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El «final» de una adolescencia maravillosa

@F.C. Barcelona
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Reportaje sobre el final de cuatro estrellas del deporte mundial que coincidió en la misma fecha.

No tiene mucho sentido decir que estoy en la adolescencia cuando me siento a escribir estas palabras, ya que una persona con 24 años de edad está asentada en la juventud y poniendo la séptima velocidad hacia la treintena.

Puede ser que queden seis años hacia los vertiginosos treinta, pero uno termina dándose cuenta que cuánta más edad tienes, los años pasan muy deprisa, concretamente cuando se cumple la mayoría de edad o se entra en la década de los veinte. Sin embargo, por mucho que el DNI y la mentalidad pueda cambiar tus expectativas, toda etapa, sea histórica o una fase de desarrollo, encuentra su final en un determinado acontecimiento.

Los acontecimientos marcan el fin de las etapas

Recuerdo haber visto un capítulo de la mítica serie española llamada Compañeros en el que se hablaba de los posibles cambios venideros con la llegada del efecto 2000 a nuestras vidas. En dicha situación, apareció el profesor Félix Torán -interpretado por Miguel Rellán– explicando cómo el final del siglo XX no surge por un cambio de dígito, sino por acontecimientos específicos como la caída del Muro de Berlín, el final del Comunismo o la Guerra de los Balcanes. Más de lo mismo ocurre en la vida de una persona ante la imposibilidad de pasar inadvertida por los acontecimientos del Mundo.

Personalmente, me empecé a interesar por la sociedad cuando comencé a ver mis deportes favoritos -Fútbol, Baloncesto, Motociclismo y Automovilismo-, ya que entendí la existencia de valores como la superación, el compañerismo y el amor hacia una profesión imperan en una determinado evento deportivo. Sin duda, las lecciones están más que aprendidas cuando uno cumple sus bodas de bronce con el deporte.

Quince años pueden parecer pocos, pero son los suficientes como para quedarse atrapados por ciertos ídolos con los que merece la pena permanecer en la realidad para crear literariamente. Algunos ejemplos son los  hermanos Pau y Marc Gasol, Valentino Rossi y Lionel Messi, que tienen tres características en común dignas de reflexión.

Para empezar, me iniciaron a amar ciertos deportes, y tiene mérito, sobre todo por parte de Valentino y de Lionel porque los consideraba como los «antagonistas», ya que mi amor hacia España y al Real Madrid está por encima de cualquier cosa. Pero si se procede a realizar un ejercicio de honestidad, tanto el argentino y como el italiano son uno de los principales motivos por los que amo las motos y el fútbol.

Arte a través del Deporte

La capacidad de Rossi por hacerle el amor a la máquina tecnológica en cada curva, dejando entrever cómo el Arte puede aliarse con el deporte y, sobre todo, cómo los dibujos animados se quedan a la altura de un guionista amateur cuando Messi se convirtió en un hombre pegado a un balón. De hecho, las genialidades de ambos se me hicieron tan intensas, ya que no había semana que fueran protagonistas en las portadas de los periódicos y, encima, ciertas edades no supusieron un impedimento cuando el resto de mortales tenían que dar un paso al lado porque no daban más de si en la lucha contra el trono.

Precisamente el propio Rossi terminó rindiéndose a la madre naturaleza en un 2021 decepcionante para su currículum deportivo. al igual que unos hermanos Gasol que se percataron de su final en la Familia del baloncesto tras el varapalo en cuartos de final ante EEUU. Ellos tampoco sumaron puntos en el encuentro decisivo, anotación que se acabó echando en falta para haber podido superar dicho muro.

No solamente se marcharon por el cronómetro

Por el contrario, Lionel Messi puso fin a su etapa como jugador culé cuando sus zancadas seguían haciendo daños a los equipos rivales a unos niveles estratosféricos. Pero cada paso vale una millonada incompatibles con el éxito de la razón y del corazón, concretamente a la hora de ver al argentino vestido de blaugrana y, en consecuencia, otorgarle mayor efectividad en ataque al F.C. Barcelona.

Finalmente, el dinero acabó decantando la balanza a favor del final de una etapa, que paralelamente, coincidió con el desenlace de otras por el juicio del dichoso cronómetro, o mejor dicho, estadísticas. Ocurrió un 5 de agosto y me pilló tomándome un par de cervezas en mi bar fetiche, lugar en el que siempre debatimos para cambiar el mundo.

Curiosamente, allí, el más mayor de toda mi pandilla, nueve años más mayor que yo, señaló que el éxito de España a nivel deportivo era escaso, por lo que deberíamos valorar lo conseguido en los JJOO de Tokio. En la misma medida, nunca hay que quitarle valor a lo conseguido por los Rossi y los Gasol, sobre todo por haber enganchado al deporte a toda una generación de la que formo parte.

Vidas civiles y vidas de deportistas, grandes paralelismos

Ellos dieron sus primeros pasos en el deporte durante la infancia, llegaron al cenit de sus carreras cuando me hacía adolescente y les llegó el ocaso en el momento que me tocó iniciarme en el camino de la juventud. Muchos dicen que no es tan bueno como el periodo universitario, mientras que existen amigos muy cercanos dispuestos a ver el horizonte postuniversitario como el inicio de la libertad en su máximo esplendor.

Las leyendas del deporte no pasan inadvertidas ante el ciclo de la vida, ya que tras haberlo sido todo en el deporte, afrontan unos años 40 demasiado viejos para ser profesionales del deportes, pero muy jóvenes para la vida. Sentí lo mismo cuando terminé mi primera carrera e inicié mi carrera literaria, muy a pesar de haber finalizado una adolescencia marcada por el final de la historia deportiva de cuatro de mis ídolos.

Imagen principal vía: @FC.Barcelona

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