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Jai-alai, la versión vasca del squash

Con lanzamientos de hasta 290 km/h, esta práctica se establece como el deporte de pelota más rápido del mundo
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También llamado cesta punta, este deporte originario de Euskal Herria combina varios elementos de la pelota.

Por si un deporte que consiste en usar las propias manos para hacer las veces de raqueta en un frontón no era suficiente, esa misma región al norte de España es la precursora del establecido como deporte de pelota más rápido del mundo. Y es que los habitantes del territorio de Euskal Herria siempre han intentado (y logrado) asombrar al mundo con sus prácticas y comportamientos extremos.

Y fue a principios del siglo XIX cuando, en la localidad de San Sebastián, se construyó el primer frontón de granito puro y de dimensiones mucho mayores a las de la pelota vasca, con la intención de establecer el nacimiento de una nueva práctica. Y es que los ciudadanos donostiarras cansados ya estarían de usar sus manos para golpear la pelota. De esta forma, se sustituyó los cinco dedos por una cesta de grandes dimensiones y el esférico adquirió una dureza mayor a la de una bola de golf.

Lo más importante, no interponerse en la trayectoria de la pelota

Con un lanzamiento similar a un latigazo y un golpeo de pelota que se asemeja a un disparo de cañón, cualquiera que tenga la suerte de entrar en competición tendrá que poner los cinco sentidos en especial funcionamiento. Hasta 300 km/h ha registrado este deporte en sus mejores lanzamientos. Normal es que esta disciplina lleve un casco para los pelotaris incorporado.

Su método de juego similar es al de la pelota vasca. Dos equipos formados por dos pelotaris (o uno en la disciplina individual) se enfrentan en dos sets de 21 puntos con uno extra de 15. Las normas bien sencillas son. El pelotari que ataca debe impactar la pelota en el frontis (pared frontal) con el objetivo de que esta de dos botes sin que sea alcanzada por el equipo contrario.

Una fiesta mundial

El País Vasco no es el único territorio en gozar de esta centenaria práctica. Los años 70 y 80 en los Estados Unidos vivieron con gran entusiasmo la popularidad de este deporte bajo sus fronteras. Y, como efecto dominó, poco tiempo pasaría hasta que los países vecinos del gigante norteamericano incorporaran esta práctica a sus quehaceres diarios.

De esta forma, México, Cuba o Puerto Rico comenzaron a formar jóvenes talentos en el arte del jai-alai. Y no solo sería al otro lado del charco donde llegaran los fuertes chasquidos de la pelota impactando contra el frontón. Francia (gracias a la influencia del Iparralde) e Inglaterra también comenzarían a participar en los campeonatos mundiales de esta modalidad.

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