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“Iceman” Llull

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El 15 de noviembre de 1987 fue un día de lo más común para la mayoría de la sociedad occidental, un domingo tranquilo para muchos que aprovecharon el día festivo para descansar; pero a la vez, en Mahón (Menorca), nacía Sergio Llull, una persona que quiso contradecir la teoría dominguera y que a día de hoy representa el nervio, la garra personificada, y el coraje para no tirar la toalla.

Ese chico al que le costó muchos años crecer en cuanto a estatura, estaba destinado a ser de los más grandes para los amantes del baloncesto. Ya desde pequeño narraba sus partidos idolatrando a Alberto Herreros, uno de los mayores culpables junto a su familia de que haya escogido defender la camiseta del Real Madrid; y de Michael Jordan, el responsable de que esa misma camiseta lleve el “23” a la espalda.

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La Salle de Mahón fue el equipo en el que se formó, creció y en el cual ocupó sus primeras portadas en el mundo del baloncesto después de que le endosara 71 puntos en su cuenta particular al Jovent de Alaior. Días después, en el año 2003 y cuando tenía la edad de 15 años, tuvo que dejar su ciudad natal para dar el salto a Bàsquet Manresa, un cambio que no fue fácil a nivel individual para él ni desde el punto de vista baloncestístico ni personal, dejando a su familia y amigos en la isla. Fue con dicho equipo, tras dar un importante estirón que parecía que nunca llegaría, con el debutó en el baloncesto profesional el 8 de enero de 2006; pero a pesar de vestir esos colores con honor, algunos de sus compañeros y amigos han declarado que sus sentimientos ya por entonces eran madridistas.

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Su salto al primer equipo del Manresa no se consolidó; no obstante, Sergio seguía diciendo que es lo que quería hacer, y por tanto, no había motivo para arrepentirse. Ante la falta de minutos y el interés del equipo de sus sueños, Llull no tuvo que pensar su decisión y firmó rápidamente por su Real Madrid. Por entonces tenía grandes cualidades como jugador, motivo por el que la directiva merengue decidió traerlo a la capital, pero aún necesitaba pulir algunos aspectos como el control sobre la precipitación o el manejo de los tiempos, características en las que a día de hoy, para muchos es el número 1. El “rey de las mandarinas” como le apoda su afición por sus lanzamientos desde donde pocos se atreven a lanzar, debutó con la elástica blanca en Badalona ante el Joventut, y no desaprovechó la oportunidad de hacerse notar para lograr seguir acumulando minutos y experiencia.

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En la capital se encontró con su padre baloncestístico Pablo Laso, otro madridista de los pies a la cabeza y con un carácter similar, que apostó fuerte por él llegando a anteponer su presencia en las canchas por delante del “Chacho” Rodríguez que venía de la NBA. El base del conjunto blanco, como él mismo se define, como Laso le dice en su día que es su lugar idóneo para brillar sobre el parquet y donde le sitúa hasta el día de hoy; ha tenido el honor de coincidir con otros jugadores de ADN común como el “Chapu” Nocioni, Felipe Reyes, Rudy Fernández, Jaycee Carroll, Gustavo Ayón o Facundo Campazzo entre otros; y con quienes ha llenado de títulos sus vitrinas, destacando 5 Copas del Rey, 4 ligas ACB y una Euroliga.

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Al final la temporada 2016-17, pocos dudaban que era lo más parecido a un jugador imparable por los defensores del panorama baloncestístico europeo; y fue entonces cuando una terrible rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, en el amistoso contra el combinado belga disputado a modo de preparación para el Eurobasket, privó a los amantes del baloncesto de seguir disfrutando del “rayo blanco”. Por edad, se teme que esta lesión haya podido truncar la carrera de un director de orquesta de los que marcan época; pero por la vitalidad, optimismo y el insaciable entrenamiento que convive de su mano, un giro inesperado en la rodilla aquel 9 de agosto de 2017, no parece que vaya a ser suficiente para acabar con el baloncesto de “el increíble Llull”.

Además, Llull es un ser humano que ha nacido para dejar huella en el corazón de los amantes de este deporte, de los que no se esconde ante las adversidades, de los que hace pensar a las propias adversidades que no tienen sentido en sí mismo mientras el tiempo no dictamine que un reto es físicamente imposible. Muchas han sido las veces en las que un equipo de baloncesto ha estado contra las cuerdas, necesitando anotar una canasta sobre la bocina para llevarse el encuentro o incluso un campeonato como ya ha sucedido; pero casi ninguno de ellos puede presumir de contar con un “iceman”, un hombre de hielo de la talla de Sergio Llull, que asume la responsabilidad de liderar esa acción a vida o muerte con la convicción de que su amigo el balón va a acabar dentro. Y todo ello, por el simple hecho de que en su vida, ver como esa canasta gana un partido en el último segundo le produce un placer superior al de un orgasmo, como él mismo ha reconocido. Prácticamente innumerables son las ocasiones en las que ha acabado destrozando el trabajo durante 47 minutos de trabajo de todos los adversarios, sólo por que decidió que su equipo debía llevarse ese partido. Toronto Raptors y Oklahoma City Thunder de la NBA; Maccabi o Anadolu Efes a nivel europeo, y Baskonia o Fuenlabrada a nivel nacional entre otros, lo han sufrido en sus propias carnes. Y eso por no hablar de cuando el eterno rival Barcelona se quedó sin levantar la Copa De SM El Rey tras una canasta desde la esquina con el menorquín como autor, o cuando con la inestimable ayuda de su socio y asistente en aquella ocasión Felipe Reyes, desafío a la física, la gravedad y la voluntad de los dioses, para anotar un triple ante Valencia Basket que por la distancia a canasta debería haber sumado 5 puntos.

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Una vez llegado a la élite del baloncesto europeo, la NBA llamó reiteradas veces a su puerta, y cuando muchos rumores le situaban en la órbita de una franquicia que ha quedado evidenciado que tenía un proyecto muy en serio como Houston Rockets, el ídolo de la parroquia madridista decidió renovar hasta 2021 para seguir jugando en su casa, el Palacio de Los Deportes, donde ha reiterado que es el lugar que le hace feliz. Por mucho que algunos se empeñen en difundir el tópico de que los deportistas no sienten sus colores, y de que algunos de ellos les den la razón; hay otro tipo de jugadores que sí saben lo que es sufrir una derrota rodeado de tu gente en la grada, y ser capaz de representar y enorgullecer en la cancha años después a aquellos que le abrazaron, lloraron y festejaron cada tiro libre que anotaba Felipe Reyes, un capitán al que el destino ha clonado en lo que a entrega, sentimiento y valores madridistas se refiere, en torno a la figura de Sergio Llull Melià.

Foto de portada: Romer Pérez.

Por: Iñaki María Avial.

 

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