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Diario de unos JJOO: «la ilusión de un niño»

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Primer capítulo de la aventura olímpica programada para Japón en el verano de la vacunación.

Todavía me encontraba ordenando los capítulos de mi Diario de una Eurocopa y, sobre todo, asimilando todas las emociones vividas del mes de torneo, pero la vorágine de acontecimientos deportivos no me impedía descansar en mi labor de escritura. Por si fuera poco, el evento en cuestión eran los JJOO de Tokio que deberían haberse celebrado en 2020 si un virus odiado por la humanidad no hubiera arrugado nuestras vidas.

No debemos olvidar que son las olimpiadas más esperadas y tenían lugar en Tokio, territorio asiático tan nostálgico y deseado por mi parte. Ojo, confirmo que no he viajado a ningún país asiático durante los 23 primeros años de mi vida, pero siento que eventos deportivos acontecidos en Oriente son responsables de mi amor hacia el deporte.

Para empezar, ¿Cuántas personas nacidas entre los años 80 y 90 no entienden su infancia sin pasarse las horas muertas viendo One Piece, Oliver y Benji o Dragon Ball mientras jugaba a Pokémon en las Game Boys? En mi caso, cada vez que me pongo la Nintendo 3DS a jugar al Pokémon Rubí Omega siento que vuelvo a ser niño, al igual que mi familia elegida tiene el mismo sentimiento cuando mata el tiempo viendo Inazuma Eleven.

Mi infancia a través de Asia

Dicha percepción basada en viajar en el tiempo se incrementa cuando la selección española de baloncesto se concentra cada verano a jugar un determinado torneo. Eso sí, como el torneo tenga lugar en Asia y sea olímpico, termina juntándose el pan con las ganas de comer.

Los primeros JJOO que vi en mi vida fueron los celebrados en Pekín allá por 2008 y, además, conocí el potencial humano de la ÑBA  viéndoles ganar su primer Mundial. El destino quiso que ocurriese en Saitama durante un verano de 2006 y metiese en mi mochila un motivo más para sentirme orgullo de mi país. Por si fuera poco, el equipo español de baloncesto recuperó el trono siendo Campeona del Mundo en China a finales de verano de 2019.

Sin duda, el destino quiso ponerme en bandeja todos los ingredientes para escribir mi propio cuento, o más bien anime. Suena genial, como tener sueños complicados de contar por la vergüenza después de haber estado la noche anterior hablando con mis amigos de temas picantes. Me dice la moza que me va tener conversaciones candentes y lleva más razón que Florentino Pérez sintiendo rechazo absoluto hacia el Periodismo made in Tomás Roncero. 

Dios los junta y Dios los cría

En la misma medida, mi excitación hacia tanto deporte es total. Mi amigo Dani me lo deja claro cuando no dejo de criticar su enferma adicción al Atlético de Madrid, NFL, NHL o MLB, entre otros deportes. Lleva toda la razón, y por eso precisamente dejo aparcada la idea de meterme animes de deportes entre pecho y espalda, recomendados precisamente por él. No quiero dedicarme a emplear mi ocio en ello, ya que me considero un escritor que prefiero tener mi propia voz contando lo sucedido día a día, tal y como hacen los cronistas o historiadores, muchos de ellos originados de la «carrera hobby» de Geografía e Historia.

Por tanto, tocaba ponerse el mono de trabajo en el encuentro amistoso disputado entre España y Japón. Iba a tener lugar en Kobe, lugar en el que Andrés Iniesta optó por pasar sus últimos años de fútbol tras casi toda una vida en el F.C. Barcelona. Él precisamente es la persona en la que muchos deportistas españoles se miran para protagonizar su propia aventura de anime en Tokio, ya que su procedencia de La Mancha rural, trabajo en silencio y la aparente sencillez mostrada de cara a los compañeros y a la prensa son considerados como ejemplo a seguir.

El sueño como principal fuente de energía

Esas características aparecieron en una lista de convocados de la selección española de fútbol olímpica realizada por parte de Luis De la Fuente. Después de haberse certificado la eliminación de España en las semifinales de la Eurocopa, Jordi Alba confesó que el grupo generado en la concentración del mes de junio fue espectacular. Afortunadamente, Luis llamó a muchos de esos componentes debido a la juventud cosechada.

Los Unai Simón, Pedri, Eric García, Pau Torres, Dani Olmo o Mikel Oyarzábal son ejemplos de jugadores afortunados en repetir convocatoria y, en consecuencia, quedarse sin vacaciones. El escritor que quiere tratar la actualidad futbolera como un anime que va aconteciendo día tras día sin poder escribir tu mismo el propio final considera la pérdida del descanso post Eurocopa como una bendición.

Las mariposas llegan al estómago y uno fantasea que tras haber perdido en la cima ante Italia, puedan volver a casa con el oro olímpico colgado. No obstante, ocurra lo que ocurra, siempre hay un inicio ilusionante en el que la actitud es mostrada por el equipo protagonista, pero hay facetas a mejorar ante un rival que es el reflejo de la enorme competitividad del torneo. Ocurrió con el Raimon, el Inazuma Japón y cualquier equipo deportivo creado como fruto de la ficción, al igual que con la selección española.

Realidad calcada a la ficción

El inicio fue un empate a uno entre la selección española y el anfitrión, Japón, fue un deja vú de lo visto en la Eurocopa por parte del equipo español. No era para menos, ya que el plantel era similar, lo que aumentaba las posibilidades de ver a un equipo unido sin egos, controlando el balón, concentrado en presión tras pérdida, no renunciando al ataque, pero con dificultades para perforar la portería.

Aunque el gol del empate lo puso Carlos Soler, la manija la llevó Pedri, que es precisamente el reflejo del relevo generacional sobre la picardía y los malabares de sus botas con el balón. Sus 19 años quedaron asemejados al reflejo del niño tremendamente ilusionado encarnado en Ricky Rubio en 2008. Sus historias permiten describir a personas que han pasado de ver por televisión victorias de héroes de nuestra madre patria, o matria porque toca respetar la neolengua metafísica promovida por Yolanda Díaz, a ser los protagonistas de los JJOO.

Sin duda, es el triunfo de la ilusión que es el principal punto de partida para encontrar la consecución de hazañas extraordinarias. Pero claro, este sentimiento no solamente puede extrapolarse a deportes muy mediáticos como fútbol y baloncesto, también a una multitud de disciplinas deportivas. Quizás ahí tenemos la clave para que tenga interés el hecho de correr hacia un punto o meter la pelota en un sitio determinado. 

Imagen principal vía: @SeFutbol.

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