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Diario de una Eurocopa: viva la Sociología

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Reportaje sobre la influencia social del fútbol a lo largo de la Eurocopa.

La Sociología se define como «la ciencia social encargada del estudio del análisis científico de la sociedad humana o población regional». Según un compañero de cenas y de salidas en fines de semana, nuestra incertidumbre e ida del mundo real al centrarnos exclusivamente en el partido de la selección española es de objeto de estudio sociológico.

Siendo honestos, el muchacho tenía toda la razón del mundo. Mi grupo de amigos siempre se había caracterizado por una heterogeneidad de caracteres, gustos y aficiones. Lejos de considerarse un hándicap, lo habíamos convertido en nuestra mejor virtud, ya que nos permitían darle a la sin hueso ininterrumpidamente en cada una de las quedadas. Incluso los futboleros no teníamos inconveniente alguno en perdernos un evento deportivo con tal de pasar un rato placentero con nuestras amistades.

Sociología, Economía y sentimientos

Pero claro, siempre hay excepciones y una de ellas es cuando la selección española tiene una cita con la Historia. El partido contra Polonia era una de ellas que, sobre todo, servidor, deseaba enormemente. Según mi compañero de batallas de bar, colchonero y antimadridista como él solo, mi incertidumbre era similar a la suya cuando jugaba su Atlético de Madrid. Ante tal ansias por la llegada del encuentro de turno, mi amigo comenzó a realizar su estudio sociológico con una sencilla pregunta: ¿a ti te da de comer?

No le dije ni si ni no, aunque en el fondo fuese una afirmación rotunda. Quizás no ganase ningún plus por la victoria del combinado nacional como mucha gente trabajadora de la Federación española, pero estos artículos son objeto de venta en forma de libro. De esta forma, «Diario de una Eurocopa» se gesta sabiendo que sus ingresos son más ricos si España es campeona que si cae en una fase que cause decepción para su afición.

Parte de mis amigos eran conscientes que veían conmigo los encuentros sabiendo que tenía preparada el anzuelo para pescar historias que contar. Incluso uno de ellos tuvo que pedir un deseo. Pidió que tuviese un nivel de ventas considerado en mi primer libro, cosa que le honra a pesar de haberme conocido de pocos meses.

Amistades peligrosas

Por muy corto que sea el tiempo con el que convives con una persona, si la afinidad existe y, para más inri, en un contexto definido, el buen trato está servido. Quizás por ello me echaba miradas cómplices de apoyo, mientras que Laura, llamada «tía vinagre» por las malas lenguas, apoyaba férreamente mi emprendimiento literario. Su objetivo era contrarrestar el elitismo existente en el panorama intelectual de mi querido investigador sociológico.

A fin de cuentas, el muchacho permanecía con los ojos abiertos en pro de investigar nuestro comportamiento, tanto cuando salté efusivamente en el gol de Morata para terror de «tía vinagre». Deseaba de que se mantuvieran las formas en el restaurante de su madre. Dicho y hecho, tocaba controlar los instintos más primarios, pero la tensión persistía hasta el punto de que «no nos regaba el cerebro» o, en su defecto, tuviéramos nuestras fuerzas en concentrarnos en el partido de España.

Gente veleta al poder

Más bien había voces que pasaron de llamar Morrata al 7 de España a confiar la fe bañada en el sufrimiento de España para que desequilibrase el 1-1 materializado por Lewandowski. Gerard Moreno falló un penalti que me hizo absorber toda la rabia al haber visto cómo nos alejábamos del 2-1, mientras me tocaba al colega tardón que, para colmo, se mantuvo fiel a un discurso cambiante y resultadista. Si España gana, todo es perfecto, pero si empata o pierde, ya se empieza a catalogarla como vergüenza.

Tocaba darle voz a la coherencia y servidor pidió clemencia. Habiendo observado meticulosamente el encuentro, se percibió un juego ordenado y preciso en la presión tras pérdida, pero con la sensación de que faltaba un ápice de velocidad y sobraban ansias por el gol. Precisamente fue el gol que me llevó a escuchar repetidamente a lo largo de la cena la burla de Morrata, lo que me llevó a alegrarme al percatarme de que había anotado el gol de España y lo había celebrado efusivamente con Luis Enrique. 

¿Tiramos de estudios científicos?

Pero claro, por muy emotivo que nos resulte el arropamiento y la capacidad de lucha del delantero español, el gol privó al equipo español de sumar los tres puntos. La falta de puntería fue uno de los factores que desencadenaron el mal sabor de boca y, en medio de un coloquial debate, volvió el trabajo de campo sociológico. Soltó por su boca que meter el balón en la portería es una simpleza con la que no necesitas realizar hipótesis de física cuántica.

Quizás no necesitemos aprender a pies juntillas los estudios físicos de Stephen Hawking ni de Albert Einstein, pero no hace falta estar ciego para saber que las tácticas en deportes colectivos tienen grandes semejanzas con el Arte de la Guerra, tremendamente representado en el ajedrez. Las contradicciones duelen, sobre todo al saber que se pretende utilizar a los futboleros, o futbolerxs, como conejillos de indias en estudios de Sociología.

¿Seguro que vosotros no os embobáis tampoco?

Bien es cierto que la empanada mental apareció cuando el encuentro finalizó, sobre todo al pagar la cuenta. Sin embargo, ¿qué se puede decir de las personas que tanto critican al fútbol acaban mirando fijamente sin parpadear una interesante serie o película? ¿También les dan de comer directa o indirectamente? Lo hacen porque les apasiona y, si, es difícilmente factible comparar un séptimo arte representativo de la realidad con «personas dando patadas a un balón». Curiosamente, son personas que les encanta ver fragores de batallas y pueden emplear horas en juegos de estrategia como el Call of Duty y el Fortnite.

Es necesario destacar que muchos videojuegos de guerra te permiten conocer mejor la Historia, al igual que torneos de fútbol por la influencia de sus respectivos contextos. Por tanto, resulta entrañable ver como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, independientemente de la existencia del COVID-19, siente un sonoro rechazo hacia las pantallas gigantes que emitan a la selección española. Ella, estudiante de Filosofía y Letras, prefirió practicar el Arte de la guerra dando un motivo más para la lucha entre nacionalismos y, permitiendo ser ella la protagonista de la Historia con políticas dignas de «entretenimiento».

Mientras que la Sociología y la Política eran usadas con fines despectivos hacia un determinado tipo de ocio por el que sentía rechazo un grupo específico de personas, uno prefirió disfrutar del verdadero espectáculo. Aunque «no regase el cerebro» por la extrema concentración viendo a España, uno pudo disfrutar relajadamente del partidazo entre Portugal y Alemania.

Viva el fútbol

Los germanos se recuperaron del golpe sufrido ante la Campeona del Mundo habiendo derrotado a la considerada como defensora del título europeo. El vertiginoso fútbol característico del paso firme, pero tremendamente ensayado de la aviación alemana bombardeó a un equipo luso sin miedo a mirarle a los ojos al rival. Todos lo hicieron, desde un Rui Patricio salvador, un Pepe veterano, pero con la serenidad deseada y un Cristiano Ronaldo que no pierde el niño que lleva dentro para despegar un balón y rematar otro gol para su expediente, después de haber visto como su selección se había ido asentando.

Mientras unas selecciones se asentaron en el panorama futbolístico, otras tuvieron que tirar de corazón hasta que los cimientos comenzasen a ver la luz. Hungría sacó un épico empate ante la poderosa Francia a base de sudor en defensa y de aprovechar los golpes de suerte. El gol marcado al filo del descanso con su consecuente celebración si que es una imagen para la retina, tanto para sus amantes como para los que consideran al fútbol como la droga del siglo XXI. Habiendo presenciado este combate, solo me queda decir: viva la Sociología.

Imagen principal vía: @SeFutbol.

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