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Diario de una Eurocopa: «Va por ti, Raffaella»

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Último capítulo de este mes apasionante de una Eurocopa en el que Raffaela Carrà y la selección italiana comparten protagonismo.

Todos conservamos fechas inolvidables para nuestra historia como puede ser la de tu cumpleaños, el  aniversario con tu pareja o, desafortunadamente, la del fallecimiento de un ser querido. Los futboleros también tenemos marcada a fuego muchos otros días imposibles de olvidar, que son cuando nuestros equipos nos han otorgado las mayores alegrías y decepciones.

De este modo, cada 11 de julio acaba siendo un brindis por la primera estrella que cosechó España en Sudáfrica en el verano de 2010. Muchos habíamos deseado que se repitiera un nuevo éxito ese mismo día, pero de 2021, pero tocaría ver una final entre Inglaterra e Italia.

El partido lo vi con «tía vinagre», que fiel a sus ganas de fastidiar, no animaba al mismo rival que yo. Prefería a Inglaterra, ya que consideraba a los italianos como unos fulleros debido a sus cantidades de faltas realizadas en el partido ante España cuando veían que no podrían dominar el encuentro. Por el contrario, yo había percibido un fútbol atractivo y con ganas de dominar por parte de los italianos a lo largo del torneo y, por supuesto, quería que siguiera dominando el Sur costero en el torneo de la Eurocopa.

A mantener la hegemonía del Sur

Cabe recordar que Grecia fue campeona de Europa en 2004, España hizo lo propio en 2008 y 2012 y Portugal se llevó su primera Eurocopa en 2016. Ojalá lo pudiera hacer una Italia que comenzó a optar por el buen trato de balón, pero a veces usando sus sonrisas picaronas digna de la Mafia, que tan idolatradas y odiadas son a partes iguales.

Las tonterías y las carantoñas de Chiellini se acabaron cuando los ingleses pusieron el primer tanto del partido nada más haberse iniciado los 90 minutos reglamentarios. Los de Mancini necesitaron remar a contracorriente, demostrando que sabían practicar el fútbol coral de posesión y ritmo iniciado por la Naranja mecánica de Johann Cruyff. 

Los frutos llegaron con el gol del central Leonardo Bonucci para forzar la prórroga. En aquel momento, los trasalpinos tomaron el control del encuentro, provocando que más de miles de gargantas desearan el forzamiento de la tanda de penaltis. En aquel momento, me gané el apodo de chaquetero cuando le dije a la moza que quería que ganara Inglaterra.

Misma cultura, misma idea

¿A qué vino ese cambio de ideal? Tenía una teoría de «brujo» que decía lo siguiente: la selección que juega su segunda tanda de penaltis consecutiva, acaba sucumbiendo. Ocurrió con Suiza en cuartos y con la misma España en semifinales, por lo que percibía que Italia caería. Mi orgullo personal se anteponía al amor colectivo por el Mediterráneo y el Sur tan amado y representado en el Arte de Joan Manuel Serrat.

Parecía que ocurriría cuando Andrea Belotti falló el segundo penalti de la tanda para Italia y Harry Maguirre puso por delante a los ingleses. Pero llegó la chulería, el tonteo con dar los pasos a la hora de tirar el penalti y la enorme intuición de Donnarumma terminaron por dejar la Eurocopa en territorio italiano.

Una vez más, todo el pueblo italiano comenzó a aplaudir su afán de hacer homenaje a su palabra Renacimiento. Ya lo hicieron con la creación de la civilización romana, con la democratización del conocimiento representado en la figura de Leonardo Da Vinci y, por supuesto, en la Música.

Descasa contenta, Carrà

Es bien archisabida la gran sinfonía para mis oídos que causan las cuatro estaciones del compositor Antonio Vivaldi. Los diferentes ritmos y tonos de cada estación pueden llevarte a identificarlas con las diversas fases del juego ofrecido por la Italia campeona. Pero uno prefiere vincular este triunfo con la recién fallecida Raffaela Carrà, artista nacida italiana, pacida en España, pero muerta como ciudadana del mundo.

Al fin y al cabo, es toda una proeza incitar a que la gente decida venir al Sur para hacer el amor con quién quieras, te deje y, posteriormente, busques otro para enamorarte. Si lo extrapolamos al fútbol, merece felicitación que el menda, a pesar de haber optado de ver la Eurocopa como espectador imparcial tras haber visto caer a España en semifinal, tenga que rendirse a un juego adorado por los ojos.

Opté por «enamorarme» sin darme cuenta de la religión italiana, desde el himno, siguiendo por su juego, y si moza, también de las trampas. Ya sabes, uno de sus filósofos más importantes, Nicolás Maquiavelo, dijo que el fin justifica los medios, y si España ha optado por aburrirnos con el toma tu, los italianos optaron por la picaresca con aires de rudeza para finalizar el partido.

Disfrutando quiénes deberían haberlo disfrutado

Ambos países del Sur, pero capaces de ofrecer un gran fútbol y ojo, con un bloque sin «estrellitas» con el que un imperio de mentes superficiales e individualistas sintieron desprecio. Seguro que Johann Cruyff y Diego Armando Maradona brindaron desde el más allá al ver como en menos de 24 horas vieron triunfar el fútbol total y a Lionel Messi con su selección argentina en la Copa de América.

Incluso los amantes de la metafísica han llegado a imaginar como el holandés y el argentino vacilarían con un Michael Robinson que aceptaría con elegancia la derrota de su selección inglesa. Precisamente eso  fue lo que no hicieron unos subcampeones que se quitaron la medalla de segundo con un desprecio a la altura de mi enojo cuando escucho a una amiga mía frustrada porque ha tenido unas notas tan bajas, que como «castigo» la mandaron de auxiliar de conversación de español al entorno universitario de Estados Unidos.

En fin, con lo fácil que es feliz. Carrá necesitó hacer el amor en el Sur y expresarlo con su arte musical, mientras que yo he tenido la oportunidad de ser mucho más feliz en este mes de Eurocopa en el que me lo he pasado bomba a pesar de haber venido de situaciones difíciles. Gracias a Pau Donés por haberme enseñado a celebrar el hecho de estar vivo, tanto en la victoria como en la derrota. Es fácil hacerlo cuando te enamoras de una persona de la nobleza italiana que apuesta por ti, pero dice nooo como una niña pequeña cuando su selección gana gracias a sus «fullerías».

 

Imagen principal vía: @UEFAcom_es

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