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El Rayo Vallecano en el Día de la Marmota

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El Rayo Vallecano lleva 3 años sumido en una espiral paradójica. Donde siempre parece que sí, pero siempre es que no.

El día de la marmota es un filme protagonizado por Bill Murray (Phil), el hombre del tiempo de una televisión local. El título se ha convertido en una expresión recurrente donde queremos hacer alusión a la repetición de mismos comportamientos y situaciones en un corto periodo de tiempo. Phil es un hombre marcado por ambiciones frustradas y sueños rotos, vemos rápidamente el símil con el club rayista. Se le encomienda, por enésima vez, que acuda al festival del Día de la Marmota, en un remoto pueblo de Pensilvania. Lo lleva a cabo con desidia, pensando en volver a casa. Pero no puede salir debido a la nieve, así que se ve obligado a quedarse otra noche. Sin embargo, al levantarse, se da cuenta de que vuelve a ser el Día de la marmota, y la gente se comporta de manera idéntica al día anterior. Y así consecutivamente.

El Samsara Interminable

Vivir en este ciclo, propio de la religión budista, provoca que Phil adopte una visión hedónica de la vida. Pierde la aversión al riesgo, pues sabe que dan igual las consecuencias, al día siguiente amanecerá en la misma cama que ayer. Este proceso está calando paulatinamente en una afición, harta de ver el mismo resultado siempre, a pesar de cambiar las variables futbolísticas. Y es que el Rayo ha pasado de Míchel a Iraola, pasando por Jémez. Se han despedido jugadores como RDT y Embarba y han brillado otros como Trejo y Pozo. Pero ninguno ha conseguido revertir la negativa dinámica. Podríamos pensar que hemos completado el método «céperis páribus», pero no se han modificado todas las variables posibles, aún. Pues, lamentablemente, todo apunta a que esto es un mal sistemático y no anecdótico. Fruto de la incompetencia institucionalizada y no de la futbolística.

En la película, Phil acaba por aceptar su sino. Después de llegar incluso a tratar de suicidarse. Se da cuenta de que para conseguir su objetivo, conquistar a Rita, su productora, no basta con montajes circenses. Pues Rita los considera insinceros. Empieza a ayudar a un mendigo, ofreciéndole consuelo para reparar su pena, trata de manera más amable a todo su equipo, empieza valorar las pequeñas cosas que nos regala cada día. Pronto se percata de que para hallar la felicidad, necesita ayudar y sentirse ayudado. Considero que el Rayo está en una situación similar. Es un club que siempre ha necesitado, y siempre va a necesitar el aliento de su afición. Por mucho que la directiva lo considere un factor superfluo, no lo es. Y no digo que sea la solución, pero sí que no nos queda nada más por probar.

Rendición y Liberación

Al final del filme, Phil termina por enamorar a Rita. Esta vez de manera inesperada. Accidentada incluso. Justo cuando dejó de centrarse en conquistarla, para servir una vida más sana, consigue su ansiado objetivo. Y es ahí, cuando al levantarse, ya no es ayer, sino mañana, logra romper el maleficio. Igual el Rayo no necesita mejores delanteros o diferentes técnicos. Diferentes filosofías o modelos de juego. Igual lo imperativo simplemente es regresar a lo que te trajo a donde estás. Abrir los brazos para acoger aquello que tanto te dio y tan fácil perdiste. Recuperar la idiosincrasia que constituyó tus raíces. Reconciliarte con una afición y un barrio, que no hay nada que anhele más que volver a sentir que el Rayo es de Vallecas. No necesariamente de Primera o de Segunda. Simplemente de Vallecas.

 

Imagen principal vía: Bukaneros

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