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La final más merengue de la Copa del Rey

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El Real Madrid alzó la Copa del Rey de 1979-1980 ante el Real Madrid Castilla. Fue la primera vez que se dio un encuentro de este calibre.

La Copa del Rey es el campeonato futbolístico más longevo de la historia de España. Nacida en 1903 tras el éxito rotundo del Concurso Madrid de Foot-ball Association el año anterior (conocida como Copa de la Coronación como motivo de la mayoría de edad del monarca Alfonso XIII)  la Copa del Rey se encargaba de designar al campeón de España. Esta competición brota en el seno intelectual de los que, a la postre, se reconocerían como fundadores del actual Real Madrid: Carlos y Juan Padrós.

Y es el propio club blanco el principal protagonista de estas líneas, pues tras 117 ediciones de la Copa del Rey, cabe destacar una final. Un partido muy especial para la historia del conjunto madridista por ser “la final más blanca de todas». ¿Pero por qué? Porque enfrentó al Real Madrid ante su filial, el Real Madrid Castilla. Para ello, debemos remontarnos hasta la temporada 1979-1980, concretamente el 4 de junio de 1980. Aquel día se vivió algo inédito en la competición copera hasta la actualidad.

La hazaña del filial madridista fue mayúscula. Logró derrotar a dos clubes de primera división como en aquel entonces eran el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad. Previo a ello, tuvo que remontar un 4-1 ante el Hércules CF, revirtiendo la eliminatoria con un marcador global de 4-5. En semifinales, también sufrió para alcanzar la tan ansiada final. Incluso, tuvieron que volver a recurrir a la épica para deshacerse del Sporting de Gijón dándole de nuevo la vuelta a la eliminatoria tras endosar un 4-1 a los asturianos que partían con un 2-0 favorable tras la ida. El ADN del Real Madrid hizo presencia en el filial.

El Real Madrid, por su parte, derrotó en el encuentro previo a la final a su rival capitalino, el Atlético de Madrid. El desenlace tuvo lugar tras una tanda de penaltis favorable a los de Concha Espina después de un 1-1 en la disputa de vuelta. Previamente, el conjunto blanco sobrepasó al Logroñés y al Real Betis, con unos marcadores globales de 5-2 y 3-2 respectivamente. Dichas victorias permitieron el camino al Santiago Bernabéu. Pues, albergaría el desenlace de esta peculiar edición de Copa del Rey.

El templo merengue acogió a ambos contendientes y, también, cerca de 65.000 espectadores que alentaron a ambos equipos de pie. Se vivió algo irrepetible. De hecho, de cara a la próxima edición, se denegó la participación de los equipos filiales. Por lo tanto, incrementó el valor de este extraño suceso. Aunque, ese mismo año el Castilla hizo aparición en la Recopa de Europa cayendo en la primera ronda ante el West Ham. Sin embargo, ha sido el único filial en disputar una competición europea.

Finalmente podríamos afirmar que la conclusión fue la esperada. El primer equipo pasó por encima de su segunda unidad endosando un 6-1. Los noveles se hundieron ante el planteamiento indicado por su técnico, que fue demasiado conservador. Tras el pitido inicial, el primer equipo no actuó con condescendencia, todo lo contrario. Se comportó como una auténtica apisonadora.

El conjunto blanco dirigido por Vujadin Boskov saltó al césped con:

García Remón; Andrés Sabido, Goyo Benito, Pirri, José Camacho; Ángel de los Santos, Vicente del Bosque, Uli Stielike; Juanito, Santillana y Cunningham.

El Real Madrid Castilla, con Juanjo García a los mandos, conformó el siguiente once:

Agustín Rodríguez; Juanito Felipe, Kike Herrero, Castañeda, Casimiro Torres; Ricardo Álvarez, Ricardo Gallego, Miguel Bernal; Francisco Pineda, Paco Machín y Valentín Cidón.

Juanito abrió el marcador, después Santillana materializó el segundo. Sabido y Del Bosque agrandaron la ventaja en la segunda parte para establecer el 4-0 en el marcador. Álvarez anotó el gol del honor para el filial madridista; pero García Hernández (que entró en la segunda mitad) anotó el quinto a favor del primer equipo. Y para el desenlace del partido, Juanito cerraría con un gol de penalti que supondría el sexto y último tanto del encuentro.

No obstante, pasase lo que pasase, la victoria terminaría por ser, sí o sí, de color blanco. De esta forma, Pirri levantaría, en el Santiago Bernabéu más blanco hasta la fecha, uno de los trofeos más especiales de la historia del Real Madrid.

 

Imagen principal vía: AS.com.

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