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El bochornoso episodio en Australia y su explicación

Tras el rotundo éxito de los 'Socceroos' en el Mundial, esta mañana se ha producido una de las imágenes más lamentables de la historia de la A-League.

Tras el rotundo éxito de los ‘Socceroos’ en el Mundial, esta mañana se ha producido una de las imágenes más lamentables de la historia de la A-League.

Este sábado nos hemos levantado con una imagen que va a quedar marcada para siempre en la memoria de todos los seguidores del soccer australiano. Se estaba disputando el derbi de Melbourne (Melbourne City vs Melbourne Victory) y en el minuto 20, con 1-0 en el marcador, el lado más irracional de los fans ha hecho acto de presencia.

Un grupo de aficionados del Melbourne Victory, muchas veces polémicos, han decidido lanzar bengalas al campo. Una de ellas ha aterrizado en las proximidades de Tom Glover, el portero de Melbourne City, y éste la ha devuelto hacia la grada. Esto ha provocado el cabreo de los más radicales, que han invadido el terreno de juego. Tom Glover ha recibido un impacto en la cara de un objeto contundente, lanzado por alguno de los hinchas, que le ha producido una brecha en la zona de la mejilla.

Tras esto, los jugadores de ambos conjuntos -entre ellos Nani, que ahora juega en el Victory, al igual que los españoles Rai Marchan y Kike Cadete– han abandonado rápidamente el verde, resguardándose en los vestuarios y el partido se ha parado. Unos largos minutos de deliberación después, se ha decidido suspender definitivamente el encuentro, alegando la poca seguridad a la que los futbolistas estaban expuestos si se reanudaba.

Obviamente, todo esto no ha sido fortuito. Hay una explicación detrás. Esta misma semana, la APL (Australian Porfessional Leagues), institución que organiza la liga masculina, femenina y juvenil de Australia, tomó una decisión que absolutamente nadie respaldó. Ni aficionados, ni jugadores, ni periodistas, ni siquiera algunos clubes.

El formato liguero australiano incluye unos playoffs para definir al campeón después de la temporada regular. Hasta ahora, la Grand Final se disputaba en el estadio del equipo mejor clasificado de los dos que llegan a la final. Es una regla tradicional del país que acompaña al precepto general australiano de que el fútbol, así como el deporte, es de los aficionados.

Sin embargo, saltaba la polémica a principios de esta semana cuando la APL anunciaba que, tras un acuerdo económico alcanzado con el gobierno de Nueva Gales del Sur, las Grand Finals de los próximos tres años se iban a disputar todas en Sydney, independientemente de los finalistas. Una decisión que atenta, entienden los australianos, contra los aficionados.

A raíz de ello, pues, se decidió que, para mostrar su descontento, en el minuto 20 los espectadores iban a abandonar y vaciar las gradas de casi todos los estadios donde se disputan encuentros en esta jornada. Así ha ocurrido en otros partidos previos al derbi de Melbourne y en ninguno de ellos se han producido imágenes como la del AAMI Park.

Los aficionados de Melbourne Victory han querido ir más allá y, en lugar de abandonar el estadio, han saltado al campo y han llevado a cabo esas acciones violentas que no han hecho más que perjudicar a todos los particulares que se han manifestado en contra de la decisión de la APL.

Las instituciones futbolísticas australianas llevan años peleando por popularizar el fútbol en el país oceánico. Se han tomado diversas decisiones para propulsar su mediatización, aunque siempre poniendo al aficionado por encima de todo. De hecho, tras el sublime papel de los ‘Socceroos’ en el Mundial, todo parecía ir hacia arriba. Se llenaron plazas de Melbourne y de Sydney para ver los partidos y celebrar los triunfos. Y, ahora, de repente, esto. Un diciembre bipolar en Australia.

Cuando Garang Kuol a punto estuvo de batir al ‘Dibu’ en los octavos de la Copa del Mundo en la última acción del partido y llevarlo a la prórroga, el soccer australiano estaba en uno de sus puntos más álgidos. Se estaba consiguiendo lo que llevaba años peleándose. Lo que ha ocurrido hoy, sin embargo, no hará más que producir el efecto contrario y dañar la imagen del fútbol de los canguros.

 

Imagen principal vía: Twitter @ajwisem

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Iker Silvosa Cruz

Graduado en periodismo. Contador de historias. Tratando de poner la lupa en lo desconocido.

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