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«El Deporte desde la ventana literaria»: Retornos dispares

@RayoVallecano
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Análisis de la actualidad deportiva a través de diversas tramas relacionadas con la actualidad más reciente.

Una LEB Oro con tintes galácticos

El descenso de un clásico del baloncesto español como el Movistar Estudiantes parecía poner en duda su continuidad en uno de los escenarios más emblemáticos de la capital española, el Palacio de los Deportes o el WiZink Center. Finalmente, se confirmó que un territorio fetiche para el Ramiro de Maetzu no se borrará cuando los suspensos acecharon. De hecho, aunque parezca un purgatorio, la LEB Oro se arropó ante dicha noticia para demostrar que la profesionalización de su entorno merece un serio respeto a la altura de la posible incorporación de Marc Gasol al Bàsquet Girona en la categoría de plata. Entre muchos equipos, ver un duelo estudiantil contra el club que dio el empujón definitivo al hermano menor de la «Sagrada familia» supone la incertidumbre de ver una competición galáctica. Por algo será que tocará vaciarse el bolsillo para disfrutar de la antesala de la Liga ENDESA.

Nada más placentero como volver a rugir

La Liga sin fichajes inesperados perdería parte de su esencia, al igual que muchas de dichas incorporaciones no dieran el resultado esperado. Pero ocurra lo que ocurra, la emoción por ser testigo de la escritura de la primera página del héroe esperado está a la altura de un niño en la noche de Reyes Magos. Por si fuera poco, esa ilusión desbordante reventó la banca cuando Iraola sacó al terreno de juego al Radamel Falcao «el Tigre» para hacerle debutar como jugador del Rayo Vallecano.

Entró con 35 años en su DNI, con heridas físicas y emocionales por no haber sido el Balón de Oro que parecía ser en el Atlético de Madrid. Desafortunadamente, hay cosas que no pueden hacerse como tirar el tiempo atrás, pero el presente está para escribir páginas gloriosas, y Falcao lo hizo para los anales de la historia del equipo vallecano. Salió y con menos velocidad de la vista en el Atlético, dio un rugido en forma de gol. Bendito rugido, debió pensar una afición consciente de que pasara lo que pasara, habían vivido un momento para la eternidad.

Enfado de campeón

Por mucho poder que tengan las sociedades anónimas en los clubes, la afición sigue representando un papel primordial en los clubes, sobre todo a la hora de blanquear injusticias, o desde una perspectiva positiva, para que ciertos ídolos sigan siendo venerados. Un ejemplo de ello es la afición del Atlético de Madrid que, en su mayoría, condenan las tropelías cometidas por Jesús Gil en los años 90 y sus sentimientos van a juego con el de Simeone al mando del banquillo. Por muy halagado que sea el argentino, también es objeto de crítica, sobre todo por el inicio titubeante de Campeonato en el que la intensidad no es la deseada por parte de la afición. Un equipo de ensueño dispuesto a ilusionar mucho más que en años anteriores y un sufrimiento no acompañado de un juego dispuesto a levantar pasiones conforman enfados idóneos de un equipo dispuesto a mirar a la cara a los mejores del mundo. Dolió empatar a cero ante los leones del Athletic, negados a arrugarse con rivales temerosos, pero el Metropolitano mereció ser testigo de un partido notable.

Un bronce inolvidable

No hay nada más bonito que debutar en MotoGP con una máquina no preparada para luchar por los podios y victorias por norma. No obstante, competir delante de tu propia afición en normalidad de condiciones y adjudicarse un meritorio tercer puesto delante de poderosos como los últimos campeones españoles, Marc Márquez y Joan Mir merece ser aplaudido. Ambos se llevaron una quinta y sexta plaza en condiciones estándar, demostrando como la igualdad en términos de talento es cada vez mayor. Una moto potente no marca la diferencia, pero no tenerla dificulta enormemente las posibilidades de victoria, y Enea Bastianini amarró un tercer puesto de bronce, con sabor a oro.

Jugador destacado, pero no Balón de Oro

Nueva victoria al clavo ardiendo del Real Madrid en un feudo complicado como Mestalla por 1-2. El Valencia parecía tener encarrilado el triunfo con un contundente gol de Hugo Duro en medio de la segunda parte, ya que tras el gol dio unas alas impredecibles a unos valencianistas altos de moral por su gran inicio de temporada. Parecía que el resultado escudaría a la tradición de ver caer a los vikingos en las tierra de Turia, pero bastó un exceso de defensa para dar posibilidad de ataque a los visitantes. Curiosamente, la bala decisiva la puso Vinicius en forma de asistencia y gol decisivo, uno más para un brasileño que vio como la presencia de Ancelotti le otorgó el olfato goleador buscado en temporadas anteriores. Sin duda, toda una alegría para la parroquia madridista, pero una llamada al temor por los populismos pestilentes de palmeros de la información poniendo la etiqueta de Balón de Oro a todo jugador madridista.

Tan cerca, pero tan lejos

Segundo puesto de Àlex Palou que terminó por delante de todos sus rivales por el título de IndyCar, pero todavía no certificó el Campeonato deseado. Sería el primero para un español en el certamen estadounidense, pero antes necesita ser undécimo en la cita final del calendario. Puede parecer fácil y tienta celebrar el título sin tener tan siquiera la corona, pero la realidad es que está tan lejos como los días restantes hasta la cita final. No solamente porque todo puede cambiar en cualquier disciplina deportiva, también porque dicha tendencia se ve incrementada en el deporte del motor. Al fin y al cabo, ponerse más de 300 km/h en cada cita supone una negociación con la muerte en todas las frenadas exigidas. Por tanto, además de sentir la incertidumbre que lleva a saber la fugacidad del éxito al fracaso, tampoco puede olvidar Palou cómo la muerte puede aparecer en cualquier momento. Por tanto, tan cerca, pero tan lejos.

 

Imagen principal vía: @RayoVallecano

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