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El oasis en el desierto

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Hacen ya diez días desde que el Liverpool se consagró como campeón de la Premier League tras la derrota del City en Stamford Bridge. Hoy reflexiono sobre la figura de Klopp y su peregrinaje hacia la grandeza.

¿Cuál es la primera cosa en la que os fijasteis cuando visteis a Jürgen Klopp? Yo no me acuerdo, la verdad. Pero sí que hay una cosa que me llamó muchísimo la atención. Cuando he preguntado a gente de mi entorno, me han dicho muchas cosas, pero ninguna la que yo pensaba. Las gafas trasparentes, los ojos saltones, la gorra, el chándal, el carácter…

No me canso de escuchar que es un entrenadorazo, que es un genio, que ha creado una dinastía, que ha resucitado al Liverpool. Pero, ¿por qué? No me canso de escuchar que sus equipos son verticales y agresivos, que el Liverpool es el mejor equipo de Europa, que ha revolucionado el juego con su fútbol box to box. Pero, ¿cómo?

Seguí preguntando. Y un amigo al final dio con la misma tecla que yo. “Sus dientes”. En mi cabeza era otra palabra, más poética. La sonrisa. Blanca e impoluta y siempre riendo. Pero los dientes también me valen. Parece que le han sacado de un anuncio de pasta de dientes. Ahora os parecerá raro, pero ya os digo yo que esos dientes son el verdadero secreto detrás de este Liverpool. Porque no sirve de nada tener grandes jugadores y un sistema de equipo tremendamente superior al resto, si no hay magia.

Una de las cosas que me dijo otro amigo mío cuando le pregunté, fue que había devuelto la magia y la ilusión a Anfield. Y me dio incluso fecha: el 14 de abril de 2016. Noche de Europa League contra su exequipo, el Borussia Dortmund, así que fue más especial de lo normal. Yo le pongo otra fecha, bastante más tardía: el 7 de mayo de 2019. La remontada de Anfield.

Klopp pasó por una travesía en el desierto de siete años, y seis finales perdidas. No era un ganador. Y sin ser este partido una final, se sintió como una. Ganar ese partido fue ver la luz al final del túnel. El oasis en el desierto. Con palmeras, una cama para cada transeúnte de plumas, con buenas mantas para la noche y buenos muros para resguardarse de las tormentas de arena. Un buen lugar donde descansar, aprovechar para aprovisionarse, y tomar fuerzas para continuar con el camino.

Y justo esta palabra me viene al uso. Oasis. Como el grupo británico, el de rock, de los hermanos Gallagher. Su canción más famosa es Wonderwall, y comienza con estas palabras:

Today is gonna be the day
That they’re gonna throw it back to you
By now you should’ve somehow
Realized what you gotta do
I don’t believe that anybody
Feels the way I do, about you now.

Y me traslado al vestuario red, previo a una remontada histórica. Con la presión de 54.000 espectadores. En Anfield gusta mucho la música. Prueba de ello es su famoso himno You’ll Never Walk Alone, que cantan en la previa de cada partido.

Sin jugadores vitales, como Salah o Firmino. Nadie daba un duro por la remontada del 3 a 0 de la ida. Y me imagino a Klopp, sonriendo a sus chicos en el vestuario, con esos dientes blancos, tarareando estos versos de Oasis que aquí os dejo en español:

Hoy va a ser el día
En el que te la van a devolver
De alguna manera ya deberías
Haberte dado cuenta de lo que tienes que hacer
No creo que nadie se sienta
Como yo me siento ahora por ti.

Ese era el día. El punto de inflexión. El fin de la maldición. Y luego la final de la Champions League se sintió como otro partido rutinario, otro día más en la oficina. Luego en la temporada siguiente, la actual, ganarían la primera Premier League en su historia. Todo esto lo creó Klopp. Una sinfonía compuesta en un cerebro alemán tras unas gafas trasparentes.

Llegó al club hace 4 años, el 8 de octubre de 2015, y se encontró con un equipo absolutamente destrozado, antaño épico. Y poco a poco fue colocando las piezas de un puzzle que no existía. Dijo en la rueda de prensa de su presentación, que le diesen tiempo y le dejasen trabajar, y que en cuatro años, si seguía sentado ahí, habrían ganado un título. No soy capaz de distinguir si el tiempo le dio la razón, o fue él el que se la dio al tiempo. Pero acertó.

Y al igual que el partido de Anfield fue un oasis en el desierto, Klopp es para el club de la capital de Merseyside como Jesús de Nazaret. El mesías. El que guió la ruta a los fieles cuando estaban perdiendo la fe. El que hizo milagros para los incrédulos. El que remontó en Anfield. El que devolvió al Liverpool a la gloria.

Todos los caminos llevan a Roma, y todas las preguntas del principio, me terminaron dirigiendo a una última pregunta.

¿Cómo?

¿Cómo funciona esa mente detrás de unas gafas transparentes? ¿Cómo funciona Klopp?

Y es entonces cuando se me vino a la cabeza el título de la segunda canción más popular de Oasis, Don’t Look Back In Anger. No mires atrás con furia. No te quedes estancado en los malos momentos de tu pasado. Jürgen Klopp perdió seis finales seguidas, y no le vi dejar de enseñar esa dentadura brillante tras cada una de ellas. La esencia del fútbol es que es un juego, y tiene que ser divertido. Y por dura que sea la travesía, Jürgen Klopp nunca caminará solo. Porque su sonrisa blanca marca el camino de la grandeza.

 

Imagen principal vía: Liverpool FC.

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