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La flor de Simeone

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Los mejores entrenadores no son los que ganan más títulos, sino los que más hacen crecer a sus futbolistas.

Estos días leí que Simeone cumplió 9 años al frente del Atlético de Madrid. Números impensables en Guardiola, Zidane o cualquier entrenador que usted me nombre, y más en un fútbol carente de paciencia y lleno de exigencia. Por esto tiene mucho mérito el trabajo del técnico argentino y el proyecto ascendente del club rojiblanco. ¿Se acuerdan del primer partido de Simeone como entrenador del Atlético? Un 0-0 en el campo del Málaga. Ahora visualicen, 9 años después, el último partido disputado del Atlético (0-2 ante la Real Sociedad). Mucho mejor lo de ahora, pero lo de ahora mañana quedara como un resultado más, mientras que lo de hace 9 años seguirá siendo la base desde la que construir el futuro. Esa es la clave del Atlético de Madrid para mantenerse tanto tiempo en lo más alto, querer siempre crecer, renovarse, evolucionar y construir desde la base.

Pongamos que el Atlético de Madrid de Simeone es una flor. La flor de Simeone. En realidad, todos los equipos, todos los proyectos son flores. Pones la semilla, riegas todos los días, tienes paciencia para que crezca, crece la flor y, para que no se muera, debes renovar constantemente el regado para que siga creciendo. Suena sencillo, como el fútbol, pero hasta las flores más preciosas han muerto porque sus responsables no fueron capaces de seguir haciéndola crecer.

Al cuarto año, la flor de Guardiola en Barcelona murió. Al tercer año, Zidane dejó a su flor al ver que no podía hacerla crecer más. Guardiola y Zidane sí regaban la base de la flor, pero el método de regado ni evolucionaba y tampoco se adaptaba al contexto. Existía voluntad para evitar la muerte, pero no había ganas de hacer seguir creciendo a la flor para, antes de que mantenerse vivo, alejarse aún mas de la muerte.

La vida y el fútbol siempre te ponen pruebas en el camino. La flor de Simeone, a pesar de que se ve bonita y fuerte, ha pasado por etapas muy duras en sus 9 años de vida, y las pasará en los próximos años. Ha habido inviernos muy duros, como perder dos finales de Champions ante el eterno rival. Rachas de viento que constantemente derribaban a la flor, como tener que desprenderse de aquello que te hizo tocar el cielo y asumir un año de transición. Y sequias, como la falta de gol.

Parecía imposible superar esas pruebas de la vida, pero en el Metropolitano rezan que nunca se debe dejar de creer. Llueva, truene o relampaguee, Simeone siempre busca la forma de, desde y pensando en la base, enriquecer al equipo y hacer crecer un poco más a su flor. Y el club, cuando la flor ha estado más cerca de la muerte, es cuando más ha confiado. La paciencia, la bendita paciencia.

Siempre hay algo en lo que se puede mejorar. Proponer nuevos retos que obliguen a los mejores jugadores del mundo a salir de su zona de confort cuando parece que están tocando su techo. La fuente Simeone sabe como suministrar el agua, que son los jugadores, a la flor. La fuente se renueva para que nunca deje de echar agua y así evitar la muerte de la flor. Y repito, todo desde la base, desde aquel 0-0 en Málaga. Cada temporada que pasa, la identidad del Atlético es la misma, pero el equipo es mejor y más completo. Con lo difícil que es que un equipo evolucione en el máximo nivel y más cuando parece que ya no se puede hacerlo crecer más. Simeone lo hace posible, y ya lleva 9 años. La flor de Simeone.

 

Imagen destacada vía: Atlético de Madrid.

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