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Diario de una Eurocopa: una vida congelada

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Ensayo sobre el susto sufrido por Christian Eriksen en pleno partido.

El inicio de la Eurocopa podría haber supuesto el pistoletazo de salida al gozo y disfrute de una de las fuentes de entretenimiento más prestigiosas de la sociedad occidental contemporánea, el fútbol. La sociedad lo necesitaba tras varios meses de angustia ante la bomba vírica que perpetró el COVID-19 en una entorno sensiblemente globalizado.

Pero 2021 se perfilaba como un año destinado a prolongar la vorágine de acontecimientos caóticos de un 2020 tan traumático para la población mundial. No era para menos, la década se inició con el asalto al Capitolio, el acecho del temporal Filomena en España, sobre todo en su capital, Madrid y una tercera ola que parecía interminable. Por si fuera poco, la Eurocopa no iba a permanecer ajena ante esta tanda de episodios traumáticos. Parecía que la tensión iba a reducirse en recurrentes casos de positivos por coronavirus de jugadores, pero el destino nos tenía preparada una sorpresa.

El amante del fútbol promedio se levantó en un caluroso 12 de junio deseoso de una tanda de tres partidos en un solo día. Los enfrentamientos no despertaban gran interés en una parte de la afición, deseosa de ver luchas entre las bolas calientes, pero uno ejerce como contador de historias, y siempre hay energía por captar. Por tanto, opté por ver la mayor cantidad de encuentros posible.

Historias en el lugar inesperado

Una vez habiendo visto el empate entre Gales y una Suiza que necesitó mayor acierto en el área, tocaba ver el duelo nórdico entre Dinamarca y Finlandia en amor y compañía. El hecho de ver un partido con tu pareja suele convertirse en un show porque se antepone las discrepancias de opiniones con saberes diferentes diferenciados por el componente pasional que la razón no entiende. Por el contrario, también está Dani, compañero de quedadas nocturnas y amante de la cultura nórdica, ponía un arduo empeño para que el raciocinio secuestrase al innato amor. Ganase quién ganase, estaría contento.

Desafortunadamente, ambas formas de ver el fútbol desaparecieron en la mayoría de los corazones de los espectadores al filo del descanso en el partido entre daneses y fineses. Unos lo presenciaron en directo, otros se percataron tiempo después. Yo pertenezco al segundo grupo, ya que después de haber finalizado una breve conversación, puse los ojos en el televisor y, acto seguido, visualicé a un grupo de personas tensas y concentradas formando un círculo. Posteriormente, mientras que mi cabeza comenzaba a maquinar posibles hipótesis, el temor llegó cuando escuché vagamente que alguien se había caído.

Incluso hubo personas que llegaron a pensar que aquella caída se trataba de una persona decidida a suicidarse en el mismísimo terreno de juego. No obstante, la persona afectada era uno de los centrocampistas más importantes del fútbol europeo, el danés Christian Eriksen, tendido en el terreno de juego y dejando helado a todo un planeta Tierra tremendamente globalizado.

Congelando corazones

El equipo médico demostró su labor aparentemente silenciosa, mientras que sus compañeros liderado por el capitán Simon Kjaer cuidaron meticulosamente su intimidad. Afortunadamente, el corazón acabó interpretando las señales del milagro de la vida para que se aferrara a la misma. Los corazones ajenos se congelaron y dejaron de palpitar a espera de unas noticias, que llegaron de la mano de una ética tremendamente cuestionable, «gracias a» una foto filtrada a todo el mundo.

El rostro de Eriksen denotaba protección de sus órganos vitales en un proceso de congelación del que comenzaba a salir el resto de mortales vivientes. Al fin y al cabo, fueron unos minutos interminables en los que los organismos congelaron sus actividades vitales para centrarse en el estado de forma de Christian. Los comunicados eran recibidos como agua de mayo, bueno, o más bien, como una bocanada de fuego que descongelase la vida en minutos.

Después de haber sufrido la incertidumbre porque se puso sobre la mesa la posibilidad de que el corazón de Eriksen pasaría de congelarse a derretirse para detenerse a cero. No obstante, el milagro de la vida acechó para que su cuerpo siguiera latiendo, circunstancia que hubiesen deseado tener personas como Antonio Puerta o Dani Jarque. 

Incógnitas a resolver

Tras haber respirado aliviadamente, llegó el momento de reflexionar sobre el peso del fútbol en la sociedad, ya que no se trata exclusivamente de 22 personas detrás de un balón. Episodios como el acaecido en el Dinamarca-Finlandia dejaron huella de los dilemas morales planteados en la industria futbolística.

¿Fue necesaria la publicación de la foto de Eriksen vivo en camilla mientras que sus compañeros protegían su intimidad? ¿Era imprescindible reanudar el partido conociendo el sofocón de los jugadores? y, por supuesto, ¿merece la pena especular sobre el episodio acaecido con titulares capcioso para ganar visitas? Son preguntas que cada uno debe hacerse en la reflexión, tal y cómo decidí hacer en este Diario de una Eurocopa.

Imagen principal vía: @landsholdet_es.

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