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Diario de unos JJOO: «musa literaria amante de la discreción»

@ACerezoPodium
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Artículo de opinión sobre la influencia literaria de la primera medallista española en Tokio

Un seco golpe en la mesa resonó sobre la mesa de mi habitación cuando mi amigo Dani me mandó un Whatsapp para confirmarme que Adriana Cerezo debía conformarse con la plata tras haber tenido el oro siete segundos antes del final. Mi brazo se sintió dolorido por haber recibido la vacuna horas antes y porque la española había rozado el oro con la puntita de los dedos.

Pero al igual que me ocurrió con la eliminación de la selección española ante Italia en semifinales, sentí un gran orgullo por el trabajo realizado por parte de la jovencísima deportista de Alcalá de Henares. En menos de dos meses, pasó de realizar la prueba de acceso a la Universidad a cumplir el sueño de ir a unos JJOO y pasar por ello con casi toda la gloria del mundo en un deporte dominado mayoritariamente por mentes orientales.

Su precocidad me causó tanta admiración cómo un sentimiento de vejez totalmente inmerecido para un chaval de apenas 23 años de edad. La parienta nacida en el mismo año que servidor sintió lo mismo, sobre todo ella que hizo Natación durante sus primeros años de vida, y acabó dejando por la insensibilidad de cierto monitor deportivo obsesionado por gritar a benjamines como si estuvieran jugando la final de la Copa del Mundo.

Si muchos hubieran tenido la mentalidad de Adriana

Lo primero que puede pensar uno de primeras es que su capacidad de aguante no estaba suficientemente fortalecida como para aguantar la presión a nivel de vida. Fijaos si soporta bien la presión que me propuso compaginar docencia con escritura al máximo nivel, e incluso dejar entreabierta la puerta de volver a ponerme las zapatillas para competir. Pero una cosa es mirar de frente a la presión comparándola como una criatura mitológica, pero una muy distinta es saber que uno está entrando en una espiral de acoso en la que conviene huir.

Quizás el deporte no era su vocación y sus tripas no le pedían seguir soportando heroicamente la inutilidad de pedagogías energúmenas. ¿Quién sabe si hubiese tomado una decisión idéntica en caso de haber tenido el apoyo de Adriana Cerezo por parte de su abuelo? Nunca lo sabré, a no ser que termine haciendo una novela inspirada en ella, pero alterando los acontecimientos de su vida.

Sin duda, si esta posibilidad de novela termina viendo la luz en el mercado en forma de libros, mangas o animes, su final supondría la aparición de una Mireia Belmonte capaz de dotar de belleza cada brazada con el genio mostrado de Adriana Cerezo tras haber avanzado hasta la final. Su vamos plagiado a Rafa Nadal al confirmarse como la primera medallista olímpica de España delató su carácter ganador. Además, aunque le sobraron cinco segundos al combate para haber sido proclamada como oro, fue aplaudida y vitoreada por la medalla de plata.

Aclamada en su entorno

Los gritos de los habitantes de su lugar de origen retrataron la pasión de todo un pueblo hacia un héroe local. Cerré los ojos y pensé: no estaría mal crear una novela inspirada en mi moza como nadadora. Seguramente tendría un capítulo similar al de Adriana en Tokio, pero contando cómo un mentor le mostraría su amor hacia un deporte introduciendo la esencia del mismo en su carácter.

Podría ser un abuelo, como un padre o una prima, pero alguien capaz de apostar por esa persona en todos los sentidos, y recordándole que la vida ofrece más placeres para autorrealizarte alejado del deporte, como me puede ocurrir a mi alejado de mis teclas. Ella se decantó por la bioquímica, demostrando su intención de seguir viviendo como deportista de élite, pero con la cotidianeidad de alguien alejado de espacios multitudinarios. No es de extrañar que se sorprendiera al enterarse de que su nombre fue trending topic en Twitter.

Imagen principal vía: @ACerezoPodium

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