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Esto no es el Barça, es otra cosa

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El partido que vimos ayer del Barça contra el Levante en el Ciutat de València no es diferente a cualquier otro que hayamos visto a lo largo de esta insoportable temporada. Muchos debates ganan fuerza después del día de ayer, pero hay uno en particular que empieza a preocupar.

Cuando vemos, semana tras semana, que el Barça es un equipo sin identidad y con más problemas que soluciones, debemos hacer, obligatoriamente, un análisis de la actual situación. Nos encontramos con un equipo que debió echar al entrenador después de la peor temporada en los últimos diez años; que no sabe a lo que juega; que afrontan los partidos con la misma intensidad que los «entrenos»; que ha dejado definitivamente de lado a la meritocracia… En definitiva, nos encontramos con un equipo que ya no es el Barça.

Podría enumerar uno a uno todos los problemas individuales que no permiten que este equipo juegue como antes, pero sería una análisis estéril. Lo importante para entender la esperpéntica situación por la que atraviesa el Barça desde hace ya un año es tener una visión general de los hechos. Como no puede ser de otra manera, las miradas deben apuntar hacia el banquillo.

Banquillo
El banquillo del Barça durante el partido contra el Levante – Imagen vía: FCBarcelona

Yo, personalmente, no compro la muy debatible idea de que «Valverde es una víctima». Un entrenador que ni siquiera tiene la personalidad necesaria como para imponerse a sus jugadores no es ninguna víctima. El txingurri decidió en agosto del año pasado que iba a ceder todo su poder a los pesos pesados. Se dejó a un lado el 4-4-2 que tan bien había funcionado en la 17/18 y volvimos a un 4-3-3 que en nada se parece al que nos hizo grandes. Desaparecieron los extremos, la intensidad y la meritocracia.

Este año prometía ser diferente. La previsible debacle de Anfield debió propiciar un cambio mucho más brusco, pero los cambios que hemos podido presenciar en verano invitaban a un ligero optimismo. Los fichaje de De Jong y Griezmann podían presagiar un cambio más que necesario en la dinámica del equipo. Pero no. Estamos en noviembre y las sensaciones son calcadas a las del año pasado. Eso sí, hay una diferencia: ahora se golea en el Camp Nou. Algo es algo.

Aquel sistema que tanto funcionó hace ya dos años se ha convertido en un vago estilo de juego que se basa en la táctica más perjudicial y horrible que han visto mis ojos: balones a Messi, y punto. No vamos a descubrir ahora que Messi es el mejor de la historia y que tenerlo en tu equipo es una bendición, pero nos estamos confundiendo. Messi, en tiempos de Guardiola y Luis Enrique, era la pieza más importante del ataque. Ahora, Messi es el ataque (todo el ataque).

Valverde
Valverde durante el partido contra el Levante – Imagen vía: FCBarcelona

El Barça depende exclusivamente de él. Cualquier jugador del equipo se la dará al «10» antes que jugársela, aunque su posición sea mucho más favorable que la del argentino. Me niego a pensar que esto sea porque Messi, tal y como dicen ciertos medios de comunicación, sea un «pequeño dictador al que si no se la pasas te pone la cruz y te echa del equipo». Él no es así, pero tampoco es justo negar la evidencia que acabo de exponer.

Un equipo no puede depender de un jugador, por muy bueno que sea. Si Messi no tiene el día, como no lo tuvo ayer, estás perdido. Esta racanería «made in txingurri» ha acabado convirtiendo al Barça en lo que es hoy en día: otra cosa.

 

Imagen principal: Getty Images.

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