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El «Papu» Gómez, Gasperini y la efimeridad de lo excelso

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La relación Papu-Gasperini ha alcanzado su punto de ebullición, y con él se evapora un proyecto tan inverosímil como cautivador, al que no supimos valorar.

Todo lo excelso es efímero. Eso es lo que lo hace excelso, precisamente. Si lo excepcional fuera la norma, perdería su esencia, su valor. Muchas veces asumimos privilegios como derechos. Y no somos capaces de otorgarle la importancia necesaria, a situaciones que de verdad la merecen, por el simple hecho de normalizarlas. Sólo es al perderlas, que nos damos cuenta de cuán valor estas aguardan en realidad. Eso es lo que nos pasó a muchos al leer que Alejandro Gómez -El «Papu»-, demandó ser traspasado debido a un encontronazo con Gian Piero Gasperini. Una fatídica noticia, pues no sólo pierden la Atalanta, Gasperini o el Papu, sino que pierde aquello que creímos invencible, el Fútbol.

«Todo Michael Jordan necesita su Phil Jackson»

 A pesar de llamarse Alejandro Gómez, El «Papu», fue de todo menos un fenómeno común. Y sí, que hable en pretérito no es casualidad. Lamentablemente, jamás podremos cerciorarnos de si volveremos a ver el nivel y trascendencia que ha tenido el Papu en sus últimos años en Bérgamo. Concretamente esta pasada campaña, en la que firmó 8 goles+18 asistencias. Pues la gran mayoría de veces; con nivel, talento y trabajo, no sirve. Todo Michael Jordan necesita su Phil Jackson, ya que muchas variables no dependen del jugador exclusivamente. El Papu encontró su Phil en Gasperini, un individuo lo suficientemente loco como para entender el talento genuino -y lo que demanda éste- que tiene el Papu.

«Gasperini tenía una idea, el Papu la convirtió en realidad»

Sin embargo, lo que un día fue una de las sinergias más cautivadoras del universo fútbol, hoy es la razón por la que el proyecto que ambos construyeron, se derrumba. Gasperini tenía una idea, pero sólo el Papu la pudo convertir en realidad. El fútbol que propone Gian Piero es confuso, abstracto y estrambótico. Pues no se rige por posiciones o axiomas que pudiéramos considerar convencionales. Esta propuesta es gobernada por el caos y la destreza interpretativa dentro de éste, de cada jugador. El término «posición» es ajeno a este sistema, una vez la Dea tiene el balón, sólo importa progresar con él; no se pregunta ni el cómo, ni el dónde, ni el cuándo. Y es aquí donde el Papu marca la diferencia.

«Alejandro Gómez condiciona todas las fases del juego»

Caracterizado por su depurada técnica y superioridad intelectual, Alejandro Gómez interviene y condiciona en todas las fases del juego. No es inusual verle descender a zona de pivotes para recoger balón de centrales, y tras varios pases, acabar él mismo la jugada en la frontal del área. El Papu no parte desde ningún sector del campo específico. Se detiene, observa, y reconoce dónde va la pelota y, por tanto, dónde debe ir él. Esto es lo que le hace especial, no depende en absoluto de su físico, su fútbol se fundamenta en la lectura del juego. La pericia que el «10» demuestra al leer los inverosímiles comportamientos de todos sus compañeros, es precisamente lo que le da estructura al juego anárquico de Gasperini.

«Con su «10», toda esta paradoja cobra sentido»

Pues el modelo de Gasperini sin el Papu, es justo eso, una anarquía, donde reina la incertidumbre y desorden. Mientras que con su «10», toda esta paradoja cobra sentido. Los desmarques que trazan sus compañeros aparentan tener un criterio detrás, todos los movimientos parecen ser orquestados sinfónicamente y todas las decisiones ser tomadas de manera premeditada. Pero este texto no es una oda para ensalzar solamente la figura del Papu. Ya que igual de mérito tiene él por hacer funcionar el sistema, que Gasperini por darle las llaves de un contexto que es idílico para la manifestación de todo el talento que tenía reprimido Alejandro Gómez desde su llegada a Europa. 

Lo que deseamos que fuera, y lo que en realidad fue.

Gasperini logró hacer de su Atalanta una utopía futbolística, y nosotros, ilusos, nos creímos que duraría por cuánto durara el Papu Gómez en el fútbol. Parecía un matrimonio modélico, aquella relación que todos, muy en el fondo, desearíamos experimentar alguna vez. No obstante, todo lo bueno dura poco, o quizás lo suficiente, pues todos sabemos el dicho: “Muere siendo un héroe o vive lo suficiente para convertirte en villano”.

E igual la relación Papu-Gasperini duró lo necesario, o igual no, de cualquier manera, no es una realidad que estemos preparados para afrontar. Y es que aquel sueño del que jamás quisimos despertar, se ha hecho trizas súbitamente, pues nos ha sonado el despertador, y es hora de añorar aquello que cuando lo tuvimos, no supimos valorar.

 

Imagen principal: Mundo Deportivo.

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