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Joao se estampó contra la Cerámica

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Villarreal y Atlético empataron a cero en un encuentro con muchas ocasiones pero nula precisión, alargando sus respectivas malas rachas.

Saltaron al césped del Estadio de La Cerámica dos equipos cuya cegación por ganar, por el mero hecho de acumular tantas jornadas sin hacerlo, se está tornando en ansiedad. Esto se tradujo en ocasiones, muchas ocasiones, para los dos equipos. El fin justifica los medios y, aunque estos fuesen poco ortodoxos, podrían servir para cortar una sangría que ya se está alargando más de la cuenta para groguets y colchoneros. Sin embargo, nadie consiguió meter el balón en la jaula. Por intervención del guardameta de turno, por falta de precisión o por el poste, ni Villarreal ni Atlético de Madrid lograron perforar la meta de su rival. De esta forma, cosecharon un empate sin goles que aleja a ambos de sus objetivos y hace más profundo el hoyo en el que se han metido.

Que era un duelo que rozaba el drama tanto para amarillos como para rojiblancos se vislumbraba desde los primeros compases del encuentro. Apenas acababa de salir del verde Roberto Bautista tras hacer el saque de honor cuando la escuadra de Calleja ya estaba tratando de parapetar a los de Simeone atrás. De esta forma, se quedaron cerca de abrir el marcador en el minuto dos mediante un saque de esquina. El remate de Anguissa no entrañó dificultad alguna, pero Chukwueze lo intentaría poco después. Este acoso inicial no se convirtió en derribo, y los visitantes replicarían con dos intentonas por parte de Joao Félix. Consecutivamente, volvería a la carga el conjunto castellonense por medio de Gerard Moreno.

Imagen: Atlético de Madrid

De esta forma, el encuentro se convirtió en lo que a la postre sería: un correcalles. Uno de esos partidos que tan poco gustan a los entrenadores, partidarios de tenerlo todo bajo control, pero que tanto encandilan a los aficionados, siempre agradecidos con las situaciones de peligro. Pretendía el Atleti en esta batalla volver a la hoja de ruta que Simeone confeccionó a principios de temporada. Este plan pasaba por la circulación del juego por dentro liberando las bandas para que, por allí, campasen a sus anchas Santiago Arias y Renan Lodi. Calleja, conocedor de esta circunstancia, se decantó por añadir más músculo a su «sala de máquinas». Vicente Iborra como ancla, bien escudado por Zambo Anguissa y Trigueros, se iban a encargar de convertir el plan del Cholo en papel mojado.

Más allá de la solidez que el conjunto groguet consiguió de este modo, dio con la tecla para transmitir temor cada vez que se acercaba a los dominios de Oblak. El Atlético no le concedió demasiada importancia a la presión tras pérdida, no se preocupó por atosigar al Villarreal adelantando líneas. Se limitó a construir sus dos líneas de cuatro, innegociables para Simeone. Esta circunstancia permitió al submarino sacar el balón jugado a su antojo. Lo gestionó moviendo el esférico de lado a lado. Con gran éxito, porque esto realmente le entrañó dificultades a la defensa rojiblanca, que se las vio y se las deseó para tratar de secar a Gerard Moreno y a Chukwueze. La labor de Felipe y Hermoso en esta empresa fue, una vez más, encomiable.

Protagonizando la otra parte implicada de este correcalles, el Atleti también pudo generar un buen número de situaciones para batir a Sergio Asenjo. El peligro por parte de los colchoneros estuvo encarnado en una figura: la de Joao Félix. El joven portugués, que esta vez sí que jugó los noventa minutos, lo intentó de todas las formas posibles. Una vaselina que se marchó alta, un remate al palo, otro al lateral de la red, otros tantos blocados por Asenjo… Todos sirvieron para engordar la producción ofensiva de Joao en el partido en el que más activo estuvo, pero ninguno para lograr el ansiado gol. También valieron para ejemplificar la ansiedad del equipo madrileño por acabar con la sequía goleadora. Una sequía que se sintetiza en 16 goles en 16 jornadas, que hace tiempo que pasó a ser alarmante y que agranda la quimera a cada semana que transcurre.

Imagen: Atlético de Madrid

Más de sesenta años. Eso es lo que hay que retroceder en el tiempo si queremos observar una racha parecida del Atlético de Madrid en Liga. Fue en la temporada 57/58. Por aquel entonces, los rojiblancos encadenaron seis encuentros sin ganar lejos del viejo Metropolitano. De momento, son ya cinco las citas en las que este año no han logrado un triunfo a domicilio. No parece un momento propicio para jugarse el próximo miércoles su presencia en octavos de Champions.

No obstante, no deja de ser una buena ocasión para comenzar a retomar el rumbo. Debido a su situación en el grupo D, no tendrán más remedio que llevarse el gato al agua ante un Lokomotiv que ya no se juega nada. O eso, o esperar que el Leverkusen no consiga llevarse el triunfo ante la Juventus, que ya es matemáticamente líder. Pero esto no debe entrar en los planes del Atlético. Como dice Simeone, no es plan de «ponerse a tomar el sol».

 

Imagen principal: Atlético de Madrid.

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