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Diario de unos JJOO: «Todos fuimos Rafa y Carolina»

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Artículo de opinión sobre las sensaciones experimentadas en la inauguración de los JJOO de Tokio

La sociedad española ha sufrido unos cambios idóneos para que no la conozca ni la madre que la parió a lo largo de las últimas décadas. Mientras que el turismo incentivaba el desarrollo económico del territorio ibérico, la segmentación estaba totalmente definida a la hora de establecer la relación entre sexos. Los hombres frecuentaban mayoritariamente en los bares si pretendían tener calor humano y las mujeres hacían lo propio en la peluquería.

Años más tardes, no es de extrañar encontrar a mujeres sonriendo sin cesar y saboreando el bebé de los mayores, la cerveza, mientras sus parejas pueden estar en el peluquero comentando la última hora del Real Madrid. Personalmente, soy testigo de ello, ya que comenté con mi peluquero de confianza la posibilidad de que Rafa Nadal sucediera a Florentino Pérez en la presidencia del Real Madrid en un futuro lejano.

Por otro lado, muchas chicas no han dejado de recalcarme el mérito de Carolina Marín en remar a contracorriente en un deporte minoritario como el bádminton tremendamente monopolizado por Asia y, sabiendo, que pueda haber tentación de usar un doble rasero a la hora de tratarla por ser mujer.

Competitividad independiente del sexo

Sinceramente, la paridad en la delegación española de cara a los JJOO de Tokio nunca fue merecedora de protesta, ya que la igualdad de oportunidades para acceder a las becas y a las marcas siempre ha existido. Aunque uno no puede bajar la guardia en ciertos aspectos como valores cavernícolas en ciertas familias hacia la educación a través del deporte o patadas en el culo cuando una mujer queda embarazada durante su etapa de deportista de élite, uno puede sentir satisfecho de que el esfuerzo haya sido recompensado en el deporte.

Rafael Nadal y Carolina Marín son dos ejemplos a seguir, sobre todo por su capacidad de disputar cada punto de partido como si le fuera la vida en ello. Desafortunadamente, sus lesiones le apartaron de la cita nipona, pero la mentalidad samurái compartida por ambos quedaron como un seguro de vida para que los libros de Historia siguieran copando sus hazañas.

Aguante y resiliencia en momentos complicados

La palabra rendirse siempre fue considerada como prohibida por parte de ambos, al igual que Naomi Osaka, persona elegida para encender el pebetero olímpico de los JJOO de Tokio 2020. El destino fue tan caprichoso que la afortunada en protagonizar el momento cumbre de la inauguración fue elegida para representar a Japón en un deporte de raqueta como el tenis. Además, sufrió un calvario de lesiones durante los meses negros del virus, pero su ímpetu no le impidió ganar el Abierto de EEUU y el Open de Australia.

Caer y levantarse, un verbo sustantivado, una conjunción copulativa y otro verbo reflexivo componen un eslogan idóneo para representar a los aros olímpicos aparecidos en la inauguración y, por supuesto, el carácter compartido por Rafa, Carolina y Naomi. Además, ¿por qué no decirlo?, también son dos valores primordiales para muchos integrantes del equipo olímpico español?

Ejemplares abanderados

Nadie es elegido abanderado de una bandera enriquecedora de Historia y amor hacia una tierra como fruto del azar. Mireia Belmonte y Saúl Craviotto representan el dicho caer y levantarse, o mejor dicho, las 3 C de las que tanto habló un profesor universitario en su último curso como docente: cabeza, corazón y coraje. Nos lo inculcó a su última clase, de la que yo formaba parte.

Tanto Mireia como Saúl fueron testigos de la recompensa otorgada por el trabajo duro en forma de victoria contra molinos de viento. La nadadora catalana necesitó bracear en exceso para otorgarle un mayor impacto a la natación en España, llevando a atraer marcas y a pegarnos al televisor cuando se tiraba al agua a buscar medallas.

Rejuvenecimiento a través del deporte

Por otro lado, el piragüista se perfiló como el ejemplo del currante incansable capaz de honorar la fuerza del trabajo en diferentes ámbitos. Policía nacional, piragüista olímpico profesional e incluso ganador de MasterChef Celebrity dejaron al ilerdense como un mozo con tierras apetecible hasta para personas que suelen tener prejuicios hacia los demás por la edad. Abanderó a la delegación con 37 años, pero con la vitalidad de un veinteañero capaz de emocionar a su corazón en cada tarea propuesta.

Pero si hablamos de veteranos capaces de intensificar su juventud cumpliendo sueños y no años, la lista es digna de honor. El legendario Jesús Ángel García Bragado estiró su carrera de marchador hasta los 52 con la idea de disputar otros JJOO más, al igual que un Alejandro Valverde a sus 41 plácidamente «tranquilos» por haber conseguido el deseado oro en octubre de 2018. Las comillas de la tranquilidad son muy relativas para unos deportistas adictos a la competición, como un Pau Gasol que no le importó jugar una media temporada exprés en el F.C. Barcelona para afrontar su último oportunidad para conseguir el oro olímpico.

Resistencia por encima de fugacidad

Todos ellos son modelos merecedores del respeto de caballeros como Amadís de Gaula en la Edad Media o Zeus en la Grecia Antigua para nuevos modelos de éxito deportivo y social. Pedri es uno de ellos, como gran parte de gimnastas conocedores de una carrera deportiva programada para ser fugaz. Pero para promesa fugaz teníamos a una Adriana Cerezo que dio la primera alegría de la jornada asegurando la primera medalla para la delegación española.

Veteranos y noveles, daba igual la identidad, la raza, el deporte y, sobre todo, la edad para disfrutar del merecido triunfo de estar en una inauguración agridulce por la falta de público, pero emotiva por unir corazones desde la distancia.

Imagen principal vía: @COE_es

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