más va a frustrar al rival, lo que le llevará a tomar decisiones cuestionables. Todo esto desemboca en el entorno idílico para los gaditanos. Una vez roba el Cádiz, busca a Álex Fernández, como sea, él es su lanzador de referencia. Recibe balón, y en apenas 2 toques, ya reconoce a Salvi Sánchez -o cualquiera que cubra su rol- dándole amplitud al campo y no duda en lanzar. A todo esto, Álvaro Negredo está acompañando la jugada con la convicción de que todo ese rigor táctico va a valer la pena una vez empuje ese balón a puerta. Verticalidad y convicción. Saben que al pasar tanto tiempo en campo cadista, sus rivales se acaban descolocando, fruto de la búsqueda desesperada de espacios. Sin embargo, el efecto es el contrario, esta colocación genera espacios a su propia espalda, y estos ya es solo cuestión de tiempo que sean explotados. Pues cuando te enfrentas al Cádiz, te enfrentas a una máquina, sus jugadores no piensan. Ejecutan.

Los 11 camisas amarillas de Cervera

En definitiva, Álvaro Cervera ha logrado convencer a todos sus jugadores de que deben acatar su modelo de juego, hasta el punto de que ni en los peores momentos se les ocurre, siquiera pensar, que la razón de la mala dinámica puede ser remotamente cercana a la presencia de su entrenador. Si a esto le sumas que el modelo que propone Cervera es simplista, en el mejor sentido de la palabra, te sale un equipo cuyas virtudes son pocas, pero estas pocas facetas, el conjunto las domina. Al simplificar tanto su plan, también logra alcanzar el poder de la repetición. El Cádiz ve pocos escenarios por partido, pero estos escenarios los ha visto y revisto miles de veces, tanto en partidos como en entrenos. Bajo el mando de Cervera, más que un equipo parece un ejército. Y más que un entrenador parece un comandante.

 

Imagen Principal vía: @Cadiz_CF

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