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Diario de unos JJOO: «Ganar independientemente de la condición»

@TomDaley1994
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Artículo de opinión sobre el peso de la sexualidad en la trayectoria de un deportista de élite

El saltador de trampolín británico Tom Daley se proclamó campeón olímpico en Tokio en un deporte poco seguido por las masas, más pendientes de otras competiciones como la NBA, NFL, LaLiga, Fórmula 1 o MotoGP. Sin embargo, el nombre de este campeón resonó en todo el mundo, y no solamente por el éxito cosechado.

Una vez conseguido su propósito deportivo, comunicó a todo el mundo que era gay y campeón olímpico. Cualquier persona negacionista de toda xenofobia se preguntaría: bueno, ¿y qué, acaso Maialen tiene que decir medallista y heterosexual? Pues la verdad es que no, el rendimiento debe mandar por encima de la raza, la condición sexual y nacionalidad, salvo que compartas país y el sentimiento patriótico lleve a exaltarte en mayor medida cuando el éxito engrandece tu cultura.

Desafortunadamente, la homosexualidad de Daley acabó teniendo mayor importancia que los mecanismos llevados a cabo para conseguir dicho triunfo, al igual que Maialen y su plata porque le tocó romper muchos techos de cristal. Ojo, soy la primera persona en ver el deporte más allá de juego en el que hay que meter la pelota en un determinado lugar, pero otra muy distinta es que una condición sexual tenga mayor peso que el propio éxito cosechado.

El daño ya está hecho

Guste o no, la homosexualidad acaba teniendo su protagonismo en determinados éxitos debido a la presencia de una homofobia injusta a lo largo de la Historia. Por tanto, no cabe duda de que hay que ser valiente para competir en disciplinas deportivas excesivamente castigadas por mentes neandertales y llegar a la cima mientras que una cantidad indefinida de espinas no dejan de perforar heridas al alma.

Thomas sufrió todas esas heridas desde pequeño cuando notó que no encajaba y, aunque su salida del armario allá por 2013 coincidió con un ligero reasfaltado para la naturalización de la homosexualidad,  el corazón ya tenía una dolencia crónica. La tristeza de esta situación se encuentra cuando ni tan siquiera una familia aparentemente feliz por la que mostró orgullo públicamente tras haber obtenido su oro le hizo destacar una faceta personal considerada como digna de prejuicios para los demás.

No obstante, y por fortuna, la naturalización de la diversidad sexual adquirió un peso importante a finales de la década de los años 2010, lo que lleva a hacernos entrever un cierre de heridas muy necesario ante tantos casos de homofobia silenciados. Puede resultar una victoria, pero simplemente habría que tomar nota de una sociedad capaz de aprender paulatinamente a cumplir uno de los principales valores del deporte, el respeto a la diversidad. 

Imagen principal vía: @TomDaley1994

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