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Elegancia para saber cuando marcharte

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Ensayo sobre la despedida de Zinedine Zidane por tercera vez del Real Madrid.

Mucha gente decide no adoptar perros o gatos por ser consciente de que experimentarán en vida el desenlace irremediable para los mortales.

Por tanto, la muerte se convierte en el final de toda historia, sea cuál sea su densidad y su final, y experimentarlo siempre duele. ¿Cuánta gente no quiere ni hablar del hipotético final de Cuéntame cómo pasó por la connotación emocional que ostentará?

En la misma medida, el fútbol también se ve sometido al final provocado por el tiempo. Si ocurre en jugadores que acaban viéndose obligados a colgar las botas o a dejar clubes con los que han estado toda una vida, los entrenadores son los mayores sufridores de este fenómeno.

Gente como Sir Alex Ferguson, Diego Pablo Simeone o Arsène Wenger siempre quedarán como leyendas capaces de mantener la monogamia futbolística. No obstante, siempre hay técnicos, que por muy poco tiempo que se mantengan, siempre dejan una huella imborrable.

José Mourinho dejó huella en un Real Madrid ordenado e incisivo en ataque, sin renunciar a defender su madriguera con uñas y dientes. Lealtad e intensidad a partes iguales eran las características del luso, al igual que un Fabio Capello ganador. Ambos dejaron huella, pero no llegaron a estar el tiempo que desea una relación larga.

Zinedine Zidane llegó a hacerlo durante cinco años, exceptuando un breve paréntesis de diez meses. Su palmarés dejó una enorme cantidad de títulos, pero el juego nunca llegó a causar furor durante su periplo como técnico. No obstante, existió una gran capacidad de supervivencia que le sirvió en bandeja al francés la oportunidad de elegir su destino.

Incluso se permitió el lujo de señalar los errores de una institución del calibre del Real Madrid. Su prosa para dejar su carta de despedida recordó a sus huellas como jugador, bravura a la hora de atacar, pero con la elegancia de un señor como el 5 histórico madridista.

El hecho de haber aclamado sus quejas con una alegría y una energía positiva envidiable dejaron entrever el señorío de un galo que siempre supo marcharse. Ya hizo lo propio en el año 2006 con 34 años, y teniendo todavía fútbol en sus botas, tal y cómo demostró en la Copa del Mundo del Mundial de Alemania.

Al fin y al cabo, lo importante es tener el mejor final posible o, en su defecto, finalizar un ciclo dándolo todo. Recuerdo que tras la muerte de mi abuelo, un familiar afirmó que lo mejor es vivir hasta los 90 años, pero siempre y cuando pudieses dar el máximo de ti mismo. Zizou es fiel a dicha idea, la pregunta es; ¿por qué piensa que no puede dar lo mejor de si como entrenador?

 

Imagen Principal: Real Madrid.

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