La Mejor Información Deportiva

El descenso del Deportivo, un club histórico

0

Después de una jornada un tanto anormal, marcada por la suspensión del partido que enfrentaba al Real Club Deportivo de La Coruña frente al Fuenlabrada debido a los numerosos casos positivos de Covid que se dieron en la plantilla, se produjeron los resultados que condenan a los gallegos al descenso a 2B 40 años después.

Mis recuerdos más tempranos estaban estrechamente ligados a este escudo. Desde que tengo uso de razón, recitaba en la cocina, de memoria, las alineaciones y apellidos del equipo de mi ciudad. Desde muy niño recuerdo charlas que parecían infinitas con mi abuelo acerca del Deportivo. Lo que era para nosotros. Lo que ya por aquel entonces significaba para mi.

¿Qué niño coruñés no soñó alguna vez con marcar un gol en Riazor? ¿Quién no recuerda ese aroma único de nuestro estadio, del césped, que impregna nuestra cabeza cada vez que los recuerdos emanan de la misma? ¿Acaso no se pone, año tras año, la piel de gallina tras un gol del equipo local? A un servidor, definitivamente, sí.

La lealtad se infravalora hoy en día. No se le atribuye la carga emocional que tanto merece. La lealtad se dice de aquel sentimiento de respeto y fidelidad hacia algo o alguien, en este caso, hacia toda una entidad. Una entidad que es mucho más que un simple equipo. Son más que 30 jugadores, son unos empleados que portan los valores y la historia de toda una gente, de toda una ciudad. Hasta me atrevería a decir que de más de una generación, nutriendo así las hemerotecas de vivencias de familias y familias durante décadas.

Cuando se habla de lealtad hacia el Deportivo se habla de sufrimiento. Los que cuenten con menos de 25 años en su carnet de identidad sabrán a lo que me refiero. Temporadas de taquicardias, pesimismo, puro dolor en el estadio. Siendo, en todo momento, diana de las mofas de la hinchada de otros equipos, catalogados por ellos mismos como “más grandes”. A toda esa gente, deberían saber que:

El hecho de pertenecer a un club como este, que sin duda, personalmente, me ha dado más pesares y desgracias que alegrías, sigue siendo un gran regalo. La razón es sencilla. El sentimiento que nos ofrece nos encandiló desde el primer momento que entramos en contacto con el club. Da igual el resultado con el que el choque acabe. No importa que estemos ante la mayor catástrofe en la historia en 40 años. Carece de relevancia. Lo que sí importa es qué podemos hacer nosotros, como hinchas, para devolver todo el amor que una camiseta nos ha dado.

Que la gente siga asistiendo al estadio. Que continúen animando al equipo. Sigan llorando de pena y de alegría por el Depor. Porque a fe nadie le gana al Deportivismo. Todo es cuestión de creer. Es ahora, en estos arduos momentos, cuando debemos estar más unidos que nunca para demostrarle a todo el balompié español lo que es ser un equipo señor e histórico. Señor por salir derrotado, pero de rodillas, dispuesto siempre a una pelea más. Porque voltaremos, volveremos al lugar donde se nos pertenece, a aquel del que se nos ha privado.

Lucharemos en el infierno de 2B tras pasar una auténtica tortura esta temporada. Después del varapalo de la segunda vuelta frente al Mallorca el verano pasado, el equipo no supo poner buen rumbo en la siguiente campaña. Más bien todo lo contrario. Fue un lento y desastroso naufragio, unos episodios dantescos que se repetían domingo tras domingo. Un plantel configurado para luchar de nuevo por el ascenso se hunde en la primera mitad del campeonato. 18 partidos sin ganar. Únicamente 15 puntos obtenidos. Unos entrenadores que no dieron la talla, unos jugadores que ni desde el principio supieron jugar como un equipo. La situación les quedaba grande a todos ellos. Las derrotas se sucedían sin parar. Se presagiaba lo peor, se avecinaba una auténtica pesadilla.

Sin embargo, en el medio de la misma, surgió la figura salvadora de Fernando Vázquez. La llegada del carismático técnico de Castrofeito conllevó una lavada de cara impresionante al equipo. Logró hacerlo renacer de sus cenizas y, ayudados de numerosas victorias consecutivas, el ya objetivo de la permanencia parecía más que alcanzable.

Pero este año, extraño y sórdido para muchos, no iba a ser menos para con él Depor. Así, tras una racha negativa, el parón del Covid, las 6 jornadas seguidas sin perder y la paupérrima racha final, el conjunto gallego se planta en la última jornada sin depender de sí mismo, mas necesitado de un último triunfo.

Centenares de gargantas recibieron al equipo. Los agregados de aficionados quisieron llevar en volandas al equipo en un encuentro que se avecinaba decisivo para el futuro inmediato (y no tan inmediato) del club. Sin embargo, la noticia de los infectados del rival, el Fuenlabrada, se hace rápidamente eco en todas las redes sociales. El partido se suspende. No obstante, sorpresivamente, la jornada continúa, a pesar de la clara desventaja que dicha situación supone para los gallegos. Los resultados, como era de esperar en este cuento cruel, no acompañaron. Matemáticamente, el histórico equipo de mi corazón, descendido a 2B.

Independientemente de lo que suceda en los despachos en relación a lo anteriormente mencionado, una cosa está clara. No se ha dado la talla. Tal y como se dice, el fútbol es cosa de ciclos. Hace apenas dos décadas ganábamos la Liga, derrocando a merengues y culés, derrochando un fútbol bonito y eficaz. Este año, por contra, caemos 2-3 en Riazor ante un ya descendido Extremadura. Son cosas que pasan. Gajes del oficio. Es lo que toca.

Pese a todo, también toca sacar el orgullo y la garra que corresponden los 114 años de historia, de sudor y de lágrimas. Porque los que amamos esta camiseta se nos ha forjado un espíritu inquebrantable, superior a cualquier mala racha. Porque así se explica el Deportivismo. Sentir los colores. Sea donde sea, en cualquier momento, en cualquier división. Ser del Deportivo es vivir por y para un equipo los 365 días del año. Ser del Deportivo es llegar sin voz a casa tras 90 minutos apasionantes en Riazor. Ser del Deportivo es amar y defender a los tuyos, pase lo que pase.

Los sentimientos que este equipo produce son puros, sencillamente maravillosos. Sea en el éxito o en la adversidad, aún después de uno de los peores días en la historia del equipo, es necesario ser tajante. De este barco no puede bajarse nadie. Nos dan por muertos, pero aún estamos muy vivos. Y volveremos. Costará mucho, pero retornaremos a lo grande. Como en la víspera de aquel San Juan aciago, nos van a ver volver. Pero esta vez de verdad. Porque así somos nosotros. El Depor jamás estará solo. El Depor somos todos.

 

Imagen Principal: Mediotiempo.

Sígueme en @rafacarpacho sigue toda la información y actualidad del mundo del fútbol en: @VIP_Deportivo en nuestro Facebook: VIP Deportivo e Instagram: @vp_deportivo.

Deja un comentario