España ya está donde quería estar. La selección de Luis de la Fuente superó con autoridad a Francia (0-2) en las semifinales del Mundial y disputará una nueva final dieciséis años después del histórico título de Sudáfrica. Con un penalti transformado por Mikel Oyarzabal y un tanto de Pedro Porro tras el descanso, La Roja firmó un ejercicio de madurez, personalidad y eficacia para desactivar a una de las grandes favoritas del torneo.
Una España valiente desde el inicio
Lejos de dejarse intimidar por el potencial ofensivo francés, España salió decidida a imponer su estilo. Con una presión alta, largas posesiones y un centro del campo dominante, el conjunto español fue ganando terreno hasta encontrar el premio.
El primer golpe llegó tras una acción de Lamine Yamal, cuya velocidad obligó a la defensa francesa a cometer un penalti. Mikel Oyarzabal asumió la responsabilidad desde los once metros y no falló, colocando el 0-1 que hizo justicia a lo visto sobre el césped.
La defensa vuelve a ser el gran argumento
Si algo caracteriza a esta selección es su extraordinaria solidez defensiva. Francia apenas encontró espacios para que Mbappé, Dembélé u Olise pudieran desequilibrar. Cada intento fue respondido con orden, ayudas constantes y una actuación impecable de la línea defensiva, respaldada por un seguro Unai Simón.
España volvió a demostrar que no solo gana por su talento con el balón, sino también por su capacidad para sufrir sin perder el control del partido.
Pedro Porro sentencia el pase
Tras el descanso llegó el golpe definitivo. Una rápida combinación iniciada por Dani Olmo permitió a Pedro Porro aparecer por sorpresa para batir al guardameta francés y establecer el definitivo 0-2.
Con ventaja de dos goles, La Roja administró el encuentro con inteligencia, evitando que Francia pudiera reaccionar y cerrando una clasificación que nunca pareció correr verdadero peligro en los minutos finales.
A un paso de la gloria
La victoria supone mucho más que un billete para la final. Confirma la consolidación de un grupo joven que ha sabido combinar el talento emergente con la experiencia de jugadores como Oyarzabal o Dani Olmo. El equipo mantiene una identidad muy definida: dominio del balón, presión colectiva y una defensa casi infranqueable.
Ahora solo queda un último obstáculo. España disputará la gran final del Mundial frente al vencedor de la otra semifinal entre Inglaterra y Argentina, con la oportunidad de conquistar la segunda estrella de su historia y culminar un torneo que ya la sitúa entre las mejores selecciones del planeta.
Imagen principal: X @SEFutbol
Por Lourdes Serra; pueden seguirme en Instagram @lourdeserra.
