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El Metropolitano volvió a sonreír

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El Atlético logró una victoria importantísima ante un Athletic que alarga su mala racha. Saúl y Morata anotaron en un partido muy serio de los de Simeone.

Tras unas semanas convulsas, parece que la calma se ha instalado de nuevo en la parroquia colchonera. La trajo el Atlético de Madrid, que obtuvo ante el Athletic Club, por 2-0, una victoria que vale oro, tanto por las sensaciones como para obtener tres puntos más en LaLiga.

Llegaban los dos equipos al Metropolitano con el incuestionable honor de ser los dos menos goleados del campeonato. Los tantos que habían recibido tanto madrileños como vascos se podían contar con los dedos de una mano. Sin embargo, ambos llegaban con dudas. Los hombres de Simeone llegaban a este duelo con tres empates consecutivos en LaLiga, pero habiendo hecho los deberes en Champions contra el Leverkusen. Los de Garitano viajaban a Madrid tras cuatro encuentros sin conocer la victoria.

Tras el debate de días anteriores fruto de los pitos a Simeone y a algunos jugadores, incluido el capitán colchonero, Koke, la afición decidió cerrar filas y conformar una comunión con sus muchachos. Entrenador y capitán fueron ovacionados de forma unánime por el respetable y las aguas parecían haber vuelto a su curso. Aunque poquísimo faltó para que Íñigo Martínez, con un espectacular cabezazo, desatase un tsunami en el feudo rojiblanco tan solo un minuto después de que Hernández Hernández decretase el inicio del choque. Pero ahí estaba Oblak, que volvió a demostrar que no todos los héroes llevan capa, sino que algunos usan manoplas. El esloveno la sacó de la mismísma escuadra con la punta de los dedos y evitó que el Athletic se adelantase en el electrónico.

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Imagen: Atlético de Madrid.

Con la salvedad de esa ocasión clarísima, algún acercamiento tímido de la escuadra bilbaína y alguna que otra aparición de los dos laterales locales, Lodi y Trippier, nada reseñable. El nuevo balón parecía ser realmente de lava en vez de estar pintado de rojo, ya que parecía arderle en los pies a todo jugador que lo tocaba. Los pelotazos buscando a los delanteros por parte de los centrales del Atlético no tenían resultado. Tampoco lo tenían los intentos de asociación de los chicos de Garitano, muy imprecisos. Gobernaba la fiabilidad en defensa de los dos conjuntos, pero nadie se hacía con el control del centro del campo en un encuentro que parecía más de voleibol que de fútbol.

Se necesitaba algo o alguien que rompiese el guion. Un chispazo. Y Ángel Correa, aunque siempre muy cuestionado, es experto en alborotar encuentros. Corría el minuto 28 de la primera mitad cuando Saúl prolongó para el argentino que se internó en el área con un control magistral. Allí caracoleó y dejó atrás a los centrales. Entonces, vio cómo de nuevo Saúl Ñíguez llegaba como un avión desde segunda línea. El de Rosario asistió y el centrocampista ilicitano la mandó al fondo de la portería de Unai Simón, que aunque la llegó a tocar, no fue suficiente para evitar el primer gol del encuentro.

Imagen: Atlético de Madrid

El Atleti había golpeado primero, por lo que el conjunto vasco necesitaba reaccionar. Y muy poco pudo durarle la alegría a los del Cholo, de no ser, de nuevo, por Jan Oblak. El cancerbero rojiblanco volvió a sacar con un paradón un zapatazo descomunal de Raúl García, solo tres minutos después de que Saúl rompiese el 0-0 inicial. Con alguna oportunidad más a balón parado sin final feliz para el Athletic, se llegó al descanso en el Metropolitano.

Tras la reanudación, el equipo local buscó gestionar su ventaja sin renunciar a un segundo tanto. Tan solo seis minutos transcurrieron desde el inicio del segundo salto cuando Morata a punto estuvo de poner el segundo en el marcador tras un envío de Trippier. La zaga del Athletic frustó sus intenciones. Sin sufrir, el Atlético de Madrid se asentó en el encuentro y planteó un muro inexpugnable para las pretensiones vascas. Con un excelente posicionamiento tácticos, el conjunto de Garitano no encontraba huecos por los que penetrar. Resquicios que echó en falta como nadie Iñaki Williams, que acabó sustituido sin dar atisbos de peligro.

El equipo bilbaíno no lograba inquietar a un Atlético que aún no se había contentado con ese marcador y buscaría poner tierra de por medio. Lo hizo un hombre que corroboró su buen estado de forma y que mojó por segundo encuentro consecutivo: Álvaro Morata. Aunque no sería solo él el protagonista de la acción, gestada en el minuto 64, sino que también cobraría una especial importancia Koke. El capitán calló las críticas filtrando un pase de fantasía al interior del área y habilitando a Ángel Correa. El de Rosario, que completó un partido espléndido, se la dejó al ex del Chelsea en bandeja. Allí, en el segundo palo, Morata tan solo tuvo que empujarla para poner el segundo.

Imagen: Atlético de Madrid.

Si ya lo tenía complicado el Athletic perdiendo por la mínima, con el segundo ya fue cuando alzó la bandera blanca. Incapaz de encontrar soluciones ante el Atlético de Madrid más sólido de toda la temporada probablemente, encima tuvo que aguantar los últimos coletazos locales, cargados de peligro en cada jugada de ataque.

De esta forma, el Atlético logró una victoria balsámica con la que logra empatar a puntos, de forma provisional, con el Barcelona, que no jugó esta jornada. Y de paso, le traspasó la depresión al Athletic Club. Los de Garitano sumaron su quinto partido consecutivo sin ganar y se quedan, una semana más, en tierra de nadie en la clasificación.

Imagen principal: Atlético de Madrid.

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