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La felicidad de Griezmann

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Griezmann se está empeñando en buscar insistentemente la felicidad, cuando ésta no se busca, sino que se encuentra.

La lógica del sentido común dice que si queremos un objeto, vamos a la tiendo y pagamos un dinero por ello, haciéndonos de esa manera con aquello que deseábamos. Pero esa lógica mundana que nos empuja hacia el éxito, el dominio y el dinero, no nos va a procurar una sensación de felicidad. Y es que la felicidad no se busca como un fin, sino que se encuentra como consecuencia de nuestros actos en la vida. Eso nos lo dice la lógica espiritual, el sentido común de nuestro corazón, de lo que somos. Como fin, la felicidad es inalcanzable. Cuanto más la persigas, más se alejara. Griezmann, desde que en su momento ficho por el Barcelona, se empeño en buscar la felicidad que siempre había deseado, cuando realmente vivía en un estado de felicidad.

Griezmann me recuerda mucho a Kevin McCallister, el niño protagonista de ‘Solo en casa’, esa película que todas las navidades copa la parrilla televisiva. Kevin consigue su deseo de alejarse de su familia y visitar Nueva York. Durante los primeros días era todo felicidad, hasta que de repente se siente sólo en una realidad social que no se adaptaba a su identidad. Al final, su madre lo rescata y lo devuelve a su casa, con su familia, donde, aunque materialmente no lo parezca, espiritualmente alcanza la felicidad. Griezmann siempre quiso jugar en el Barcelona y con Messi, pero en su momento no se dio cuenta o no quiso darse cuenta que él y sus caracteristicas futbolísticas no encajan en Can Barca. De vez en cuando, Deschamps le lleva a Francia y recupera su sonrisa, pero siempre le acaba devolviendo a Barcelona, donde no habla el mismo lenguaje que los demás.

Desde que Cruyff puso a Lineker de extremo en el 4-3-3, la posición de extremo se convirtió en un puesto clave en el modelo Barca. Con los extremos abiertos es cuando se ha visto al mejor Barcelona. Abiertos para progresar por fuera y el lateral por dentro, o abiertos para encarar portería en diagonal con el lateral doblándole por fuera. El Griezmann de la Real Sociedad si podía encajar en la posición de extremo. El Griezmann del Atlético no podía encajar en ningún puesto ofensivo del Barcelona. Bueno sí, en la de Messi, en la de jugar con libertad y ser influyente en el juego colectivo, pero para eso ya está Messi. El Griezmann del Atlético y de Francia, el mejor Griezmann, el Griezmann más influyente y decisivo, el Griezmann que decidió, equivocadamente, fichar por el Barcelona, no encajaba ni encaja en el lenguaje Barca.

Griezmann usó su ‘alma’ futbolística de cualquier manera, intentando hacerla sentir feliz con algo para la que no estaba preparada. Griezmann, al igual que Kevin McCallister, no se fijo en el contexto del equipo por el que acabo fichando. Por más que nos guste algo y volquemos nuestra vida en ello, difícilmente ese deseo podrá transmitir una verdadera plenitud si no se emplea el alma para aquello que fue creada. Ha cumplido su deseo de jugar en el Barcelona, pero no ha alcanzado la felicidad porque ésta, para él, en Barcelona es un fin, y no una consecuencia. ¿Con esto quiero decir que Griezmann nunca va a ser feliz en el Barcelona? No. Él, por unas condiciones futbolísticas que muy pocos jugadores en el mundo poseen, puede adaptarse a cualquier equipo. Y más con el 4-2-3-1 de Koeman.

Pero Griezmann tiene que pensar menos en esa felicidad deseada como culé, y trabajar más en el día a día,. De esa manera, trabajando y cumpliendo objetivos, y sin esperarla, alcanzará la felicidad. Date a los demás, sin pensar en ti mismo. Cuanto más pienses en la felicidad del equipo y menos en la tuya, más cerca estarás de alcanzar tu propia felicidad, que será una consecuencia de vivir para lo que estas hecho, para jugar extremadamente bien al fútbol. Griezmann, la felicidad no se busca, se encuentra.

 

Imagen destacada vía: FC Barcelona.

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