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La calavera de cristal

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El Real Madrid es el nuevo campeón de Liga. Una plantilla con varios nombres propios, pero el más importante de todos, ha sido el de Zinedine Zidane.

Hay una canción que a mi madridismo personal le levanta mucho el ánimo. Y le da esperanza. De esa de la que ya tan poca queda cuando toda la afición no empuja, sino exige buscando siempre el máximo éxito del equipo. Que no es capaz de saborear ningún título.

Vivo en una encrucijada constante con ese inconformismo que ha quedado instalado en la filosofía del Real Madrid. Por una parte estoy de acuerdo, es la mentalidad del equipo ganador, del alfa. Del que manda. Por otra, a veces me molesta. No deja descansar, ni deja disfrutar. Y para mí el deporte es exactamente eso, un descanso, un punto y aparte del resto de cosas de mi vida, y del que también disfruto. Y para esta gente, al final del día el fútbol es solo fútbol. Exigen y piden responsabilidades, pero no apoyan cuando hace falta. No tienen ese sentimiento o esas ganas de vislumbrar lo desconocido. Porque la figura de la que trata el texto es exactamente eso. Lo desconocido.

Todo el mundo cree poder anticiparse a él pero nadie lo consigue. Tiene, e influye, esa mentalidad de apisonadora pero también hace que disfrutes como nunca. Y muchas veces improvisa.

Como esos viajes con tus amigos que planeas de un día para otro y te lanzas al vacío con una mochila con tres calzones y dos camisetas. Como cuando haces zapping por la televisión y te quedas enganchado en una película que has visto miles de veces, que no es un prodigio técnico, pero que siempre disfrutas. Una película como las de Indiana Jones.

Y es que muchas veces veo en el doctor Henry Jones a Zinedine Zidane. Porque no sabe cómo pero siempre sobrevive, encima le salen bien las cosas, y además se lleva a la chica. Zidane se lleva copas, pero el símil me viene al dedo.

Así que, para comenzar esto, me gustaría que escuchaseis la canción “Zinedine Zidane”, del grupo australiano Vaudeville Smash, canción a la que religiosamente acudo cuando Zizou hace algo extraordinario. Y como siempre me cuesta saber por dónde empezar, esta vez iré al principio. Aquí os dejo los primeros versos de esta canción:

In 1972, under a scorching June sun
In the french coastal town of Marseille
Two algerian inmigrants, awaited the birth of their fifth child.
Later that day, a star was born.

Así fue el principio del principio. El nacimiento de una leyenda, de una figura absolutamente irrepetible. Su primera vez fue con el Cannes, posteriormente tuvo un par de novias más, el Girondins de Bourdeaux y la Juventus. Y finalmente, el Real Madrid. No había otro camino. Era Inevitable.

Su fichaje en 2001 fue como los cuentos de hadas o una película para adolescentes de Disney Channel. Se le propuso matrimonio, en tinta fresca desde el propio puño de Florentino, en una servilleta de un restaurante de Mónaco. Y Zidane contestó “Yes”. Lo dijo en la celebración de La Liga Florentino Pérez, en una videollamada con El Chiringuito.

Y es que a partir de ese día cambió la historia del fútbol. Porque el Real Madrid le necesitaba después de tiempos turbios, y él acudió. Metió el mejor gol de la historia de la Champions y luego se retiró en el club, consagrándose como una de las más grandes leyendas del fútbol mundial.

Es que es curioso cómo la historia se repite. Después de retirarse se mantuvo vinculado al club, luego fue el segundo entrenador de Ancelotti, que nos dio la Décima. Y al poco tiempo, cuando más le necesitamos, volvió a aparecer. Rescató a un equipo muerto con la liga ya empezada, en plena caída libre, y ganó tres Champions seguidas, con una Liga y varios trofeos más de por medio. Se fue en el culmen de ese equipo.

Equipo que deambuló durante más de la mitad de la temporada sin encontrarse a sí mismo, el que había sido tricampeón de Europa. Ni Lopetegui ni Solari consiguieron hacer la revolución que prometieron y más pronto que tarde vieron sus cabezas clavadas en una picota.

Una plantilla muy envejecida, que había perdido su magia y sus guías (Cristiano Ronaldo y Zinedine Zidane). Pero el hijo pródigo volvió. Le cayeron muchas críticas, sobre todo por aquel fatídico partido de pretemporada que perdió 3 a 7 contra el Atlético de Madrid. Pero poco a poco, y con casi el mismo bloque de jugadores que sus predecesores, porque acabó confiando en los veteranos, fue formando un equipo sólido, dando minutos progresivos a los jóvenes.

Primero fue la Supercopa, queda en el recuerdo la patada de Valverde a Morata en el último segundo para cortar el contraataque y ganar el trofeo. Pero vino el Manchester City, y se fue la esperanza con ese penalti de Carvajal. Y luego nos la devolvió Marcelo en el siguiente partido, El Clásico, cuando paró un contraataque de Messi. Para mí el momento más crítico de la temporada. Pero se volvió a esfumar esa esperanza con la derrota del Betis, que nos ponía por detrás en Liga.

Y luego el confinamiento. En medio del caos, y de todo el bajón general que estaba sufriendo el equipo. Después volvió La Liga, y no volvieron a perder un partido hasta ganar el trofeo, otra vez (a expensas de lo que pase contra el Leganés).

En la celebración, Florentino Pérez dijo que desde que lo firmó en 2001 había sido “una bendición del cielo”. Me gusta imaginarme que cuando lo cuenta, lo hace con esta famosa cita de Los Vengadores:

«Surgió una idea…

Reunir a un grupo de personas excepcionales para ver si podíamos convertirnos en algo más y, cuando nos necesitaran, poder librar las batallas que nadie más podría.»

Porque en el fondo, es exactamente esto lo que ha hecho el presidente, reunir a un grupo de personas excepcionales para poder ganar los partidos que nadie más podría.

Muchas veces me hace gracia leer en redes algunas cosas que se dicen de él y otras veces, según cómo me pille, me da pena. Porque la afición no sabe valorar. Veo muchas predicciones de enterados que creen saber más que él. Que Zinedine Zidane.

De ahí el título, él es una calavera de cristal, y por ser de cristal muchos creen ver lo que pasa por su mente. Pero no es de cristal transparente, sino translúcido. Porque es impredecible, porque él sabe cosas que nosotros no.

Y es que no hay que entenderle, porque es imposible, hay que disfrutarle mientras dure, mirad lo que pasó la última vez que se fue sin avisar. Porque la historia se repite, y ya tiene la Champions en el horizonte.

Imagen principal vía: Real Madrid CF

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